Escenario

Peregrinación por los caminos del dolor

El director Matías Martínez apela a un relato bíblico y a una leyenda judía para hablar de la contemporaneidad. Se estrena el viernes.

Domingo 27 de Octubre de 2019

Un poema de Borges sobre la leyenda judía del Golem fue el punto de partida para que el director rosarino Matías Martínez indague en las creaciones monstruosas de la Humanidad en la obra "A la vasta criatura apodó Golem". Martínez vinculó esa obra del escritor argentino con el relato bíblico sobre la muerte de Abel en manos de su hermano Caín como el crimen fundante de "una maquinaria y una forma de construcción sofisticada de muerte y de sometimiento", según explicó el director sobre este trabajo que estrenará este viernes 1º de noviembre, a las 21, en el teatro del Parque España (Sarmiento y el río).

Martínez, con una extensa y reconocida trayectoria en la ciudad y que actualmente divide su trabajo entre Rosario y Barcelona, adelantó que luego de las cuatro funciones que ofrecerán en Rosario, la obra participará en festivales de Chile, Madrid y Barcelona. El elenco está integrado por Federico Fernández Salafia, Martín Fumiato, Luciano Matricardi, Tito Gómez, Magdalena Perone, Graciana Tucat y Guillermo Peñalves.

—¿Cómo surge la idea de hacer este espectáculo?

—El título del espectáculo es un verso del poema de Borges. Es uno de los poemas que más me gusta de Borges. La figura del Golem representa o me sirve para poder tratar el tema de lo que es creado artificialmente por el hombre y luego se vuelve en contra de la mano creadora. Ahí uno puede englobar el Holocausto, la dictadura, el capitalismo, todo aquello que es creado como un fin para serle servil y finalmente lo termina destruyendo.

—¿Cómo es la puesta en escena?

—En lo vinculado con lo formal, empecé a indagar en otro lugar en el cual no estaba acostumbrado a trabajar escénicamente. Es un lugar más relacionado con la ópera, en relación a la construcción plástica, a la puesta en escena y a ciertas teatralidades que me captaron mucho en el viaje que hice a Europa el año pasado donde asistí a diversos espectáculos y dirigí un espectáculo en Barcelona que me conectó con artistas que influyeron bastante en esta obra.

—¿En qué se ve la influencia de la ópera?

—En la magnificencia visual, en la cuestión que tiene la ópera vinculada con lo lírico, donde la fuerza de la palabra está puesta en términos de lo rítmico, pero principalmente tiene que ver con una puesta en escena de grandes dimensiones, donde el impacto de lo visual es muy potente.

—¿Cómo se relaciona con Argentina el Golem de Gustav Meyrink, una obra de un autor austríaco, basada en una leyenda judía, ambientada en Praga?

—Creo que el texto de Meyrink está vinculado con una cuestión más de un relato con cierta idea introspectiva del autor, como un otro yo. La novela sucede en Praga, pero sí hemos tomado la película de Paul Wegener donde el personaje del Golem se volvió muy icónico. Ese personaje lo tenemos en el espectáculo, como un guiño y homenaje a ese cine expresionista y a esa figura golémica. Luego, cómo lo traducimos acá, creo que hay una lectura muy libre de esa aparición del Golem.

—¿En que consiste esa lectura?

—Esa lectura está vinculada a cómo está construido el espectáculo que es en dos actos. Hay un primer acto que sucede en la Antigüedad, donde está la creación del hombre. Esto está relacionado también con una lectura muy libre del Antiguo Testamento donde está la creación del hombre, cómo va evolucionando, el hombre y la mujer en el Edén, luego el momento en que Abel mata a Caín. Yo tomo ese mito, ese primer homicidio para cerrar ese primer acto y abrir un segundo acto a una etapa moderna donde se ve cómo ese primer homicidio fue el que abrió la puerta a una maquinaria y a una forma de construcción más sofisticada de muerte y de sometimiento. La figura del Golem opera en un lugar metafórico a pesar de que está esa imagen y ese personaje en el cual nosotros homenajeamos a la película de Wegener.

—Dijiste que el Golem es la alegoría sobre lo creado que se vuelve en contra del creador...

—Es esa creación que se le va de las manos al creador y esa creación termina organizando un acto que de alguna manera es el que abre el portal a todas esas masacres y asesinatos y a esa idea del ser humano como el lobo del ser humano.

—Mencionaste como algunas de esas creaciones el Holocausto, el capitalismo, las dictaduras. ¿Qué señales de esas creaciones monstruosas ves en la actualidad?

—Esa relación se puede hacer con el nazismo, por ejemplo. La responsabilidad civil que hay en el acceso al poder de algunos gobiernos, en el ascenso de Hitler o de los militares en la década del 70.

—¿También se pueden incluir algunas experiencias democráticas?

—Justamente me parece que la construcción de la idea de democracia está vinculada con la idea de la verdad. Hay una relación casi sagrada que uno tiene con la palabra democracia. La democracia termina siendo una construcción definida y reglada por el grupo que establece qué es la democracia. De hecho las grandes cruzadas, por ejemplo de Estados Unidos, son por la libertad. Hay algo en esa cruzada de invasión y de colonización que está falsamente camuflada con la idea de liberación y de libertad. La palabra libertad opera como un lugar que no es negativo, entonces esa construcción es una convención, como el teatro.

—¿A veces se crean monstruos con las mejores intenciones?

—Me meto en otro terreno, toco un poco de oído en ese sentido porque mi especificidad es lo teatral. Yo como creador teatral, de todas maneras, desconfío de cualquier instancia de poder que se mueva en esas esferas. Quizás esté más cercano a algunas formas, pero también desconfío, siempre estoy con alguna pregunta. No pondría las manos en el fuego. Creo que hay un nivel que se me escapa poder comprenderlo. Hay un nivel que se juega determinada esfera vinculada con el poder que es un nivel de maldad que no manejo. Me parece que uno como artista tendría que estar atento para estar en la vereda de enfrente a esa construcción de poder.

—¿Sin importar el signo político?

—Sea del signo que sea.

—¿El teatro también es una especie de Gólem?

—Sí, completamente, porque es una creación del doble. En ese sentido es un doble, como lo dice Artaud, que de alguna manera opera como el demonio que se disfraza y toma la figura de Dios como referencia, y toma esa figura y esa personalidad para reproducirla. Me parece que el teatro se mantiene en ese lugar. Si asumimos que el Golem es un doble, según algunas interpretaciones de la creación del Golem como un desafío a la creación de Dios, que era la interpretación que apuntan a los cabalistas, considero que sí, el teatro es una creación golémica permanentemente. Pero es una creación que a diferencia de lo que sucede con el mito, no se vuelve en contra del creador de forma negativa, sino transformadora. El teatro vive del conflicto. Tiene que haber conflicto para que exista lo dramático y lo comparo con la idea de la guerra. La guerra es algo que en la vida común y cotidiana, destruye. Y si aceptamos que en la guerra hay conflicto, en el teatro la guerra construye. Ahí tenemos unos parámetros de dónde se ubica la realidad y dónde la ficción.

—¿Cómo es la experiencia que estás teniendo en Europa?

—A Europa fui con una beca de Iberescena. Fuimos a trabajar con una compañía catalana. La beca consistía en la creación de un espectáculo. Hicimos un trabajo de un mes de residencia en el Centro Cívico Barceloneta y de allí surgió un espectáculo que se llamó "Raja". Eso fue entre febrero y marzo del año pasado, pero antes me tomé unos 25 días para recorrer diferentes capitales y ahí estuve viendo muchas artes escénicas y no sólo teatro. De alguna manera mucho de lo que ví me movió algunas bases y creencias de formas que venía construyendo teatralmente. Por eso este espectáculo es muy diferente a todo lo que había hecho anteriormente. Intenta dialogar con esas estéticas porque si bien ya hemos tenido un acercamiento a trabajar en en un teatro europeo, de alguna manera es hallar un circuito para intercambiar con estos ámbitos.

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