Escenario

"Somos exigentes y muy maníacas", afirman Las Taradas

La banda que rescata canciones olvidadas de los años 40 y 50 logró imponerse con su original estilo. Hoy actúan en la sala Lavardén.

Sábado 28 de Marzo de 2015

Seis años atrás, dos amigas que tocaban en la banda de rock La Cosa Mostra hicieron un chiste mientras miraban videos de The Andrew Sisters, un trío vocal femenino de los años 30. Dijeron que algún día querían formar un grupo así y que lo llamarían “Las Taradas”. Las chicas en cuestión eran Paula Maffia y Lucy Patané, y lo que en principio parecía una broma, un grupo para divertirse en los ratos libres, se convirtió en una de las bandas mas originales y con mayor proyección del circuito alternativo de los últimos años. Las Taradas sorprendieron con su look de orquestina de señoritas que rescata del olvido canciones de las décadas del 40 y 50, pasando por géneros tan diversos como el blues, el folk, el bolero, el swing, la canzoneta napolitana, la cumbia y las rancheras mexicanas. El combo formado por Maffia (voz, acordeón y ukelele), Patané (guitarra), Mel Muñiz (voz, kazoo y trompeta), Rosario Baeza (violín y voz), Nati Gavazzo (percusión), Lu Martínez (contrabajo) y Marcela Galván Alberti (clarinete y saxo soprano) editó en octubre de 2012 su primer disco, “Son y se hacen”, y a fines del año pasado confirmó su convocatoria actuando en teatros como el ND Ateneo y el Margarita Xirgu.

   Esta noche, a las 21.30, Las Taradas se presentarán en el teatro de la Plataforma Lavardén (Sarmiento y Mendoza) para repasar el material de su álbum debut y adelantar temas propios que formarán parte de su segundo disco. Como artista invitada actuará Sofía Vitola. En charla con Escenario, la cantante y multiinstrumentista Paula Maffia habló del particular estilo de Las Taradas (“abordamos una época, no un género”) y disparó contra los prejuicios masculinos: “Nos han dicho «tocan muy bien para ser mujeres». Es terrible”, aseguró.

   —¿Cómo se terminan relacionando con el bolero, el swing, el cha cha cha y las rancheras, todos géneros anteriores al rock?

   —Es algo que siempre nos atrajo mucho. Creemos que esos géneros contienen el germen del rock y del punk, no en su instrumentación ni en el discurso de sus letras, pero sí en su intensidad, en su búsqueda, en lo genuino y en lo dramático. Mi primera aproximación a esos géneros fue a través de los dibujitos animados más viejos. Veía a Bugs Bunny conduciendo una orquesta y ese sonido me generaba un frenesí muy intenso. Creo que el hot jazz fue lo primero que me llamó la atención.

   —En la mezcla de tantos géneros musicales, ¿no está el riesgo de perder identidad?

   —No, al contrario. Me parece que el género musical limita y encorseta. Si una tiene una identidad amplia no se siente cómoda dentro de un género. La gente que le rinde culto a los géneros se vuelve muy virtuosa en lo específico, pero pierde un poco de contacto con lo que los rodea. Los géneros musicales no se autosustentan. Además la música no puede dialogar sólo con la música, se tiene que nutrir con otras disciplinas, si no se gasta muy velozmente. No sé si algo puede durar más de cinco o seis años sin abrirse a otros géneros u otras disciplinas, me parece que se envicia de alguna manera. Por eso cuando estábamos con Lucy (Patané) en La Cosa Mostra tampoco nos ceñíamos a un género. Era una banda que hacía desde rock pesado hasta canzoneta napolitana, y todo eso dentro de una misma lógica. Con Las Taradas decidimos abordar no un género sino una época, con la libertad de tocar lo que querramos.

   —¿Hay alguna influencia puntual para la banda, grupos argentinos que hayan sido referencia?

   —La banda que más nos sirvió de referencia fue Los Machucambos, un trío vocal conformado por una cantante puertorriqueña, un guitarrista francés y un guitarrista italiano que vivió en la Argentina. Eran recopiladores y grandes músicos. Y a nivel local yo nunca dejo de resaltar a María Elena Walsh y a Oscar Alemán, que lamentablemente nunca tuvo el espacio que se merecía.

   —¿Tienen alguna conexión con lo que hacen Mimí Maura o Sergio Pángaro?

   —Bueno, Mimí no es argentina. Sergio y esas bandas de acá como Baccarat y Los Amados siempre nos han gustado. No sé si fueron una referencia, pero sí eran gente con la que queríamos trabajar. Pángaro participó de un clip nuestro y hemos compartido shows con él. Es un músico muy querido por nosotras.

   —El nombre Las Taradas es fuerte, porque generalmente es usado como un insulto, sobre todo para las mujeres. ¿Hay una segunda lectura detrás del nombre?

   —Sí. Buscamos reinterpretar un poquito ese “tarada” que te gritan cuando estás manejando (risas). En primer lugar hay un amor por la condición de taradas que enaltecemos: sí, nos consideramos taradas. Y también hay una reinterpretación sobre el pasado. Estoy pensando en las mujeres en los años 40 y 50, que tenían que hacer dialogar los pormenores del día a día, que no eran nada menores, como ocuparse de la familia, y encima encontrar el lugar para abordar lo público, que estaba completamente privado de sus vidas. Esas “taradas”, como muchos las llamaban, lo lograron. Hablando con mi abuela me di cuenta cómo ella o su madre lograron terminar una carrera universitaria mientras criaban a los hijos y se ocupaban de una casa. Y todo eso mientras algunos las veían como “taradas”.

   —A principios del año pasado la banda sufrió un duro golpe con la muerte de la clarinetista Carla Branchini, una de las integrantes originales. ¿Qué las ayudó a seguir?

   —Nosotras nunca consideramos parar, porque es algo que ella (Carla) decididamente no hubiera querido. Ella estuvo arriba del escenario hasta el último momento, y cuando estuvo internada nunca asumió que iba a haber un fin, siempre tuvo la esperanza de ponerse bien. Ella falleció en enero del año pasado, y todo el año estuvo teñido por su muerte, pero con un recuerdo muy hermoso y feliz de ella. Este recuerdo nos ayudó a no dudar, a seguir adelante, y a vincularnos más desde el amor y menos desde el conflicto.

   —¿Se tuvieron que topar con prejuicios o trabas por ser una banda exclusivamente de mujeres?

   —Me gusta cómo formulaste la pregunta, porque por lo general nos preguntan “¿por qué son una banda de mujeres?” (risas). Parece que nos cuestionan el hecho de haber elegido una formación sólo con mujeres. Incluso muchas mujeres me lo han preguntado. Yo suelo responder: “Si yo fuera parte de una banda donde somos siete hombres, ¿me harías la misma pregunta?”. Y ahí la charla tiene una vuelta de tuerca. Siempre tenemos que dar explicaciones de por qué somos sólo mujeres, y a esta altura ya nos hincha un poco que no sea natural que las mujeres se junten a tocar y que los hombres sí. Tenemos que defender nuestra elección, y no es una elección difícil como sea piensa. No es que es imposible encontrar una contrabajista o una percusionista. Para nosotras fue natural. Nos movimos siempre en un ámbito de mujeres y era una cuestión de levantar el teléfono y llamar a grandes músicas. No fue un casting dificultoso. El dream team que armamos en nuestra mente se cumplió. Sobre los prejuicios que preguntás, bueno... Al comienzo, cuando todavía no éramos conocidas, tuvimos que renegar con los sonidistas, que creen que si sos mujer ya tenés una discapacidad muy grave, que te hace idiota para las cuestiones técnicas. Y nosotras sabemos de sonido y de cómo suenan nuestros instrumentos, y algunas en un nivel avanzado. Entonces tener que lidiar con los sonidistas a veces es bastante pesado. En el día a día también surgen pequeñas cositas, como que te digan “tocan muy bien para ser mujeres”. Es como que te quieren hacer un halago pero en realidad están diciendo algo terrible.

   —Algunas cantantes y compositoras que he entrevistado me han dicho que a las mujeres en la industria de la música todo les cuesta el doble que a los hombres. ¿Ustedes también lo ven así?

   —Yo me acostumbré desde lo personal a moverme desde abajo. Y con mis compañeras siempre fuimos minas que laburamos muchísimo. La única vez que tuvimos como una suerte de envión fue cuando nos pasaron un tema en el programa “Guapas”. La gente me decía por mensaje “¿no te sentís increíble que pasaron una canción entera de tu banda por la tele?”. Pero yo no llevé el disco ahí. Me siento sorprendida y agradecida, pero no me siento reconfortada, porque no trabajé directamente para eso. Nuestro nivel de exigencia y de trabajo es tan grande que me parece que se traduce en esa sensación. No estamos especulando con que se nos devuelva algo, lo hacemos así porque no conocemos otra forma de hacer las cosas. No creo que las cosas nos cuesten el doble por ser mujeres, creo que las cosas nos cuestan porque somos muy exigentes y muy maníacas.

   —¿Están preparando un próximo disco?

   —Sí. Ayer estuvimos todo el día maquetando lo que va a ser nuestro próximo disco. Va a incluir reversiones y canciones que estamos revitalizando y rescatando del olvido, y también más composiciones nuestras. Nos gustaría editarlo en septiembre y presentarlo en noviembre. También vamos a estar girando por Brasil y Uruguay, y vamos a filmar un video. Todo eso nos va a tener muy ocupadas este año.

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