Escenario

"Sé que soy un bicho raro", afirmó Maravilla Martínez

El boxeador contó cómo llegó a encabezar su propio show de stand up en carlos paz. “No tengo tiempo para extrañar el ring”, aseguró.

Domingo 18 de Enero de 2015

Sergio “Maravilla” Martínez deletrea el nombre de un escritor que admira. “Es que no me gusta que lo escriban mal”, me dice desde el otro lado del teléfono. “¿No parezco muy obsesivo, no?”, pregunta con una sonrisa. Para hablar con el ex campeón mundial de boxeo es mejor ir sin prejuicios. La última vez que se subió a un ring, en junio pasado, sufrió una dura derrota que lo obligó a recuperarse de una lesión en la rodilla y a pensar en el retiro del boxeo. Sin embargo, Maravilla ya era un boxeador de un perfil distinto mucho antes de esa última pelea. En una de sus habituales escapadas al teatro en Madrid, donde reside desde hace 12 años, Martínez descubrió al ex boxeador y comediante español Hovik Keuchkerian, que se hizo popular en la Madre Patria con sus particulares monólogos. A partir de ahí maduró en él la idea de escribir y llevar adelante su propio show, un sueño que se está cumpliendo ahora en Villa Carlos Paz, donde es el protagonista del stand up “A veces me dicen Maravilla”. Sobre el escenario, el boxeador y aspirante a actor encara una narración de su vida en primera persona, creando diferentes climas que van de la comedia al drama. Allí lo acompañan el humorista Chuly Paniagua, primo de Maravilla, y Diego Fantoni, su amigo y profesor de stand up.

   Ahora Martínez cuenta que recibió propuestas para llevar su espectáculo a Buenos Aires, al interior del país y a países limítrofes. “Es un orgullo que esta historia haya gustado. Es algo que me llena de ilusión”, asegura. Con su pintoresco acento de ninguna parte y un discurso salpicado de españolismos, Maravilla habló con Escenario de su entusiasmo por el teatro, de su encuentro con los libros y la posibilidad cada vez más cercana de dejar el boxeo. “Lo más importante es tener los pies sobre la tierra”, afirmó.

   —¿Cómo nació en vos esta inquietud por hacer monólogos o stand up?

   —La verdad es que llevo muchos años mirando stand up en España. Con el tiempo tuve la posibilidad de conocer a Hovik Keuchkerian, el mejor monologuista que yo haya podido ver. Estuve en muchos países y nunca vi a un monologuista tan bueno como él. Tiene una capacidad brutal. Creo que dentro de algunos años vamos a estar hablando de él como un gran actor. La cosa es que con Hovik nos hicimos amigos, y yo siempre tuve ganas de hacer algo como lo que él hacía. Una vez vine a dar una charla acá en Argentina, que estaba programada para que fuesen unas 400 ó 500 personas, y al final fueron como 5.000. Ahí me dije: “Yo podría utilizar esto y adaptar el trabajo de Hovik a la Argentina”. El me dijo que estaba de acuerdo, que le parecía genial, pero que él en su espectáculo estaba contando su vida. Y me propuso: “Qué te parece si contás tu vida y yo te enseño algunos truquitos que te van a servir para darle algunos giros a tu texto”. Y así nació este espectáculo que estoy haciendo.

   —¿Sos de ver stand up en Argentina? ¿Quiénes te gustan?

   —En primer lugar pongo a mi profe Diego Fantoni, que es uno de los mejores. También están Fernando Sanjiao, Sebastián Wainraich y Joe López. Ellos son mis favoritos.

   —¿Estabas nervioso antes de debutar en Carlos Paz? ¿Cómo reaccionó la gente?

   —Sí, estaba bastante nervioso, pero todo controlable. No perdí el dominio por los nervios. Cuando terminó la obra la gente estuvo por casi cinco minutos aplaudiendo de pie. Me pareció maravilloso, me emocionó mucho. Yo llevo 20 años practicando un deporte como el boxeo, nada menos, el deporte que más te puede perjudicar la cabeza, y que yo haya escrito algo y que eso esté dando resultados es una satisfacción inmensa. La gente puede ir a verme porque soy Maravilla Martínez, porque fui campeón del mundo y todo eso, pero no tienen por qué aplaudir de pie durante cinco minutos cuando el espectáculo termina. Eso sí no tiene precio.

   —¿Te preocupa lo que piensan algunos comediantes de carrera, que dicen que ahora cualquier famoso hace stand up?

   —No, me preocuparía hacerlo y quedar a disgusto yo. Pero me siento muy feliz haciendo esto. Aparte ver el público aplaudiendo te da una gran tranquilidad. Si alguien dice algo en contra me tiene sin cuidado.

   —Vos dijiste en una nota que en el boxeo “todo es actuación”. Sin embargo vos nunca fuiste muy cirquero, tipo Mayweather. ¿Qué te conecta con el mundo del espectáculo?

   —Sigo sosteniendo que en el boxeo todo es actuación, y en Estados Unidos es donde más se puede ver eso. La relación entre el escenario y el boxeo es muy estrecha. Hay una preparación, hay un entrenamiento, quizás hasta el hartazgo, y luego tratar de hacer algo de cara al público, para conseguir una aprobación. La diferencia es que actuar es mucho más difícil, más complejo. Pero esa complejidad lo hace apasionante.

   —Cuando estuviste en el programa de Tinelli y ahora también empezaste a aparecer en los programas de chimentos. ¿Cómo lo tomás? ¿Hay que estar preparado de alguna manera?

   —Lo más importante es tener los pies sobre la tierra. Si yo no supiese que esto es pura ficción y parte de una actuación es muy probable que me estampe contra el suelo. Pero como lo tengo claro me lo tomo como lo que es, parte del trabajo. Es un juego que hay que saber jugar y aceptarlo. Yo sé que mi vida profesional es pública, pero hago lo posible para que mi vida personal sea privada. Es difícil, porque la farándula y la prensa rosa invaden mucho el territorio privado. Hay que tener cintura para manejarlo.

   —Una vez dijiste que querías estudiar actuación, y de hecho estás estudiando canto, ¿está en tus planes ser actor o cantante?

   —No lo puedo descartar, porque posibilidades y ofertas tengo. Lo de ser cantante es más difícil porque no tengo una voz muy bonita, pero sí me gusta y me ayuda mucho para la actuación, para manejar la respiración. Probablemente lo mío esté más ligado a la actuación que al canto. Pero antes necesito este tipo de rodaje, el que te da el escenario, para adquirir experiencia y después ver si me dedico a la actuación.

   —¿Tenés la intención de seguir peleando o ya vislumbrás un futuro distinto?

   —La intención la tengo, el tema es una señora que no anda muy bien, que es mi rodilla. La rodilla por ahora me está indicando lo contrario, me está ganando por paliza. Hay mucho dolor, el proceso de recuperación es muy lento, tengo que esperar unos meses. En marzo voy a ir a España y ahí veremos los resultados finales de los estudios después de varios meses habiendo cambiado de pisada. Yo tuve un cambio muy duro y muy brusco en todos mis calzados y la verdad es que la estoy pasando fatal. En los días de lluvia y humedad me duele mucho. Además estoy obligando a mi pierna a que vaya en otra dirección. Si se llega a arreglar nos sentaremos a hablar. Pero hay que tomar todo con pinzas.

   —Históricamente los boxeadores estuvieron relacionados a historias oscuras cuando dejan el boxeo. ¿Existe un temor real a lo que va a pasar después, fuera del ring?

   —El boxeador y el boxeo siempre estuvieron ligados a un estrato marginal, un estrato social bajo, del cual es muy difícil escapar. La única manera de salir es instruirse, reinventarse. Cuando uno aprende que hay más cosas tiene la posibilidad de dar un paso al costado y seguir adelante. El problema con algunos boxeadores es que los retiran más jóvenes y a los golpes, y encima siguen insistiendo. Yo vengo de perder mi pelea, entonces tengo que ver qué opciones tengo en mi vida para saber si es hora de dejar el boxeo. Es un tema muy complejo.

   —¿Cómo manejás esta transición psicológicamente?

   —Haciendo cosas que me gustan, como escribir. La idea es seguir escribiendo, y gracias a Dios puedo ganar dinero con lo que hago. Aprender a hacer humor, a hacer drama, me tiene muy motivado. Estoy muy feliz con lo que hago en el teatro. No tengo tiempo para extrañar el boxeo.

   —Sos un boxeador que habla de escribir. ¿Te sentís una excepción a la regla?

   —No, por suerte hay más chicos que están bien del coco, para decirlo claramente. Los boxeadores venimos de un lugar muy marginal, social y culturalmente. Yo salí de un barrio precario, con todas las carencias que eso conlleva, pero tuve la suerte de encontrarme con los libros, de poder estudiar y reciclar mi cabeza, de tratar de imaginar historias y escribirlas. Eso hace que el cerebro trabaje. A mí me ayudó mucho. No me siento una excepción, pero sí sé que soy un bicho raro.

   —¿Qué libros te marcaron?

   —Mis libros de cabecera son dos: “La conjura de los necios”, de John Kennedy Toole, y “Muchas vidas, muchos maestros”, de Brian Weiss. Me gustan todos los libros de Weiss.

   —¿Cómo es tu vida en España?

   —En España tengo una vida muy tranquila. Voy al teatro tres o cuatro veces por semana, veo todo tipo de teatro. Tengo mis horas para ir a la oficina y también para reunirme con mis amigos. No salgo de noche, no voy ni a discotecas ni a bares. Puedo ir al mercado sin ningún problema, es mucho menos dificultoso que aquí en Argentina. Igual en Argentina tengo una vida muy tranqui. Estoy alquilando una casa perdida en el campo, sin internet ni televisión. A las diez u once de la noche ya estoy en la casa y a las doce estoy durmiendo. Después me levanto a la mañana temprano a ensayar. Es muy similar a la vida que llevo cuando boxeo.

   —¿No te aburrís?

   —No, yo estuve casi 20 años boxeando, estoy acostumbrado a esta vida. Yo conozco los resultados de este tipo de disciplina, y son muy buenos. Además lo disfruto, no me pesa para nada.

   —¿Formar una familia está en tus planes?

   —Vengo muy relajado con eso, demasiado no? (risas). Por ahora no lo pienso, pero no puedo descartarlo. Uno nunca sabe las vueltas que puede dar la vida.

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