Escenario

Simone, Frida y Eva, fuera "del bronce y la estampita"

Ana Celentano interpreta a Eva Duarte en la obra que propone una reunión imaginaria entre tres figuras claves de la historia de la cultura

Sábado 07 de Marzo de 2020

"Ser ellas" plantea un encuentro imposible de tres de las mujeres más icónicas del siglo pasado: Simone de Beauvoir, Frida Kahlo y Eva Duarte de Perón en una charla sobre la política, la militancia, la sexualidad o la pareja, que en el caso de las tres resultaron hombres que también dejaron una huella indiscutible en la historia, como lo fueron el filósofo Jean Paul Sartre, el artista plástico Diego Rivera y el expresidente Juan Domingo Perón.

Los personajes históricos femeninos son interpretados por Anabel Cherubito, Fabiana García Lago y Ana Celentano, quien contó cómo es esta pieza de Erika Halvorsen dirigida por Adrián Blanco y que se presenta hoy, a las 21.30, en Plataforma Lavardén (Sarmiento y Mendoza).

—¿Qué temas en general atraviesa la obra?

—Básicamente lo que va sucediendo en la obra es ese encuentro imaginario en el que estas tres mujeres conversan sobre cómo vivieron la sexualidad, la pareja, el amor, la muerte, la política. Se hablan sobre algunos tramos de sus vidas y algunas elecciones que hicieron. Tiene una primera parte que tiene que ver con esos tres personajes y después tiene un quiebre a partir del cual aparecen las actrices que interpretan a estas tres mujeres y ahí aparece la posibilidad de sacarlas del bronce y de la estampita para empezar a pensar qué nos pasa a las mujeres de ahora con estos personajes.

—La obra se estrenó en 2014, antes de que aparezcan los movimientos Ni una menos o Me Too. ¿Cómo dialoga el texto con la actualidad?

—A nosotras nos sorprendió mucho porque el primer Ni una menos contra la violencia de género fue en 2015. A partir de eso el movimiento de mujeres cobró una significación que reavivó la obra y la resignificó porque en la obra se habla del aborto. Al principio era realmente fuerte. Justamente el personaje que hago habla de que se hizo un aborto y era muy fuerte. Hoy hay otro clima entre el público, dejó de ser un tema tabú para ser un tema de debate más allá de la posición que tenga cada uno. Después, sobre todo con Simone de Beuvoir, la gente salía de la sala con ganas de leer más sobre sus obras. Casi siempre hacemos debates después de la función y los primeros años era muy fuerte porque muchas mujeres y muchos varones se sentían compelidos a hablar de eso o si estas mujeres fueron lo que fueron por los hombres que tuvieron al lado o si esos hombres fueron lo que fueron por ellas.

—Vos interpretás a Eva. ¿Ella fue lo que fue por Perón o al revés?

—Creo que los dos se complementaron de una manera maravillosa, que ninguno hubiera sido lo que fue sin el otro, que el peronismo no hubiera tenido la trascendencia que tuvo sin esa figura de Eva porque no fue sólo su tarea en la Fundación y la dignidad que le dio a muchas personas sino por la relevancia política. Eva era la que se paraba frente a los sindicatos y negociaba con los dirigentes sindicales con una inteligencia natural para la política muy madurada por su relación con Perón. Creo que los dos tuvieron una relación dialéctica y creo que había un poco más de profundidad en esa relación más allá del rol que tenía cada uno.

—Teniendo en cuenta que Eva fue una persona controvertida para mucha gente y admirada por otra, ¿desde dónde partiste para interpretar esos extremos, además de caer en el estereotipo, o la estampita o el bronce, como lo llamaste?

—Laburé mucho desde lo que proponía la obra, que más allá de Evita en sí misma, está puesta en contradicción con lo que pensaban los otros dos personajes. Si bien Evita fue una persona fundamental para los derechos de la mujer, ella nunca se reivindicó feminista. A mi lo que me sirvió para laburarla tiene más que ver con una cuestión teatral de su cuerpo, su voz, su energía, porque todo está en el texto, que se van sacando chispas entre ellas de una manera poco solemne, se toman con mucho humor y ellas mismas se permiten reírse de los roles que ocuparon o comparten que están más allá de la vida, en una especie de limbo, ven en perspectiva cómo cada una va llevando adelante sus propias contradicciones. Simone de Beauvoir con sus críticas a la intelectualidad de la cual ella formaba parte; Frida Kahlo en relación a los surrealistas y Eva Perón en lo que significaba su propio rol de política, su ojeriza frente a los que venían del mismo palo y traicionaban o se mareaban en las alturas. Es una Evita que está en sus últimos días a punto de morir, con esa sensación del miedo a no ser recordada y al mismo tiempo sabiendo que había dejado un legado.

—¿Vos te definís feminista?

—Mi vieja es feminista, nos educaron a mí y a mi hermano en ese sentido. Yo me siento feminista, siento que formo parte de este nuevo movimiento que me parece alucinante y de un gran futuro. Por supuesto que tengo algunas críticas a algunas formas del feminismo, tengo coincidencias con otras feministas. Me gusta mucho como piensan Rita Segato. He leído unas cuantas y hay un tipo de feminismo que está atravesado por una postura política e ideológica que me parece muy importante que vaya junto a eso. Hay mucho para aprender, estamos en un momento de mucha efervescencia. No estoy de acuerdo con los escraches por ejemplo, pero sí tengo coincidencias en un montón de cosas.

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