Escenario

Payasos, risas e inclusión

La Escuela Municipal de Artes Urbanas mostró su proyecto de circo barrial en el festival Payasadas.

Domingo 03 de Diciembre de 2017

El mate reúne y la vecindad también. Las mamás intentan contener a los más chicos mientras entre el público aparece un extraño payaso, longilíneo y que habla francés. Su partenaire, de estatura corchórea, lo asiste cargando una valija. Algunos miran con desconfianza y otros con la boca abierta. Esta vez no hay perros. El Polideportivo Las Flores de Cantu al 6200 está de fiesta porque asociado al Festival Payasadas promete una tarde de risas, sorpresas y emoción. Nadie saldrá defraudado porque allí están los payasos y los acróbatas de la Escuela Municipal de Artes Urbanas (Emau), y lxs chicxs, jóvenes, adultxs y adultxs mayores del barrio, mostrando a sus familiares y amigos lo producido en sus actividades deportivas y culturales durante 2017.

El acontecimiento es parte de los proyectos de extensión de la Emau que si bien se implementan desde hace seis años, tiene su génesis en la fundación de la propia escuela en 2001 y su posterior asentamiento en el Galpón 15, en el Parque a la Bandera. Este en particular se denomina Circo de Barrio, en reemplazo de Circo Social, su anterior nombre.

El director de la Emau, Marcelo Palma, y el del Polideportivo Las Flores, Carlos Pintos, coinciden en señalar el carácter horizontal de la propuesta donde nadie tiene el saber ni el poder, y consiguen trabajar al unísono para la gente del barrio.

"En esta articulación con la Escuela aprovechamos para hacer nuestro cierre de año", destaca Pintos, quien agrega: "Es un cierre simbólico porque el Polideportivo funcionamos durante todo el año". La referencia es a la colonia de vacaciones (con inscripciones desde el 11 de diciembre) que irá del 18 de este mes al 18 de febrero con las Piletas del Saladillo incluidas. Hoy la institución municipal del sur rosarino atiende a unas 150 personas de todas la edades en diferentes actividades.

Los artistas. Taboga e Isabel serán los conductores del evento que arranca allá arriba. Sí, del armatoste que sostiene las telas y el trampolín, esenciales compañeros de lxs acróbatas. Primerean las chicas de telas que asustan a las abuelas con sus piruetas y demuestran lo aprendido en un año de trabajo con Verónica Bigatti. La profe no les saca los ojos de encima al quinteto y el aplauso final es casi un desahogo.

A Michelle, de 13 años, le gusta lo que hace y promete seguir entrenando. Y cuando se le pregunta si es difícil estar allí colgado responde "no" al que le sigue un "si te lo proponés...". A Nicol le pica la curiosidad y se acerca. "Me encanta", afirma sobre su experiencia y espera volver a actuar "en el centro", en el galpón de la Emau, como lo hicieron en noviembre. Está igual de ataviada y maquillada que su compañera, parecen mellizas, al igual que Tania, Maia y Melani. Las intenciones de las chicas van en consonancia con uno de los objetivos del proyecto: "Más allá de lo lúdico pretendemos que los chicos piensen en la posibilidad de ser artistas. Por eso los ponemos en contacto con otros que están estudiando y son semi-profesionales. Que vean que no están tan lejos y que se puede vivir de esto", explica Palma.

Sueño cumplido. El armazón es ahora patrimonio de la pareja de acróbatas de Ezequiel y Julia que, bamboleándose en su trapecio, causan el asombro de los presentes. También habrá una demostración de Kung Fu y un desternillante cierre con los payasos-animadores del principio.

Sentadas en primera fila, las chicas de gimnasia y yoga no se pierden nada. Entre ellas, Narda, de 80 años, se lamenta de no haber preparado un acto junto a sus amigas, porque sabemos "disfrazarnos y divertirnos".

En Las Flores el sol se esconde detrás de las casas bajas y, a contraluz, el polvillo de los mejorados desmejorados le dan al barrio un halo etéreo. El mismo aire por el circulan las bolas con la que un malabarista hace su número.

El pibe llegó a la Emau tras haber dejado la educación formal y rápidamente se puso a entrenar. Aunque, por obligación, para poder recibirlo, la escuela municipal lo alentó a estudiar. Hoy Blanquito está en tercer año y en carrera. Y el director de la Emau lo presenta con el orgullo de haber cumplido con su trabajo de incluir a ese chico, como a tantos otros.

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