Escenario

Relato de aguas turbias en una etapa particular de una familia

En “Pavón abajo” el eje de la familia disfuncional en el teatro se corre del contexto habitual y se traslada al interior provincial.

Domingo 25 de Mayo de 2014

Más lejos de los dramas rurales de García Lorca y un poco más emparentado con aquellos que escribió Florencio Sánchez hace un siglo en nuestras latitudes, la recién estrenada obra "Pavón abajo" cuenta con la autoría compartida de Elisabet Cunsolo y Francisco Fissolo.

El eje de la familia disfuncional en el teatro se corre del contexto habitual al que nos estábamos acostumbrando. Ya no se trata de personajes urbanos de algún sector de la fragmentada clase media, sino que el escenario se traslada al imaginario Pavón Abajo, un humedecido inframundo que se esconde cerca de la orilla, en una pobre zona rural de la provincia, donde el agua que corre es el veneno que dejaron las sobras transgénicas de la agroindustria exportable.

La obra, que se presenta todos los viernes de mayo, junio y julio en Espacio Bravo, permite que observemos de cerca un momento particular de esta familia en tiempo real, aunque se genera una clara ilusión de probables elipsis, es decir de intervalos de cosas que suceden fuera del tiempo definido por nuestra permanencia como espectadores.

Luján (María Romano) es una joven de las barrancas que se confunde con la peonada y con los animales de la zona. Una niña salvaje que estalla en el núcleo de un rancho donde se entrevera con sus padres Emilce (Elisabet Cunsolo) y Hugo (Edgardo Molinelli), en un cuadro desordenado en el que hay que advertir ciertos rasgos de los personajes que pueden etiquetar a esta familia en el fácil pero cierto casillero de la endogamia. El núcleo se altera un poco más cuando aparece Alexis (David Giménez) un habitante de Pavón arriba, el espacio que está del otro lado, un lugar con mejores zapatos y agua potable. Llega en busca de Luján, la niña silvestre.

La obra, sostenida en una riqueza de conflictos, es una pincelada por ese mundo que está a pocos kilómetros de distancia, que siempre está amenazado por la creciente de los ríos, por el agua circular que arrastra nube, canoa y rancho. Logra articular nudos de tensión bajo una atmósfera general que la modela y le imprime una marca de identidad al primer trabajo que dirige Francisco Fissolo, un actor de treinta y pico que se destacó en diferentes propuestas de Romina Mazzadi Arro y Juan Hessel, claros progenitores de su estética.

En "Pavón abajo" sobresale el trabajo interpretativo de Cunsolo, marcando un verosímil que basta y sobra con su simple presencia y con la eficacia de las frases en el momento justo. El desajuste con el resto del elenco tiende a profundizarse en algunos momentos en los que Romano desborda de energía, poseída por Luján, ese personaje tan complejo cuya fuerza es el motor de los conflictos con mayor resonancia.

El método de construcción de la obra surgió de algunas ideas generales de los autores que luego fueron reelaborando con el trabajo del elenco en improvisaciones y ensayos, es decir que el texto final se construyó en base a la dramaturgia del actor, una metodología que se instaló hace casi dos décadas, pero que en los últimos años perdió algo de prensa tras una oleada de trabajos con textos de autor. En definitiva, la riqueza de nuestro teatro está en la variedad.

en escena. En "Pavón abajo" sobresale la interpretación de Elisabet Cunsolo

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