Escenario

Silvio izó la bandera de la resistencia con canciones de amor y de revolución

El referente de la Trova Cubana actuó anoche ante un auditorio colmado en la ex Rural. La gente manifestó su disconformidad hacia el gobierno nacional.

Lunes 22 de Octubre de 2018

Silvio Rodríguez toma la guitarra como un fusil y dispara canciones de amor y revolución.

Después de la introducción de Sandra Corizzo, el músico más sensible de la Trova Cubana arrancó su recital con "Yo te quiero libre".

Y fue una declaración de principios. Por si hacía falta, ante un auditorio colmado de la ex Rural, adelantó que para el recital de Rosario había armado "un programa haciendo enfoque en los asuntos de la mujer, en los derechos de la mujer".

Ahí vino una ovación, la primera de las tantas de una noche sentida, emotiva, inolvidable, en la que a lo largo de más de dos horas transitaron una veintena de canciones de ayer, de hoy y de mañana.

La primera parte fue como para calentar motores. En un formato casi desenchufado, con tres guitarras acústicas, un contrabajo, flauta traversa, piano, batería y percusión brillaron "Tu soledad me abriga la garganta"; "La gaviota", la bella y breve "Jugábamos a Dios" y "Eva", que levantó aplausos y pañuelos verdes en el momento de "Eva deja de ser costilla".

Silvio Rodriguez


En la segunda parte, muy de a poquito, empezaron a asomar las más conocidas. A Silvio no le interesa hacer una remake de Silvio y Pablo en vivo en el 84. Y lo bien que hace. Porque pese a que su mensaje sigue en pie, la obra de un artista crece, se modifica y se resignifica.

Y así llegaron "El reparador de sueños"; "América", presentada irónicamente como la oda a una mujer que le gustaba "a todo el mundo" ; "De pronto la tatagua", en homenaje a "un bicho grande como una mano humana que siempre se lo ve en Cuba" . Después llegaría otro de los grandes momentos, quizá el de más empatía con la insatisfacción social. Sobre una base de chacarera sonó "La maza". Y la gente explotó en la parte de "si no creyera en los que luchan". Tras el último acorde, el estadio de pie, con celulares filmando, cantó a coro el insulto al presidente que ya es vox populi y luego el "vamos a volver".

Silvio no se subió a ningún carro, ni hizo panfleto de nada. Escuchó con respeto a su público, tomó su guitarra y lanzó "Te amaré". Y fue un golpe al corazón. Después iría mucho más allá con el tema que hizo a continuación "Oleo de una mujer con sombrero".

El público ya estaba entregado a un show memorable. Porque encima trascartón vendría "El necio" y fue imposible no lagrimear en la estrofa "yo me muero como viví".

El final estaba al caer. Y con él también arribarían los temas más icónicos de Silvio. Primero fue "Sueño con serpientes" y después "Ojalá".

Para el primer bis quedó "Noches sin fin y mar" y la eternamente bella "Pequeña serenata diurna", esa que dice "quiero que me perdonen por este día los muertos de mi felicidad". Parecía que estaba agradeciendo ese estado de gracia a toda la gente que, ya de pie, lo despedía en un abrazo imaginario.

"Viene la cosa" fue el tema de despedida. "En Cuba hay un cartel que dice prohibido hablar de la cosa". El canto de resistencia de allá y de acá volvían a darse la mano. Silvio pasó por Rosario, con su canciones de amor y de revolución. O de las dos cosas juntas, que no es lo mismo, pero es igual.

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario

script type="text/javascript"> window._taboola = window._taboola || []; _taboola.push({flush: true});