Escenario

"Somos una familia alocada que sale a la ruta a tocar"

Coki Debernardi celebra 20 años de canciones junto a su banda The Killer Burritos, hoy en la Sala de las Artes

Sábado 16 de Diciembre de 2017

Al frente de The Killer Burritos, el guitarrista y cantante Coki Debernardi afirma que sus canciones nunca suenan igual y que esta noche intentará resumir veinte años y cinco discos en dos horas, con músicos invitados.

   El tiempo pasa, las formaciones de la banda fueron cambiando y algunos de los lugares para tocar ya no están. Aun así, las canciones se fueron agrupando en discos y el empuje de Coki Debernardi al frente de este concepto musical que es Los Killer Burritos perduró, alentado por un público que lo tiene como referente de la escena del rock local. "La verdad no lo tengo muy en claro, no me acuerdo cómo empezamos ni cuándo, busqué algunas fechas y en 1997 tocamos en el recital de Madres de Plaza de Mayo", explicó Coki, que no es muy amante de los recordatorios. Sin embargo, esos veinte años se celebrarán esta noche a partir de las 23, en la Sala de las Artes (Suipacha y Guemes), para despedir un año más en los escenarios junto a Tito Barrera en batería, Eloy Quintana en bajo y coros, Marcos Prieto en teclados e Isidro Llonch en guitarras. Con la ausencia del guitarrista Franco Mascotti, habrá además músicos invitados que, en algún momento, formaron parte de la banda.

   Son difusos los primeros años de Los Killer Burritos, allá por los años noventa. Coki cuenta que la escena musical de entonces no es como la de hoy, repleta de músicos y archivo digital. "Es maravillosa la cantidad de bandas que hay en la actualidad, y con el acceso a la información uno puede recordar un montón de cosas; pudimos encontrar algo de los primeros shows por fotos o por afiches, recuerdo con mucho cariño tocando algunas fechas con Gonzalo Aloras, Diego Giordano y Lisandro Falcone, la época de Mortadela Rancia como backing band; la verdad que la banda tuvo un montón de integrantes, es imposible que recuerde a todos, incluso tocamos con músicos de Vilma Palma", explicó.

   Pero la historia comienza un poco antes, cuando se disolvía el grupo Punto G. Debernardi estaba en Buenos Aires y había armado un grupo llamado Patada de burro, con Sebastián Escofet y tenía muchas y valiosas composiciones. Luego regresó a Rosario y lo primero que tuvo fue el nombre. Y en paralelo con la formación de la banda, grabó el primer disco "Mi parrillada", editado por el sello Barca en 1998 y que incluye joyas como "Joselito". Rápidamente la banda comenzó a desarrollarse como concepto y proyecto musical más allá de sus integrantes, entre los que figuraban Fabián Gallardo y hasta Andrés Calamaro. "El tiempo era difuso, se me pasó volando, tengo en la memoria a Ricardo Vilaseca, a Carlos González... la verdad era una banda que yo no sabía si iba a poder mantener", explicó. En 2001 Coki viaja a España y al regresar graba "Un millón de dólares" en los estudios Circo Beat, junto con Emiliana Arias en batería y Julián Acuña en guitarras. Definido ya el estilo musical, un puñado de canciones rock y pop con una sonoridad muy rosarina, el mismo trío grabaría el simple "Perdida", en 2004. Años más tarde llegaría "No creamos nada", un EP de cinco originales versiones y en 2015 el lúdico y energético "Chico Dinamita Amor", que marcó un regreso más formal y definido de Los Killer Burritos a la escena musical. "Yo quería tocar, nunca dejé de tocar, quería tocar y mostrar mis canciones, porque era lo que tenía y lo que siempre había hecho", cuenta Coki y agrega: "Todo pasó rápido, no tomé conciencia de estos veinte años ni tampoco me interesa hacer un revisionismo histórico, íbamos grabando discos y se iban algunos músicos y otros venían, después tocamos muchos años como banda de Fito Paéz, esos años con Rodolfo significó tocar y vivir de la música, mantenerse como banda y como personas".

Sólo vale el presente. Esta noche Los Killer Burritos intentarán hacer un recorrido por toda esta historia, que es la de un grupo de músicos pero también la historia de una época de la ciudad. "¡De Space para abajo tocamos en todos lados! No he parado de tocar nunca. Hoy la situación es complicada porque Rosario no es un lugar muy amable para tocar. Buscamos los lugares donde las condiciones sean dignas y en las cuales se respeten las cosas que pedimos para que todo el mundo se sienta bien, cobrar, y hacer nuestro trabajo donde nos merecemos. Es difícil vivir de la música pero no me quejo ni lo cuestiono", dice Coki. Según el músico, Los Killer Burritos es una banda muy amorfa y cambiante, por lo que para este show nunca podría convocar a todos los que alguna vez tocaron.

"Es una banda que se estira, se achica y se transforma, es una cosa viva, es un concepto de banda que no tiene que ver con los integrantes, todo lo demás puede cambiar y pasar... salvo yo que canto. Nunca tocamos las canciones de la misma manera ni hicimos un show repetido. Vamos a tratar de resumir todo con ésta banda que está hoy tocando y que espero que siga mucho tiempo, es divina como todas las que formé parte. Me emociona la música de personas abiertas y generosas para compartir escenario y vida y tocar y andar por ahí".

   En realidad, Coki prefiere no recordar ni apuntar algo en especial de esta historia, reconoce que para él la anécdota está en el futuro, en el próximo show, en las canciones que vendrán.

"Somos una especie de familia alocada que siempre sale a la ruta a tocar, lo pasamos siempre bien y no tenemos dramas generales ni anécdotas porque vivimos en un estado de gracia permanente y de receptividad, tocar en esta banda es una anécdota en sí, formar parte de este delirio de banda de no tocar siempre las canciones de la misma manera. Vivimos muy felices en una sala de ensayo, arriba de una combi, comiendo un asado, pero prefiero no recordar nada. Hemos pasados cosas muy lindas, sería injusto elegir sólo una, tengo miedo de quedar como un agrandado, tendría mil para contar".


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