Escenario

"Siempre nos funcionó la honestidad brutal y despiadada"

Tabaré y Yamandú cardozo, los líderes de la murga uruguaya, hablan de “un día de julio”, que hoy presentan en el Astengo.

Sábado 10 de Octubre de 2015

Todo empezó como un juego, como empiezan muchas de las cosas más importantes de la vida. Ellos querían ser los mejores de la cuadra, allá por su Montevideo natal. Pero insistieron tanto que se subieron al podio. Y casi sin quererlo, como pidiendo permiso, se acomodaron entre las murgas más representativas y convocantes dentro y fuera del Uruguay. “Agarrate Catalina significa que algo va a suceder, y eso que va a suceder tiene que ver contigo, prepárate al respecto”, dijo Tabaré Cardozo. Junto a su hermano Yamandú son los autores ideológicos de Agarrate Catalina, la murga que hoy, a las 21, en Auditorio Fundación Astengo (Mitre 754), presenta “Un día de Julio”, el espectáculo más teatral de su carrera. Y ojo que se vienen con todo, agarrate Catalina.

   Con un mate en la mano y un termo bajo el brazo, como tenía que ser, Yamandú atiende a Escenario en el hall de un hotel de 3 de febrero y Entre ríos. Es martes al mediodía, el sol asoma generoso y la paz de la ciudad a esa hora y en esa zona le ofrece un contexto apropiado al murguista. Se siente casi tan cómodo como si estuviese en el paisito, como se le llama cariñosamente a Uruguay.

   “Esta es la primera vez que hacemos una historia con prólogo, planteo, nudo, arco dramático, desarrollo y final, y estamos recontentos”, dice Yamandú (37), el hermano del medio de los Cardozo. El mayor es Tabaré, coreuta, letrista y director (44 años) y el menor es Martín (34), quien hará de Julio en este espectáculo.

   “Un día de Julio” plantea el derrotero de un hombre misterioso y solitario, de unos 50 años, que vive encerrado entre las cuatro paredes de su casa, y su único contacto con la realidad es su entorno, sus pensamientos y su madre octogenaria, que compone Yamandú. Hasta que un día sale de su hábitat e intenta cambiar el mundo exterior, tan ajeno como desconocido.

   “Hace tiempo que veníamos con ganas de armar un cuentito con nuestro espectáculo y pensamos en este Julio, en una situación particular que nos generara a nosotros la posibilidad de hablar de un montón de cosas. Siempre terminamos armando personajes como un Caballo de Troya, donde van metidos todos nuestros análisis, nuestras dudas, nuestras preguntas, nuestras caricaturas, y bueno, todas estas teorías alocadas”, dijo Yamandú, mientras aguardaba que su hermano baje de la habitación para sumarse a la entrevista.

   Tras cebar el último mate, con las disculpas del caso por estar algo lavado, prosiguió: “Queríamos hablar de un tipo que fuera medio genio y medio loco, que estuviera en desacuerdo con todo y que tuviese una relación conflictiva con el mundo y la sociedad. Nos parecía que el encierro le daba eso, un tipo que habla del mundo y lo quiere cambiar pero no lo conoce del todo, y esa contradicción nos entusiasmaba mucho a la hora de crear”, destacó.

   En una puesta impactante, con 17 artistas sobre el escenario, “Un día de Julio” también sorprende por las máscaras de los murguistas y la vestimenta, en un show multimedia, que además cuenta con imágenes audiovisuales en medio de la historia, algo que también es una novedad para Agarrate Catalina.

Audiovisual. “El que hace las máscaras nos conoce la cabeza literal y conceptualmente y nos ha hecho talleres sobre cómo se maneja el cuerpo detrás de la máscara. El cuento se va narrando con los diálogos de la madre y el hijo, con las canciones, y hay mucho contado a través de la narrativa audiovisual. Guionamos situaciones humorísticas o informativas a través de la dramaturgia audiovisual, que también es nuevo para nosotros, y estamos experimentando”, dijo Yamandú.

   El nombre de Julio no nació al azar. Los Cardozo hurgaron en páginas de estadística uruguayas y descubrieron que los nombres Julio y Julio César figuraban entre los más frecuentes de su país, lo que le daba más empatía con el espectador. Además, la historia que cuenta Agarrate transcurre en el mes de julio, y cerraba todo. “Julio es acumulador, tiene objetos para reparar. La casa está hecha pedazos, como su cabeza y como su vida, y aparecen las ratas que dialogan con él, y que también son sus pensamientos y su coro griego, que lo apoyan y lo cuestionan. La relación de Julio con su mamá está apoyada por las ratas, que la madre odia, y Julio cuida y protege”, agrega Yamandú mientras le da la bienvenida a Tabaré, quien se suma a la charla con Escenario.

   El look de Tabaré se parece más al de un rockero dark que al de un murguista. Con sus cabellos cuidadosamente despeinados, anteojos oscuros y un riguroso negro en remera y jeans, explicará con detalles minimalistas el «boom» de las murgas. “Todo forma parte de una concatenación de factores, nada surge espontáneamente, sino que es consecuencia de sus predecesores. Ustedes en la Argentina conocen más a Araca la Cana y Falta y Resto, pero hay una cantidad de murgas en Uruguay. Araca y la Falta son las embajadoras, las adelantadas, pero hay otras que hicieron posible que esas murgas tuvieran esas características. Me parece que cada murga sintetiza su tiempo y las murgas anteriores, pero hay un fenómeno que siempre se dio, y ahora nos toca a nosotros vivenciarlo, y es que la síntesis ésa no sólo se da con nuestros predecesores, sino también con nuestros contemporáneos. Nosotros vemos las murgas que nacieron después que nosotros y las que nacieron antes, y se está dando una síntesis a tiempo real, una actualización instantánea, año tras año. Es como un signo de nuestro tiempo”, dijo Tabaré de un tirón, sin respirar y sin chistar.

Espejos. Para Tabaré Cardozo el impacto de Agarrate Catalina tiene que ver “con una cuestión de espejos, de pares”. Y amplió: “Cada generación llega mejor a su propia generación, habla el lenguaje de su tiempo y su coyuntura. En el rock, por ejemplo, ocurrió que los Beatles o los Rolling Stones, que son atemporales, son tipos de 70 años que le están cantando siempre a gente de 30, le llegan a su generación y siguen sumando generaciones nuevas. Pero es la excepción, en general uno le llega a su propia generación, porque el lenguaje musical que utilizás para expresarte, las temáticas que manejás, las palabras que elegís, llegan a tu generación. Nosotros, además, tuvimos la suerte de llegar a la generación anterior y a la posterior también”.

   Agarrate Catalina se reconoce como una murga “antidogmática y antipartidaria”. Como el ADN de la murga es la crítica política, se encontraron con un brete cuando la izquierda fue gobierno en Uruguay. “Es que nosotros bancábamos al Pepe (Mujica) y el Pepe nos bancaba a nosotros, porque es hincha de Agarrate”, dijo Tabaré. Y agregó: “Se nos acusaba de murga oficialista, pero fuimos los que más criticamos al Pepe, sin ninguna duda”.

“Nosotros en un momento, tal vez involuntariamente, bajamos línea porque aprendimos eso. Pero también vas aprendiendo tu propio estilo, y vas construyendo tu propia voz. Y junto con el poder que nos empezó a dar esta herramienta de la murga, ahí te empezás a cuestionar hasta qué punto estás operando sin querer y para qué, y para quién, quien soy, qué soy. Estamos muy pendientes de nosotros mismos, pero no para regodearse en la propia imagen, sino con el sentido de ‘ojo loco, qué estamos diciendo’, porque si no podés caer ridículo y hacer cualquier cosa”, bramó Tabaré.  

Como cierre, Yamandú dijo cómo resolvieron los desafíos que se le presentaron en su carrera: “Siempre nos funcionó la honestidad brutal y despiadada, cantamos sólo lo que tenemos ganas y de la manera que tenemos ganas. Y decimos lo que queremos decir, aunque se nos caigan de la estantería todos los cuadritos e ídolos que tenemos. Cantamos lo que sentimos, lo que nos atraviesa la vida y lo que necesitamos decir desesperadamente, y que caiga lo que tenga que caerse. No tenemos reparos en cuanto a las consecuencias que vamos a tener por ser honestos con lo que queremos decir”.

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