Escenario

Soledad: "Sigo siendo como una especie de niña en el escenario"

La cantante presenta este viernes su disco "vivir es hoy" en el Círculo. Entre otras cosas, Habla de La necesidad de ir más allá del folclore.

Domingo 21 de Junio de 2015

La Sole llega al diario para la nota y la empatía es inmediata. Charla un rato largo con el Pato Mauro, a quien conoce desde que debutó en Cosquín y se consagró como El Tifón de Arequito, se saca una selfie con periodistas de Economía y Región y a nadie le molesta que le digan cholulo, porque se trata de la intérprete más popular del recambio folclórico de los 90. Soledad presenta este viernes, a las 21.30, su nuevo disco "Vivir es hoy", en el teatro El Círculo. Quizá ahora no sea un tifón, pero admite que está "en constante ebullición", que sigue siendo "una niña en el escenario", y a la vez es una madraza de Antonia (5 años) y Regina (2 años). Pero quizá lo más importante es que esa inquietud se traduce en búsqueda, y lo refleja en una frase como: "Siento que tengo el deber de buscar qué otra cosa puedo dar"; o mejor: "No creo que pueda aportar al arte algo de mí yendo siempre a la fuente inagotable del folclore"; o bien: "Quiero hacer un aporte artístico, lo estamos buscando". Y el pase del singular al plural no es un error gramatical, es que Soledad trabaja en equipo, es ella y su circunstancia, con su madurez, su crecimiento íntimo, familiar y profesional. La Sole va a la búsqueda, y no está sola.

—¿Qué quedó del Tifón de Arequito?

—¡Uy!, yo creo que la inquietud de eso sigue estando, sigo siendo una persona que vive en constante movimiento, en constante ebullición. No sé si eso es bueno o es malo, pero así vivo. Y supongo que también a pesar de que pasen los años yo sigo siendo como una especie de niña arriba del escenario, por el hecho de cómo me comunico con la gente. Después, las canciones obviamente están en otros tempos, clickeadas, pero creo que gran parte de esa energía y de esa manera de sentir la cosa más allá del resultado sigue estando, no solamente en mí, en general en la banda.

—Con el tiempo y sobre todo en este disco se ve una Soledad cada vez más latina. ¿Dónde quedó el folclore?

—En el disco no se ve, pero en el vivo aparece mucho más. Lo que pasa es que no sé si descubrí un secreto, pero a mí me funciona, y es que soy una artista que me puedo ir mimetizando conforme al lugar donde voy. Mucha gente lo puede tomar a mal y decir que "no es la misma", pero bueno, yo soy esa. Me siento mucho más a gusto yendo a Jesús María y haciendo un espectáculo acorde al lugar o yendo al Festival de Chamamé y cantar todo chamamé, que si iría forzando las cosas.

—¿Pero qué pasa en lo estrictamente discográfico?

—Lo que me pasa en la parte discográfica es que tengo muchos discos de folclore, puramente folclóricos, es más, hay uno que hasta se llama "Folklore", y yo siento que es una fuente inagotable. Lo que no creo es que yo pueda aportarle al arte algo de mí yendo siempre a esa fuente inagotable, transformando esas canciones y traerlas a mi forma de ser. Siento que tengo por lo menos el deber de buscar en mí misma qué otra cosa puedo dar. No sé si está en mis canciones o en las que alguien escribe especialmente para mis proyectos, no lo sé, lo estoy buscando. Este es un disco que se asemeja bastante a lo que yo quiero ser, me gusta esa cosa de mezclar la actualidad, me divierte mucho, y es muy honesto decirle a la gente "esta soy yo hoy". Para mí el folclore va a estar siempre. De hecho tengo reservados algunos temas de folclore para cuando sienta que tenga otra maduración vocal.

—¿Te cambió un poco la mirada como intérprete a partir de la maternidad?

—Sí, primero porque la maternidad me hizo más mujer, descubrí cosas de la femeneidad que a lo mejor antes no las veía o no las tenía. Es que siempre me llevaba por delante todo, siempre fui así, muy atolondrada, y lo sigo siendo. Después, siento que soy mucho más clara con algunas cosas, y mucho más sensible también, y la parte de la interpretación en vivo me cambia mucho. Porque esa sensibilidad la llevo al escenario, yo la siento, me sucede cuando a mis hijas las tengo lejos y me paso mirando videos o escuchando audios. Pero disfruto mucho el escenario también con ellas lejos porque es como mi escape. Muchas mamás tienen hijos y se dedican a los hijos. A mí me cuentan en el pueblo, porque desde que nació Antonia vivo en Arequito, algunas mujeres que le dedicaron la vida a los hijos, que después cuando crecen se sienten perdidas. Y yo amo cantar, es mi vida cantar y lo que hago es compartir mucho con ellas, hay siempre un ida y vuelta. Yo me estoy maquillando y vienen al lado mío o me quitan los maquillajes, o estoy haciendo los ejercicios de canto y cantan lo mismo que yo, es como que me sacan del mundo del artista. Entonces al escenario entro mucho más pura, es como si me voy a otro mundo, ya no soy mamá ni nada, no sé que soy, pero me generan una necesidad mayor, es raro de explicarlo.

—¿Cómo se hace un disco con un abanico de estilos que abre con Santana, pasa por Carlos Vives, Teresa Parodi y Gianmarco, y termina con un tema de Leonard Cohen?

—Lo que pasa es que yo soy eso. Pienso los discos como un show y es donde yo los defiendo, sin que te parezca una locura, yo pienso que tiene que haber una variedad. Me gusta una entrada potente, ya que en el primer tema la gente siempre presta atención, entonces yo no necesito que el tema sea muy conocido. Desde hace años, el primer tema de un show es una canción inédita, mucho tiempo fue "Vivir es hoy". En los últimos años estoy muy enamorada de la música litoraleña, del chamamé, pero trato de ser mas federal, lo que pasa es que el chamamé es mucho más entendible para el resto del mundo que una zamba.

—¿Te considerás ya una cantante, sin rótulos?

— A mí me gusta la música en general, siento que es un desafío y me gusta cantar. Lo que me gusta sí o sí es que sea música popular, cuando me vienen con cosas no sé si decir raras, pero no me va, necesito que transmita, y yo descubro muchos artistas que son geniales en eso. Y , como dice el Puma (Rodríguez), si está la canción, si es buena, no reparás si es chacarera o zamba, manda la canción. Ojalá yo pueda ser tan inteligente como para encontrar canciones buenas.

—¿Cómo hiciste para no perder la esencia?

—En un disco es una cosa medio rara, se te complica, pero es lo que aprendí un poco de Lila (Downs) también, y ahí me dije ¿por qué hay otra gente que lo puede hacer y yo no?, ¿y por qué hay otra gente que le queda bien y a mí no? (risas). Lo que pasa es que, bueno, yo creo que hay que recorrer un camino, hay que conocerse más, hay que ser más honesto con uno, y a mí me faltaba eso.

—Con los años uno aprende a decir que no mucho más que antes.

—Sí, pero una cosa es decir que no a los 15 años y otra cosa es decir que no con 35. Ahora siento que tengo una autoridad que antes no tenía, antes hablaba otra persona por mí, no sé, es un proceso muy largo.

—¿Vos también tenés siempre la obligación de demostrar?

—Depende demostrar qué, ahora mucho menos, en una época pasaba todo por tener que demostrar que vendés discos, que vendés tickets, los primeros años de mi carrera fueron así, me pusieron la vara altísima y a mí después de eso todo me parecía poco. Hasta que empecé a encontrar el otro camino, que es el que yo decido ser cantante porque lo decido, porque vivo así, porque en mi casa vivo cantando. Y todo esto está buenísimo, y ojalá me siga ocurriendo de que la gente quiera comprar una entrada y quiera comprar el disco, pero estaría más bueno si además redoblo la apuesta y digo, bueno, quisiera hacer una aporte artístico musical, por lo menos intentarlo, y lo estamos buscando.

 

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