Escenario

Patricia Suárez: "Todos los años coqueteo con volver a Rosario"

La dramaturga rosarina radicada en Buenos Aires es la autora más representada en el circuito off de la escena porteña.

Domingo 05 de Enero de 2020

Decir que Patricia Suárez es "prolífica" suena a bastante poco. Ella misma asegura con total naturalidad que ya escribió 200 obras de teatro. Y también habría que contar las novelas (se consagró en 2003 con el Premio Clarín Novela a "Perdida en el momento"), los libros de poesía, de cuentos y su producción de literatura infantil. Pero ahora la escritora rosarina sumó un nuevo hito: de acuerdo al sitio Alternativa Teatral, se convirtió por segundo año consecutivo en la dramaturga más representada en las salas de teatro del circuito off de Buenos Aires. Las obras de Suárez (autora de "Las polacas", "Adefesia", "El corazón del incauto", "La maldecida de Fedra" y "La dificultad", por citar algunas) tuvieron 19 representaciones, y detrás se ubican nombres como Federico García Lorca (18 puestas), William Shakespeare (16), Carlos Gorostiza (15) y Mauricio Kartun (13).

Por teléfono desde Buenos Aires, donde está radicada hace tiempo, la narradora aclaró: "Esas son las obras registradas por Alternativa Teatral. Pero si se contabilizan las puestas que se hicieron en el interior y en el extranjero suman como 30". En charla con Escenario, la autora que ganó tres premios Estrella de Mar y obtuvo galardones del Instituto Nacional del Teatro y de Argentores, habló del oficio de escribir teatro, de la imposibilidad de vivir de la dramaturgia y de cuánto extraña Rosario.

—En 2019 tus obras se representaron más que los clásicos de Lorca y Shakespeare en el teatro porteño. ¿Por qué te parece que se da este fenómeno?

—No tengo la menor idea de por qué sucede. Yo estoy súper agradecida. Y sobre todo estoy agradecida a los directores y actores que son los que apuestan por los proyectos, y al público, que te convierte en un autor. Un autor que escribe teatro pero que no estrena no es un autor, es como alguien que no publicara.

—¿Cuál es tu obra más representada o más emblemática?

—Creo que "La Varsovia", de (la trilogía) "Las polacas". En Rosario la hacen seguido y ahora la están haciendo en Buenos Aires, donde le cambiaron el final. Además hicieron un musical que se llamó "Las polacas en Washington". Y también la están representando en México, en Veracruz. Es gracioso lo que pasó con esa obra. Cuando sos rosarina siempre te dicen "uy, acá estuvieron las polaquitas" (en referencia a las mujeres que eran traídas de Europa tras la Primera Guerra Mundial para trabajar como prostitutas). Yo la escribí porque me daba rabia que los rosarinos hablaran en ese momento de manera pícara de las prostitutas polacas y las mujeres esclavas. Cuando la escribí pensé que nadie la iba a querer representar, que a nadie le iba a interesar algo que había pasado en los años 30, y ahora no hay año en que no sea representada.

—¿Por qué pensás que tus textos son atractivos para los directores? ¿Qué te comentan ellos cuando te hacen una devolución?

—Cuando empecé a escribir a mí me gustaba mucho introducir el humor, incluso en una historia dramática o trágica. Y eso le daba mucho trabajo a los actores, que decían: "¿Cómo se van a reír de un abuelito nazi si fue un degenerado?". Sin embargo, con el tiempo el contexto fue cambiando. La risa ya no tiene que ver necesariamente con un juicio de valor. A mí me gusta trabajar el humor dentro de los textos, junto con la contradicción y las emociones. Y supongo que el público se emociona con eso. Hace unos años fui a Rafaela y llevé una trilogía de una historia sobre mi abuela, y la gente que estaba en el teatro me preguntaba: "¿Pero vos conociste a mi abuela?". Creían que era una historia que hablaba de ellos. Se la apropiaron. Todos tenían una tía o una abuela que se parecía a mi historia. La gente se reconoce porque los dilemas son universales.

—Entre novelas, obras de teatro, libros de cuentos y poesías tenés una producción impresionante. Uno podría deducir que estás todo el tiempo escribiendo. ¿Es así?

—A mí me gusta muchísimo escribir. Y a medida que pasa el tiempo accedés con mayor habilidad y rapidez a la cabeza de los personajes. Es un oficio. Trato de escribir todos los días. Y hay algo que no es menor: yo vivo de lo que escribo. Y no es un oficio en el que se gane mucho dinero. A mí tampoco me gusta poner unos derechos de autor altísimos. Yo cobro el derecho de autor normal, legal y universal de Argentores, y eso también te obliga a estar escribiendo todo el tiempo.

—¿Se puede vivir de la dramaturgia? ¿Cómo se maneja el tema de los derechos?

—No, no se puede vivir de la dramaturgia. Me lo dijo (Mauricio) Kartun hace 20 años atrás. Y yo le respondí: "Sí, yo voy a poder". Pero no. Tenés que tener mucha suerte y que muchos grupos hagan tus obras. El derecho es el diez por ciento de la entrada, y en el off las entradas están alrededor de 200 pesos. Es imposible vivir con eso. Pero la dramaturgia te abre muchas puertas, conseguís reconocimiento más rápido que siendo autor de libros. La lectura es algo que se hace en solitario. Acá vos estás en un auditorio con 20 personas más que están aplaudiendo y disfrutando, y eso lo podés comentar con otras personas.

—¿Sos obsesiva con las correcciones o te soltás cuando escribís?

—Corrijo mientras estoy escribiendo todo el tiempo. Y para mí hay otra parte de la dramaturgia que es esencial: el texto está siempre abierto a que el director haga sus correcciones y marcaciones, porque es gracias a ese director que tu texto llega a escena. Hay gente que se resiste completamente a que el director les cambie algo, pero a veces es necesario porque vos, como autor, no te das cuenta de que hay cosas que no funcionan sobre el escenario. Vos estás encerrado con el cuentito en tu cabeza. El director es como un punto de inflexión muy importante para mejorar el texto.

—A principios de 2019 dijiste en una entrevista: "Los autores somos siempre los menos estrellas del cosmos". ¿Cómo hacen para convivir con los directores y los actores que, generalmente, aunque no sean famosos, tienen algo de estrellas?

—Tenés que tener humildad y un ejercicio de paciencia bastante importante para no pelearte con nadie. Hay que tener en cuenta que ellos siempre tratan de llevar adelante el mejor proyecto posible. A veces sale bien y a veces sale mal (risas), entonces hay que tomarlo con filosofía.

—¿Te interesaría escribir para el cine o para la televisión?

—Sí, totalmente, ojalá me llamen. En realidad he escrito cosas, pero no ha habido suerte. Ese tema de los proyectos que no cuajan... Y los últimos años, en materia de Cultura, han sido un poco difíciles. La ficción en la tele y en el cine es muy costosa de producir. El teatro, en cambio, lo podés ir armando de a poquito, no necesitás tantos recursos.

—¿Venís seguido a Rosario?

—Sí, una vez por mes voy seguro. Extraño mucho. Apenas llego a Rosario siento que el olor de los árboles y de los pajaritos está en las calles. Y me pregunto: "¿Qué carajos hago viviendo en Buenos Aires?" (risas). Yo soy rerosarina. Si un año no trabajo en Rosario me muero. Todos los años coqueteo con volver a Rosario, pero tengo a mi hija acá en Buenos Aires y mi marido una vez por semana me dice "nuestro lugar es este" (risas). Es muy difícil vivir acá. Hay algo que tiene que ver con la solidaridad entre la gente que en Buenos Aires no existe. En Rosario sí existe, por suerte.

Talleres, novelas y orgasmos

Los planes de Patricia Suárez para 2020 son muchos. En principio contó que recientemente terminó de dar un seminario de dramaturgia en la Escuela Provincial de Teatro, donde se produjeron “cuatro obras muy buenas que se van a mostrar en febrero”. En abril dictará un taller de microteatro en el Parque de España, y también se publicará su novela “Ambar” (editorial Baltasara), que gira sobre “la historia de una periodista y el azar de la vida”. Además la narradora adelantó que está escribiendo un libro sobre el orgasmo femenino. “Es un pequeño ensayo para un portal de libros”, anticipó.

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