Escenario

"Revisar el pasado es fundamental para no volver a equivocarnos"

Benjamín Vicuña protagoniza la miniserie basada en la historia real del periodista Boris Berkovitz, ambientada en el Chile posdictadura.

Lunes 12 de Agosto de 2019

El actor chileno Benjamín Vicuña, quien encarna a un periodista que debe investigar una sórdida trama de homicidios, prostitución, corrupción y tráfico de armas durante la transición democrática chilena en los años 90 en la miniserie "Berko: el arte de callar", dijo que la ficción tiene la misión de "revisar el pasado para no volver a equivocarnos".

La miniserie, basada en la novela "El arte de callar" del escritor chileno Roberto Brodsky y coprotagonizada por Daniela Ramírez, está compuesta de cuatro episodios y se puede ver a las 21.10 por Fox Premium Series.

"Los pueblos latinoamericanos atravesamos dictaduras. Sabemos de qué se trata el poder, la corrupción, las conspiraciones; creo que en ese sentido es una serie universal", dijo Vicuña en referencia a la época en la que transcurre "Berko", en la que el ex dictador chileno Augusto Pinochet aún operaba el poder tras bambalinas.

Vicuña encarna a Boris "Berko" Berkowitz, un periodista que acaba de volver a su país del exilio, que está sumido en una depresión que se expresa en el abuso del alcohol y las drogas y para el que el director Nicolás Acuña le pidió que engordara diez kilos.

En un alto durante el rodaje de "Argentina, tierra de amor y venganza", telenovela de época de eltrece en la que interpreta al villano Torcuato Ferreyra, Vicuña habló sobre "Berko", la "misión" de la ficción para poner en debate la Historia y sobre los paralelismos entre el oficio de actor y el de periodista.

—¿Cómo fue el caso que investiga a Berko, que fue un caso real?

—Es un caso real en el que se cruzan la ficción con la realidad histórica de Chile. Boris está viviendo un hastío profesional, está abandonadísimo y en ese momento se le cruza el caso de su vida, que tiene que ver con el asesinato de Jonathan Moyle, un periodista británico que vino a cubrir a Chile el tráfico de armas y que fue asesinado en un hotel que queda a cien metros del Palacio de la Moneda. A Boris le vuelven las ganas de vivir de la mano de su vocación.

—¿Recordabas el episodio?

—A mis 12 ó 13 años tengo una visión parcial de lo que estaba sucediendo en mi país. La información a disposición no era objetiva. Luego más grande, cuando entré a la universidad, pude ver las dos caras de la moneda, saber qué es lo que realmente pasó y estaba pasando en mi país. Pero efectivamente los 90 fueron un momento de transición en Chile, donde Pinochet seguía ejerciendo el poder desde las sombras.

—¿Es una etapa que te interesaba revisar?

—Es un tema que me preocupa, me conmueve y me convoca. Revisar el pasado es fundamental, creo que es una de las misiones que tiene el cine, la literatura, la televisión; básicamente para no volver a equivocarnos, para saber cómo llegamos a eso. Cómo llegamos en Chile a tener esa cantidad de odio y violaciones de los Derechos Humanos, tanta muerte y sangre.

—¿Creés que una serie como esta puede ayudar a poner el tema nuevamente en debate?

—Absolutamente. Es clave volver una y mil veces a lo que nos partió como país para que no vuelva a suceder nunca más. Si no es por la literatura o por la ficción, muchas veces estas cosas como el asesinato de Moyle quedarían documentadas pero guardadas, y es fundamental revisarlas.

—¿La figura de Boris recuerda al del investigador privado del policial negro?

—La particularidad es que el personaje es un periodista, un intelectual, en medio de un policial negro. Eso lo hace atractivo, porque es un tipo que nunca tomó un arma, que de la noche a la mañana empieza a vivir una vida rodeada de corruptos, mafiosos, traficantes.

—Luego de meterte en la piel de Boris "Berko" Berkovitz, ¿qué paralelismos encontrás en el oficio del periodista y el del actor?

—Creo que algo de nuestras profesiones es la falta de profundización de un área en específico. Es como que vamos visitando, picoteando diferentes cosas. Puedo estar hoy en una trama de tráfico de armas con Pinochet, después en otra sobre el cultivo de marihuana en California, luego sobre un señor que es salvavidas en el Pacífico. Eso de alguna manera te abre mucho mundos, pero no lográs profundizar en ninguno de ellos. Y otra cosa es que a menudo estamos en una crisis motivacional porque el mercado pide lo que vende más, y nuestro deseo se enfrenta día a día contra nuestras obligaciones.

—¿Creés que es posible combatir ese designio del mercado audiovisual?

—Soy muy cuidadoso con los proyectos que elijo porque sé que van deteriorando la matriz de tu vocación. Cuando hacés algo que no te gusta es como que te va carcomiendo el alma. Cuando eso te daña, te corroe. Pienso muchas veces antes de aceptar un trabajo y hoy gracias a Dios estoy en proyectos que me sacuden.

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