Escenario

Santaolalla: "Sabía que el tango iba a pasar a formar parte de mi vida"

El argentino Gustavo Santaolalla sube y baja de los aviones o entra y sale de las ciudades capitales del planeta como si fuera la cosa más natural del mundo. Lo cierto es que lleva una vida excepcional, sobre todo desde que abandonó Buenos Aires a fines de los 70 y se radicó en Los Angeles.

Domingo 13 de Julio de 2008

El argentino Gustavo Santaolalla sube y baja de los aviones o entra y sale de las ciudades capitales del planeta como si fuera la cosa más natural del mundo. Lo cierto es que lleva una vida excepcional, sobre todo desde que abandonó Buenos Aires a fines de los 70 y se radicó en Los Angeles. Es decir, desde que desarmó el grupo de rock telúrico Arco Iris y, arrancando de cero en Estados Unidos, empezó a convertirse en esto que es hoy: un artista y productor consagrado, un engranaje bastante importante de Hollywood (dos veces ganador del Oscar, por "Babel" y "Secreto en la montaña") y un hombre de mundo, un tipo que entra y sale de las capitales del mundo como cualquier simple mortal viaja de la cama al living de su casa.

Donde esté, Santaolalla sigue hablando de su último proyecto, "Café de los maestros", álbum, libro y ahora película. Salió de Lisboa, donde produjo el álbum debut de una joven fadista; estuvo en París presentando "Café...", arribó a la Argentina para hacer prensa del filme, regresó a Los Angeles para producir varios discos, voló a Filadelfia para encontrarse otra vez con el Dalai Lama... Continúa con su grupo Bajofondo y ya está planeando la banda sonora de un filme basado en la novela "En el camino", de Jack Kerouac, dirigida por Walter Salles, con quien ya trabajó en "Diarios de motocicleta". De todo esto habló Santaolalla, a un promedio de 100 palabras por minuto, en una entrevista con LaCapital.

—"Café de los maestros" es un proyecto que tiene varios frentes distintos, ¿podés explicarlos?

—Comienza con la idea de convocar a las más grandes figuras del tango no sólo vivientes sino activos musicalmente. Músicos de la época de oro, entre los años 30 y 50, y a partir de cuatro líneas de escuelas: Troilo, Pugliese, Di Sarli y D’Arienzo, además de estar representadas otros autores como Mariano Mores. Lo primero que surgió fue grabar el registro musical con una tecnología de hoy, y a partir de tener planteada la lista nos dimos cuenta de que estábamos frente a un hecho histórico, ya que ellos nunca habían estado juntos bajo un mismo techo. En octubre de 2003 comenzamos a grabar el disco y a filmar todo lo que estábamos haciendo. Eso nos llevó a hacer entrevistas con cada uno de ellos y en lugares muy afines a sus gustos, un bar, un hipódromo, la cancha de Boca. Luego, esto nos llevó a hacer un libro y a organizar un concierto en vivo, que se hizo en el Teatro Colón. Cuando terminamos había 300 horas filmadas y ya teníamos claro que debíamos hacer una película.

—¿Qué se priorizó de esas 300 horas?

—La película es una especie de poema cinematográfico de lo que fue el proyecto. Uno de los objetivos de la película fue que la gente pudiera asomarse a ese universo maravilloso del tango y otro fue el de refrescar el concepto de tener a los mayores como referentes, en un momento donde pareciera que lo más importante pasa por Hannah Montana o la High School Musical.

—¿En estos últimos años sentiste que el tango te estaba esperando en algún lado?

—Desde muy chico yo estuve comprometido con el concepto de la identidad y siempre me gustó mucho refrescar lo que hago, quién soy y de dónde vengo. Entonces, sabía que en algún momento el tango iba a formar parte de mi vida. Lo que pasa también es que es una música a la que siempre le tuve mucho respeto y me llevó tiempo sentirme preparado para abordarla de alguna manera. Y básicamente comencé con un proyecto que no necesariamente es un proyecto de tango, pero a partir de Bajofondo sentí la curiosidad de meterme en la parte más pura del género.

—La idea de "Café...", ¿se acerca a la idea base de "Buena Vista Social Club"? Es decir, la búsqueda de viejas glorias de un tipo de música, juntarlos a todos...

—Yo creo que es, más bien, León Gieco con "De Ushuaia a La Quiaca". Si bien me encantan las comparaciones con "Buena Vista", nosotros hicimos eso quince años antes. En la película no estaba Compay Segundo pero estaba don Sixto Palavecino.

 

—¿Cómo se llevaron tus dos proyectos relacionados al tango y tan diferentes entre sí, Bajofondo y "Café de los maestros"?

—Lágrima Ríos, que está en "Café..." también canta un tema en "Mar dulce", el segundo disco de Bajofondo. Quiero decir con esto que, por lo menos, ninguno de los maestros me hizo un mal comentario sobre Bajofondo. Además, lo que hacemos en Bajofondo no es tango, y si nosotros estamos aportando algo al tango eso se va a saber recién dentro de diez años. En realidad, yo soy una mezcla de muchas cosas. De chico en casa se escuchaba tango y folclore y a medida que fui creciendo escuché también los Beatles, Led Zeppelin y Piazzolla. Y muchos años después, también The Chemical Brothers.

—¿Dónde se encuentran este Gustavo Santaolalla de los últimos 30 años y aquel joven de la comunidad Arco Iris?

—(Risas) Había hippies y hippies en aquellos años. Nosotros no tomábamos drogas ni practicábamos sexo libre, éramos célibes y llevábamos una vida cuasi monástica. Era una comunidad bastante esotérica, muy distinta a las comunidades hippies. De todos modos, a todos nos aunaba una esperanza y unas ganas de vivir en un mundo mejor, más justo y menos contaminado. Creo que esos ideales persisten en mí totalmente. Mi búsqueda espiritual sigue siendo la misma. Hace poco viajé para encontrarme con el Dalai Lama y ahora vamos a encontrarnos nuevamente en Filadelfia. Quiero decir con esto que, a pesar de no pertenecer a religión alguna, he continuado con mis búsquedas espirituales. Y respecto a lo musical, la búsqueda de una identidad empezó con Arco Iris y si hay algo que caracteriza mi laburo es que hay una coherencia en el modo de buscar ese sonido.

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