Escenario

Skay: "La música es un camino liberador"

En el imaginario colectivo, un rocker es aquel que vive de joda en joda haciendo música, posando para las fotos, haciendo de sí mismo y disfrutando de las mieles de la popularidad. Nada más alejado de la filosofía de vida de Skay, para quien el sociego es un tesoro que debe ser resguardado. Esta noche en Willie Dixon.

Sábado 13 de Diciembre de 2008

Así como alguna vez, hace mucho tiempo, el viejo Simms dijo que el Indio Solari es de esos tipos que te dan ganas de tener dignidad, Skay Beilinson es de esos que te dan ganas de pararte a pensar. De retraerse sobre uno mismo y esbozar una sonrisa. De esas que edifican amistades y al mismo tiempo te ponen contra la pared de una cultura refrita que le encanta generar anónimos consumidores. Al revés de este chabón que podría vivir tranquilamente del mito ricotero y se niega a rendirse ante la nostalgia. Por eso sigue imaginando riffs, esos que alguna vez nos hicieron redondos y que se renuevan constantemente. Los mismos que sonarán esta noche en Willie Dixon (Suipacha y Güemes) cuando, desde las 22, se presente con Los Seguidores de la diosa Kali para hacer sus tres discos solistas, presentar material del próximo —que saldrá el año que viene— y, claro, tocar algunos clásicos de Patricio Rey.

—¿Se viene el disco nuevo?

—Sí, estoy preparando un disco que lo sacaré seguramente a mediados del año que viene. Ya empecé la preproducción y ya tengo la mayoría de los temas bastante avanzados. Todo el día estoy jugando con la música y, cuando encuentro algo interesante, empieza el trabajo de componer. Cada tema me va guiando hacia dónde debo desarrollarlo.

—¿Seguís en la dirección mística de los últimos discos?

—Supongo que sí, no puedo ser muy exhaustivo con lo que hago.

—Como en el último disco había aparecido toda esa cuestión bíblica de Caín y su estigma...

—En realidad son disparadores para poder hablar un poco de lo que yo percibo de cómo es la realidad. Esta especie de cosa rara que somos la especie humana, una especie torturada y sufriente, capaz de ejercer las crueldades más grandes y que, al mismo tiempo, no deja de creer en la bondad y el amor. Todo eso es como el disparador de esta ecuación.

—¿Creés que somos conscientes de eso? Porque convengamos que allí hay un componente masoca difícil de asumir.

—Lo que pasa es que vivimos en una cultura que nos va embotando y aturdiendo. Una cultura tilinga que celebra las vanidades más grandes. Y en medio de todo ese ruido a veces cuesta encontrar. Pero cada tanto, cuando estamos sujetos a experiencias casi límites, aparecen las preguntas más profundas.

—Sobre todo porque cuando vivís al palo no te parás a pensar.

—En ese sentido creo que hay un acto de voluntad de poder hacerse un espacio donde puedan aparecer otro tipo de cosas, la creatividad, un espacio de libertad, un espacio para la experimentación. Si no te regalás ese tiempo, si no lo buscás, es muy difícil que lo encuentres en medio de este carnaval.

—¿Seguís "craneando situaciones fastas para el espíritu"?

—Sí, de alguna manera intento hacer cualquier cosa que haga que la experiencia de vivir valga realmente la pena. De eso se trata.

—¿Y para vos se trata de tocar la guitarra?

—Sin duda la música para mí es un camino liberador y de encuentro conmigo mismo. Y para poder acercarme al misterio.

—Y que otras cosas te acercan al misterio, ¿leés mucho?

—Soy de leer, pero en realidad varío mucho. Desde ficción a textos místicos, voy revolteando un poco por todos lados.

—¿Sigue en tu espíritu la idea de la experiencia de vida colectiva que hace que uno piense más en los otros que en las cosas?

—Ahá, sin duda.

—¿Sos consciente que vos congregás a esos espíritus?

—Creo que soy parte de un proceso donde no soy el único, somos varios que estamos trabajando en el mismo sentido. No estoy solo, somos un grupo y hay varios grupos de personas que están haciendo experiencias fastas.

—Te gustó eso de tocar en todo el país, ¿reconocieron en esos viajes el gérmen de ese espíritu?

—La experiencia de viajar es parte del vuelo que permite esto de hacer música. Este ha sido un año realmente muy interesante, hemos hecho recitales memorables, hemos viajado mucho por el interior, hemos hecho nuevos amigos y hemos tenido nuevos encuentros con viejos amigos. Y esto ha servido para afianzar en la banda un vínculo virtuoso.

—¿Te jode la demanda continua de los pibes con eso de "solo te pido que se vuelvan a juntar"?

—Me asombra cómo la gente se aferra al pasado y al aferrarse al pasado se pierde la oportunidad de vivir el presente. Lo veo como una especie de reclamo nostálgico, pero nadie cree que vuelva a suceder ese encuentro. Lo cantan como cantan un montón de cantos que están fuera del tiempo.

—Como "que se muera Cerati" y toda esa huevada...

—Exactamente. Ese tipo de cosas que son anacrónicas. Creo que lo cantan sin saber qué están diciendo. Es casi como una música con una letra que está fuera de moda.

—Venís seguido a Rosario, ¿le encontrás algo que te gusta?

—Rosario es una ciudad que me fascina. Es una ciudad que tiene muchos puntos en común con La Plata (de donde es originario). Hay una movida cultural muy interesante, hemos hecho muchos amigos ahí, te da gusto volver y tiene uno de los mejores lugares para hacer rock de la Argentina, que es el Dixon. Y donde además han pasado grandes músicos que han dejado su espíritu por ahí.

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