Escenario

"Se pueden representar ideologías en escena, sin necesidad de ser literal"

Maximiliano Guerra regresa a Rosario para mostrar "Intimo" con integrantes del Ballet del Mercosur, un espectáculo en el que fusiona danza clásica, tango y hasta música hindú.

Viernes 22 de Octubre de 2010

Maximiliano Guerra regresa a Rosario para mostrar “Intimo” con integrantes del Ballet del Mercosur, un espectáculo en el que fusiona danza clásica, tango y hasta música hindú. Autodefinido como un “rebelde”, el artista dijo que la intención fue mostrar las “raíces” de una carrera que cada día siente más cerca del público. En ese sentido reconoció que contribuye a esa proximidad su presencia en la televisión a través del ciclo “Talento argentino”, que mañana comienza su tercera temporada. Las funciones de “Intimo” serán hoy y mañana a las 21 en el teatro Broadway (San Lorenzo 1223).

—¿Cuál es el concepto de “Intimo”?

—Es una propuesta que me hacen para inaugurar un espacio muy pequeño, unas salas nuevas en Chacras de Coria, en Mendoza. Así se me ocurrió pensar en un espectáculo que tenga que ver con la esencia, con las raíces, con música folclórica argentina, con el tango porque soy de Almagro y soy muy tanguero, en el que estén mis comienzos como bailarín clásico, pero siempre con esa rebeldía rockera que siempre tuve. Así es como hago un ballet clásico, con rock, técnica contemporánea, música hindú y tenemos un clásico con música de Rachmaninoff.

—¿Cómo termina bailando clásico un tanguero?

—En realidad conocí el tango después de ser bailarín clásico. Soy tanguero porque el tango siempre estuvo presente. Cuando nació mi hermana mayor, mi papá, que era músico, estaba de gira con Mariano Mores. El tango tiene que ver con nuestra vibración porteña y Almagro es un barrio muy tanguero. Me acuerdo cuando era chico todavía veía a los tangueros en la calle con sus funyis y sus atuendos típicos.

—En medio de la diversidad de estilos que abordás, ¿qué te identifica más como argentino?

—Viste que dicen que los argentinos somos un crisol de razas... son muchas procedencias distintas. Y como artista me siento con toda esa mezcla y todos esos estilos que puedo bailar y que aprendí.

—Cuando tenés que montar un nuevo espectáculo, ¿pensás primero con qué te sorprenderías vos para después tener ese efecto en el público?

—En realidad más que sorprender es cómo me supero, cómo hago que cada espectáculo sea mejor que el anterior. Lo pienso desde ese lugar. Siempre hay que subir un escalón y apostar un poco más, hay que enfrentarse a desafíos más grandes porque esa es la forma que la gente siga a un artista. A los músicos les pasa muy seguido que saquen un disco muy bueno; si el segundo no es tan bueno, la gente no lo compra más. Creo que con esto pasa lo mismo. Cada vez que planteamos un espectáculo tenemos que superar al anterior.

—¿Cómo aparece en escena la rebeldía de la que hablás?

—Creo que nuestra generación tuvo una infancia y una adolescencia bastante complicadas con el tema de la dictadura militar. A partir de eso uno va buscando otros caminos que por ahí los chicos ni se imaginan. Creo que a partir de eso, a mi siempre me gustó el rock. Por ejemplo, en uno de los recitales de Serú Girán en la Rural, estaba colado y colgado de un techo con trece años. Fueron cosas de un pibe normal de esa época que por ahí no tiene nada que ver con el prototipo del bailarín clásico. De ahí la siento y también porque hay que tener presente que todas las músicas son bailables, con cualquier música podés hacer un ballet. Eso me planteé hace muchos años y a partir de ahí creo que también la gente me puso en el lugar del rebelde.

—¿Cómo toma el espectador tradicional el trabajo de ruptura?

—Al principio fue muy difícil porque la gente tradicionalista, habitué del Colón, no le gustaba que llevara a Charly García al Colón. Después lo logré. Hasta que una vez en San Juan al final se acercó una señora de más de 80 años me dijo que me había visto bailar mucho en el Colón, pero me terminó preguntando cómo se llamaba el grupo de la última obra que habíamos hecho y era Bersuit.

—¿Eso pasa seguido o son excepciones?

—Pasa seguido, pero lo que pasa es que el que va a ver el Ballet del Mercosur sabe que se puede encontrar con este tipo de cosas y que todas van a estar tratadas con respeto y desde un lugar artístico importante.

—¿De qué forma se puede representar la actualidad a través de la danza?

—Creo que se pueden representar ideologías, no se puede representar al país. El país tiene muchas cosas muy buenas y muchas muy malas. Podés representar situaciones, pero tampoco tendríamos que ser literales, sino que lo que tenemos que representar es la ideología, lo que nos pasa a nosotros. Creo que el artista tiene que estar comprometido con su sociedad y contar lo que le pasa a través de lo que hace.

—¿Preparás algo nuevo?

—Se va a estrenar en Buenos Aires en noviembre. Será el espectáculo con el que vamos a hacer la temporada de verano y seguramente la gira el año que viene. Será volver a la base, vamos a hacer ballet clásico, conjugado con otra parte, pero no quiero contar mucho porque será sorpresa.

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