Escenario

Raly Barrionuevo: "No sé cuándo volveré a subir a un escenario"

El músico santiagueño, dijo que no extraña "absolutamente nada" de los shows en vivo. El anuncio de un flamante material folclórico y de una sorpresiva pausa en las actuaciones presenciales. Su nuevo disco "1972" tiene un fuerte vínculo familiar

Martes 13 de Julio de 2021

Raly Barrionuevo lanzó el álbum “1972” y así interrumpió el tiempo sabático que se tomó a inicios de 2020, pero sorprendió al asegurar que no presentará esas canciones folclóricas en un show ni sabe si volverá a cantar en vivo frente al público. “Ni sé cómo volveré algún día a cantar en vivo porque no extraño absolutamente nada. Volví a fojas cero, volví el cuenta kilómetros a cero y me parece que al bajar la velocidad que venía trayendo y detener la automatización, me lleva a sentir que no sé cuándo volveré a los escenarios”, confesó Barrionuevo durante una charla con Télam.

  Desde Unquillo, la ciudad cordobesa donde vive desde hace casi dos décadas, el popular trovador folclórico santiagueño, que nació en Frías el 14 de agosto de 1972, está feliz con el flamante disco de honda significación familiar al que tituló con el año de su nacimiento y el 27 de junio lo mostró en sociedad con un programa retransmitido por más de 550 emisoras.

  Allí, y en compañía de los mismos inspirados laderos con los que en 2009 había dado forma a “Radio AM” (es decir, guitarras, guitarrón, arreglos y dirección musical de Luis Chazarreta, el piano de Elvira Ceballos y el bombo legüero de Daniel Barrionuevo), se colocó de nuevo en posición de intérprete para recoger canciones argentinas de las décadas del 50 y 60.

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  Por ello cantó “Amémonos”, “Zamba de la añoranza”, “La ene ene”, “A unos ojos”, “Si yo fuera río”, “Calle angosta”, “La de los angelitos”, “Vallecito”, “Al jardín de mi madre”, “Febrero en San Luis”, “Gato de mis pagos”, “Achalay mi mama”, “Y dicen que no te quiero”, “Patio de la casa vieja” y un hallazgo en vivo en Radio Universidad de Córdoba (donde Raly realiza una columna semanal en el espacio “Nada del otro mundo”) de “Alfonsina y el mar”.

  “Es mi manera de reivindicarlo a mi papá porque había sido un gran cantor que quedó ahí, que tuvo sus intentos. El vivía con mi abuela en Esquiú, en Catamarca, y de allí me vino esa música que él escuchaba y cantaba muy bien. Hacer esto es como grabar un disco que él hubiera querido grabar”, explica acerca de las motivaciones del registro.

 —Se te escucha cantar distinto, ¿cómo se dio ese cambio?

  —Quise grabar todo de nuevo con la voz descansada. Con la voz pasó algo curioso. La voz mía, la de Raly, solamente aparece en “Alfonsina...” que está fuera del contexto del disco, pero para lo demás indagué en la voz mía y me exigí para colocarla en otro lado y me di cuenta de que podía hacerlo desde que estoy retirado porque estoy muy descansado, porque la tengo más clarita y más disponible que nunca. Lo que intentaba hacer para ponerme como en un cantor de entonces, lo podía hacer, me salía. No he estudiado canto pero sí me fui haciendo mis técnicas personales y mis modos de cuidar la voz pero acá estuvo buenísimo porque la exigí al máximo sin entrar en ninguna estridencia para cantar estas canciones al estilo antiguo y fue muy divertido, me reía mucho cuando cantaba en las grabaciones en mi casa. Me hallaba cantando como otra persona. Podía poner la voz más en la garganta como los cantores cuyanos y hacer cosas gardelianas, no tanto en el tango sino, por ejemplo, en “Achalay mi mama” y las cosas fueron saliendo y me fue gustando.

  —El hecho de que la pianista Elvira Ceballos no esté (falleció en septiembre de 2019), ¿implica que “1972” no se podrá escuchar en vivo?

  —No me lo imagino sin Elvira. Y en caso de volver a los escenarios sería solito con la guitarra pero no sé cuándo la verdad. Estoy feliz dándole el maíz a mis gallinas a la mañana. Después sí subo a mi estudio y me pongo a grabar cosas con gente con la cual comparto, es muy lúdico lo que me está pasando con la música, grabando cosas en portugués y en inglés, jugando y descubriendo. Y este disco también fue súper lúdico.

 —O sea que la pandemia profundizó una decisión que venías madurando.

  —La verdad es que siento que por más que no hubiera habido pandemia, iba a parar igual. Yo ya había decidido parar dos años para empezar. A la vez también soy un agradecido a la gente que me sigue pero listo, ya está.

  —Siendo como sos un artista masivo pero independiente y autogestivo, ¿igual estás saturado?

  —No sabés cuánto. La automatización alcanza a los músicos independientes también. Supongo que la gente que está en compañías discográficas multinacionales debe tener una vida más invasiva, pero yo también tengo mi exigencia y hay momentos en los que uno tiene que ponerse en piloto automático y me cansé de todo eso también. Hacer “Hermano Hormiga” con Lisandro (Aristimuño) me conectó con la música desde otro lugar mucho más artesanal y en caso de volver lo haría solo con la guitarra porque me gustaría conectar desde otro lugar con la gente.

  —¿Podría pensarse que no hay “afuera” del sistema aunque se intenten hacer las cosas de otro modo?

  —Creo que al frenar uno se da cuenta de a la velocidad que va todo y que en las plataformas al mes ya nadie se acuerda el tema que subiste y todo pasa por buscar el hit. Haber hecho “1972” y presentarlo con un programa de radio libre para las emisoras que quisieron tomarlo fue en contra de todo eso y me pareció hermoso y no solamente romántico, es súper actual también y estoy muy contento con el resultado.

El reencuentro con su padre tuvo más guitarreadas que charlas

El disco “1972”, retoma la senda de viejas canciones criollas (hasta el tango “Y dicen que no te quiero”) que Raly Barrionuevo lanzó el domingo 27 de junio con un programa radial que compartió con la escritora cordobesa María Teresa Andruetto y que se emitió por más de 550 radios del país y también de Bolivia, Colombia, Francia y España.

“Carta a mi madre Olga del Carmen Toledo y a mi padre Segundo Rosario Barrionuevo”, comienza el envío donde recupera a su padre guitarrero y cantor pero también ausente y negado con el que reconecta tras la muerte de su madre, el 28 de enero de 2013.

Respecto al vínculo entre su mamá y su papá, dijo que “quizás lo que los había unido, que era la música, se transformó en lo que los separó. Con el tiempo sentí que mi madre se encontró en su casa con el niño que cantaba y eso conectaba con la parte linda de su amor que eran las canciones”, respondió el músico.

Respecto a la relación trunca con su padre, indicó: “Dejamos de verlo, perdimos contacto. Lo habían cortado de la foto y para la vida de un niño la vida era así. Con Mariana Iglesias (quien fue pareja y actualmente es amiga) empezamos a emprender ese reencuentro y dimos con él. Nos costó hablar pero no nos costó nada sacar las guitarras y ponernos a cantar. Nos deleitaba con su guitarra, con su estilo maravilloso, se empoderaba mucho pero después él tomaba y ya lo perdíamos. Agradezco haberlo podido reencontrar y compartir la música porque hablar no pudimos hablar mucho”.

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