Escenario

Posca asegura que "la locura no existe, pero tampoco la normalidad"

El actor más transgresor llega a Rosario para presentar su octavo unipersonal, "Fucking fucking yeah yeah", un viaje hacia el rock y la psicodelia.

Sábado 25 de Marzo de 2017

Irreverente y transgresor. Rockero y psicodélico. Favio Posca es un performer consagrado en el universo del under. Y no tanto. Ya que el año pasado se sumergió en el universo del primetime televisivo para surfear la ola del rating en "Bailando por un sueño". Sus obras son un paseo en una montaña rusa cargada de rock y adrenalina en las que el actor domina el escenario con sus personajes excéntricos y su humor sin límites, que lo llevó a congregar a un público fiel que lo adula como un artista de culto. Es que los espectáculos de Posca trascienden las fronteras de la realidad para saltar al abismo de lo políticamente incorrecto e inquietar con temas álgidos como la esquizofrenia, la drogadicción, el sexo y la soledad.

    Después de sus exitosos "Bad Time, Good Face" y "Painkiller", Posca llega a Rosario para presentar su octavo unipersonal, "Fucking Fucking Yeah Yeah", un viaje donde el rock, las imágenes y las historias son abordadas con la más absoluta crudeza que lo caracteriza. El mismo lo define como: "un estilo de vida, como el agua de una cascada cayendo de las alturas, como el vuelo en picada de un Cóndor jugando con el viento, como vivir las sensaciones a fondo sin temer a la incertidumbre".

    "Fucking Fucking Yeah Yeah", que llega de arrasar en la temporada veraniega marplatense, lo llevó a ganar el premio Estrella de Mar como mejor espectáculo unipersonal de humor, sube a escena mañana, a las 21, en el teatro Fundación Astengo (Mitre 754).

    Es un artista multifacético: en su currículum figuran el paso por el teatro San Martín, el Parakultural y el Centro Cultural Rojas, además de lecciones de danza, acrobacia y pantomima. Sus personajes como Pitito, Angelito, El Perro y Astroboy se reinventan en cada show y se vuelven cada vez más delirantes, mientras que en paralelo, realiza participaciones en ficciones de la pantalla chica.

   En una entrevista íntima con Escenario, el artista reflexionó sobre cuánto hay de Posca en sus personajes: "Arriba del escenario no soy lo mismo que abajo, pero soy yo", dejó en claro que "el público tiene toda la libertad de entender mi arte como quiera", habló sobre la pulsión de vida, la humildad, la televisión y confesó que "los premios son para tomarse un champancito una noche".

   —¿De qué se trata "Fucking Fucking Yeah Yeah"?

   —La última vez que fui a Rosario fue para presentar "Bad Time Good Face". Con "Painkiller" no hice gira. Por eso estoy feliz de volver a Rosario porque es una gran capital, me encanta la onda de la gente, tengo muchas expectativas. Mis shows son todos nuevos, son como discos nuevos de una misma banda. La gente se va a encontrar con 12 canciones nuevas, videos nuevos. Van a estar Angelito y Pitito pero con historias totalmente novedosas y delirantes. La puesta es muy psicodélica desde las pantallas y el sonido. La gente flasheó. Es un show que está muy arriba. Este espectáculo dura una hora y media sin concesiones. Es un auténtico show de rock. En este show, la novedad es que hay momentos emotivos, en donde no había incursionado en mis anteriores espectáculos. Siempre me perfecciono, soy bastante "obse". Sé que en Rosario son muy exigentes.

    —¿Tu esposa Luisa Cayetana y tu hijo Rocco son parte del show?

   —Con Luisa siempre laburamos juntos, como compañera de nave, y con Rocco, que está por sacar un disco con Sony con su banda, le pedí que tocara tres canciones y terminó siendo lo más rockero del show.

   —Describís este nuevo unipersonal "como el vuelo en picada de un Cóndor jugando con el viento", ¿es una filosofía de vida?

    —Más allá de ser un nombre o analizarlo desde lo literal que tiene que ver con el sexo, tiene que ver con la actitud, es un estilo de vida que tiene que ver con soltar un poco más y no tenerle miedo a lo que vendrá mañana. Darnos cuenta que la incertidumbre no es ni más ni menos que estar vivos, y si no la tuviéramos, sería un embole, porque tendríamos todo cubierto y buscaríamos vicios nuevos para sentirnos vivos. La incertidumbre no hay que tomársela como una enemiga, sino como algo que te da pulsión de vida. Está bueno no saber lo que te va a pasar mañana. Hay que trabajar espiritualmente y físicamente para poder lograr tus objetivos y metas, tratar de surfear y disfrutar la vida. Hay que dejarse llevar por lo que pinta, dejarse arrastrar, y eso es lo que pasa en el show, la gente se agarra la panza de la risa, se emociona, pasan cosas buenísimas.

   —¿Tus espectáculos son una especie de terapia para vos donde volcás tu manera de ver la vida y fusionás realidad y ficción? ¿Frecuentás el diván?

   —Hago un gran trabajo con mi terapeuta, a lo largo de mi vida fueron varios, pero desde hace 4 años estoy con uno que me ayudó un montón. Creo que uno aprende hasta el día de la muerte, como dice Keith Richards. El no se siente viejo y tiene esa inocencia de seguir tocando la viola y seguir sorprendiéndose. Yo tengo la filosofía de no quedarme en decir "Yo soy esto y punto". Está bueno reconocerse y decir: "Esto soy yo en lo bueno y en lo malo". De eso se trata la humildad. A veces algunos tienen una falsa humildad y cuando alguien les dice: "Che, qué groso que sos", dicen: "No, no soy tan groso". Para mí eso no es humildad. Para mí, tener humildad es reconocerse en los errores pero también en lo bueno. Y decir, hasta acá puedo cambiar, hasta acá no. Eso te impulsa. Eso es un gran laburo el que hago...

   —Y se nota mucho en los shows...

   —No es mi idea hacer terapia en los shows. Lo que pasa es que como ser humano, como artista, soy un tipo integral. Arriba del escenario no soy lo mismo que abajo, pero soy yo. Si yo estoy bien, voy a hacer cosas que están buenas, liberadoras. Y si estoy mal, voy a hacer cosas más herméticas y agresivas. Todo tiene que ver con cómo está uno.

    —Tus monólogos pueden sonar machistas, agresivos y hasta pro drogas. Te reís de la locura, hasta mirás de frente a la esquizofrenia, al suicidio, etcétera. ¿Sos consciente de las sensaciones que podés causar en los demás o eso te excede?

    —El público tiene toda la libertad de entender mi arte como quiera. Lo que puedo decir es que yo nunca me río de nada. Trabajo con absoluto respeto. Soy muy meticuloso con los textos y nada sale al azar. Sí me meto en lugares álgidos. Me pongo a componer personajes que hablan de las adicciones, de la homosexualidad, de la mujer, del amor, la soledad, todo llevado a la risa. Pero con el ánimo de sublimar, y no de reírme de. Porque ahí sí sonaría agresivo. Yo nunca me reí de la locura. Sólo expongo lo que es es y juntos nos reímos de lo hermoso que tiene la locura. Porque la locura es muy temida, pero un loco jamás puede hacerte daño. Un personaje como Pitito, que en un momento fue mal entendido, es tierno, sincero, es como un niño y los niños lo aman, sin embargo está re loco, escucha voces, está en una realidad paralela. Hay una parte en la que dice "Cuándo van a decir la verdad? La locura no existe, pero tampoco existe la normalidad". ¿Quién es normal? ¿Quién es loco?

   —¿Cuál es tu límite?

   —Mi límite es que un tema me interese o no. Si me interesa hablar de algo lo hago con total respeto y calidad. Un artista no tiene que tener límites.

   —¿Por qué dejó de estar tu personaje de Pitito en el living de Susana Giménez hace varios años? ¿Es cierto que incomodó a la Asociación Argentina de Ayuda a la Persona que Padece de Esquizofrenia y su Familia (APEF)?

   —El personaje de Pitito causó mucho revuelo y me pidieron que haga otro tipo de personaje y yo decidí irme por una cuestión de respeto a mi personaje. Y rescindí un contrato muy importante. Después de tantos años no me interesa hablar del tema... Lo que sí te digo es que Pitito tiene fans en todo el mundo...

    —¿Es cierto que El Cigala te mando un audio de Whatsapp haciendo de Pitito?

   —Sí, vino al teatro, después al camarín, la historia de El Cigala es buenísima. Se enamoró del personaje. Fue un honor. Me quiere llevar a España. Y el otro día vino Santiago Segura, "Torrente", al teatro y bajó al camarín, flasheado. Se está dando todo para ir a España a hacer mis shows y que la gente conozca mi arte.

   —¿Tenés ganas de hacer tele? ¿Tenés alguna oferta?

   —Por ahora no, pero seguramente pintarán, recién empieza el año... Acabo de terminar una gran temporada en Mar del Plata y Capital, fui y vine todo el verano...

   —Sí, y ganaste un Estrella de Mar...

   —Sí, es el tercer Estrella de Mar que gano... pero para mí los premios son alegrías de una noche, nada más que eso. El verdadero premio es el aguante y el amor incondicional de la gente que me sigue desde hace más de 20 años. Soy un agradecido a mi público y me debo a ellos. El premio es para tomarse un champancito una noche, después se diluye. Me premien o no, la gente llena el teatro igual.

Al mainstream con Marcelo Tinelli

El año pasado Favio Posca salió del under para participar del popular certamen "Bailando por un sueño" conducido por Marcelo Tinelli por la pantalla de El Trece. El artista supo aportar su impronta psicodélica con sus personajes de Hormiga, que puso de moda el excéntrico saludo "insert coin" (foto), que realizó hasta con Pampita. Además llevó a Pitito, su famoso personaje esquizofrénico que escucha "vocesitas", que hizo abrazar a todos con todos en el estudio. "Durante muchos años dije que no, pero decidí ir porque tenía ganas de bailar. Hice danza por muchos años, por eso tengo el instrumento preparado. La gente no conocía mi faceta de bailarín. Fue una experiencia muy intensa e interesante, que me dejó un muy buen rédito. Poder bailar, componer mis personajes, tener la aceptación de la gente, tener la excelencia de notas del jurado. Fue un bonus que no tenía nada que ver con lo que hago en teatro", contó Posca. Con respecto a la interacción con Tinelli, que enriquecía sus performances con un feedback jugoso, el artista dijo que estaba mucho más abierto y predispuesto a hacer un programa popular que en la época en la que estuvo con Susana Giménez. "Uno cambia. Y yo aprendí mucho con Susana. En «Bailando por un sueño» pude aprovechar la popularidad sin perder mi integridad y mi esencia".

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