Escenario

Pierre Richard: alto, rubio y de los años 70

El actor francés fue uno de los grandes invitados del festival de Mar del Plata, donde recibió un premio a su obra.

Domingo 18 de Noviembre de 2018

Sin lugar a dudas, Pierre Richard trae a la memoria el nombre del actor que en la década del 70 se popularizó en todo el mundo con comedias como "Alto, rubio y con un zapato negro" hasta convertirse en una figura infaltable de las emisiones de cine en televisión de los sábados por la noche.

    Richard se formó con el humor físico de maestros como el estadounidense Danny Kaye, pero también muy influido por el de compatriotas franceses como el revolucionario Jacques Tati y el popular Louis de Funès.

    Richard, que estuvo por primera vez en la Argentina hace más de cuatro décadas, es uno de los tres grandes invitados franceses del 33º Festival Internacional de Cine de Mar del Plata.

    Su filmografía supera el medio centenar de títulos, sin embargo en la Argentina conocimos menos de la mitad, entre los que se recorta su clásico "Alto, rubio y con un zapato negro" (1972), de Yves Robert, mil veces repuesto en todos los formatos.

    En esa lista es fundamental incluir "Un perfecto desgraciado" (1972), que él mismo dirigió; "Se me subió la mostaza" (1974); "La carrera de la cebolla" (1975); "Me importa un rábano" (1976); "El juguete" (1976) y "Mala pata" (1981).

    A los 84 años, Pierre Richard, cuya trayectoria ya había sido reconocida en 2006 por la Academia de Cine de Francia, recibió en el festival marplatense un premio a su obra, tras lo cual charló con la agencia Télam.

   —¿De dónde surgió el humor en un niño que atravesó la experiencia de la Segunda Guerra Mundial?

   —Cuando viví la guerra era muy pequeño, fue entre mis 7 y 11 años. Pasamos épocas difíciles de hambre y frío, había mucha dificultad para comer. Durante la guerra teníamos zapatos de cartón, pero hasta cierto punto yo era un afortunado porque no era judío, pero tenía amigos que sí lo eran, y fui testigo de que en aquellos tiempos algunos de mi clase desaparecieron.

   —¿Con el tiempo que pasó?

   —Entonces era un niño y no entendía muy bien qué era lo que estaba pasando. Pensando en retrospectiva descubrí el miedo con el que todos los franceses vivíamos la guerra. Para mí el humor siempre fue un recurso, una especie de caparazón frente a este mundo absurdo, difícil y monstruoso que vivimos tantos años.

   —¿Cuándo apareció la primera experiencia concreta de actuar?

   —Empecé a jugar con el humor frente a mis compañeros de clase para hacerlos reír, así fue.

   —¿Hubo un momento en que, ante un espejo, se propuso a sí mismo "voy a hacer un gran comediante"?

    —No, el primero que se sorprendió de mi éxito fui yo. Cuando era niño estaba interno en un pensionado y eran tiempos muy difícil pensar en qué era lo que uno quería hacer en el futuro, más que sobrevivir a la guerra.

   —¿Pero hubo algo que lo haya incitado o inspirado?

   —Cuando tenía 18 años fui a ver una película de Danny Kaye, y sin tener la menor idea de lo que quería hacer en el futuro, salí con una decisión tomada, aunque muy lejos de pensar que me convertiría en una estrella de la comedia mundial.

   —Haber entrado a esa sala fue clave...

   —Esto me hace reír porque mientras estaba interno tenía un profesor que me decía "Alumno Richard, si usted sigue haciendo reír a sus compañeros no va a llegar a ser nadie en la vida". Muy gracioso: evidentemente el pobre hombre se equivocó.

   —¿Cuáles de sus películas le gusta más?

    —En mi cabeza siempre está primera "El juguete", de Francis Veber, "Mala pata" y también algún papel dramático, anterior a las comedias. Para mí hacer papeles dramáticos es mucho más fácil que hacer comedias. En la lista podría incluir "Las desventuras de Alfredo", contestataria y crítica de la estupidez que son los juegos televisivos.

   —¿Cuáles son los comediantes franceses históricos que admira?

    — Si tengo que hablar del pasado, no puedo evitar mencionar a Jacques Tati, que es parte de mi universo, y obviamente también Louis de Funès.

    —Como actor, ¿le queda pendiente algo?

   — Sí, Moliere y Shakespeare...

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