Escenario

Sobre las contradicciones simbólicas del choripán

Con Pablo Fossa en la dirección, "La comedia peronista" sube a escena en el teatro la morada.

Domingo 15 de Octubre de 2017

De cómo el peronismo sobrevivió a la Argentina o Todos (más que) unidos triunfaremos o Acerca de las contradicciones simbólicas del choripán son frases que podrían tranquilamente hacer de subtítulo de una obra que se ríe de la política y del movimiento nacional más representativo del campo popular. Así, a través de sus verdades y contradicciones, el peronismo sirve de catalizador de una sociedad siempre en crisis y de una propuesta teatral que no necesariamente está dirigida a los leales al General. Con esos condimentos, llena de guiños políticos, un texto ágil, una puesta de estética setentista, muy buenas actuaciones y siempre con invitados especiales, "La comedia peronista" continúa, bajo la dirección de Pablo Fossa y luego de su estreno en marzo, su temporada durante octubre y noviembre en el Teatro La Morada (San Martín 771).

El origen de la obra se remonta a una idea del director y dramaturgo Rody Bertol de 2015, antes del ballotage. Situación política que cambió con el resultado y desató otra feroz interna en el peronismo para suceder a Cristina Kirchner. Ante ese tumultuado panorama, Bertol y Fossa coincidieron en que el humor sería un excelente recurso para la reflexión.

Banderas. Papá y mamá viven un drama político-familiar: la nena es liberal y abandona las banderas de la soberanía política, la justicia social y la independencia económica. Pero hay más: mamá se acuesta con otro compañero, un peronista de Perón, mientras otra pareja de vecinos más joven se entromete en la cuestión, y en la cama también.

De atrás para adelante (en la historia del peronismo), Hugo Cardozo, Rodrigo Frías y Juan Nemiroysky representan a diferentes momentos del movimiento desde la ortodoxia pasando por el pejotismo y llegando a la transversalidad. Y mientras el primero hace honor a su experiencia y solidez, el segundo trabaja un personaje difícil por sus indefiniciones, y el tercero se luce en una faceta cómica que le sienta tan bien como la despeinada peluca incorporada recientemente. Entre ellos se perdonan todo (porque ¿somos o somos peronistas?, se justifican) y tienen siempre en la punta de la lengua la más ofensiva de las palabras de ese núcleo partidario: traición.

Las actrices, por su parte, aportan gracia y sensualidad, con una Natalia Trejo siempre holgada en su eficacia comunicativa, una Belén López Medina que juega, hilarante, con sus disonancias, y una Martina Liguori que aporta candidez al rol de la hija rebelde de la familia dueña de casa.

Así es como se compone una comedia de enredos con puertas que se abren y se cierran y llevan a la confusión generalizada. Es el exacto momento en el que el texto se luce para no solamente hacer reír (su objetivo final), sino también referir a situaciones políticas actuales, en las que se nombra, siempre con intenciones humorísticas, a reconocidísimos personajes de la política vernácula.

Campaña. La chillona estética de la puesta recuerda a los 70, años a los que se remite el imaginario del peronismo para graficar su plenitud movilizadora, con colores muy llamativos que conforman una unidad entre la escenografía y el vestuario a cargo de Florencia Martín.

Y si bien no estaba en planes, "La comedia peronista" se terminó incorporando a la campaña electoral que desembocará en las elecciones legislativas del domingo próximo debido al interés entre los políticos locales. La semana anterior se sumaron a la platea el diputado nacional Marcos Cleri, la concejala Norma López y la candidata a edil Alejandra Gómez; y este viernes hizo lo mismo el también postulante Roberto Sukerman. En tanto, los productores esperaban más visitas estelares, del peronismo y por qué no, tras los comicios, de otros sectores políticos, para las próximas funciones.

Concebida como una comedia de enredos, con el objetivo de reírse de todos y todas lxs compañerxs de antes y de ahora, visualmente llamativa y con un trabajado timing que mantiene constante la atención del espectador, con un elenco convencido de su lugar, con perlitas de la actualidad política local contemporánea, y accidentalmente inmersa en la campaña electoral, a lo mejor "La comedia peronista" no sea exactamente eso, ya que en su inspiración subyace el país del eterno desacuerdo, el mismo de la grieta, y un campo político que deberá inexorablemente replantearse sus aspiraciones y logros para que la tragedia argentina sea alguna vez una anécdota.

Porque como dijo el general Perón: "Siempre que llovió, paró". ¿Ah, no fue él? No importa, con tal de que el teatro rosarino mantenga sus compromisos sociales, que los políticos hagan su autocrítica, y que en la Argentina, de una vez por todas, pare de llover tristeza.

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