Escenario

Para olvidar por un rato el Mundial de Fútbol

Tanto algunas series como algunos partidos nos ponen a un click del cielo y el infierno.

Domingo 24 de Junio de 2018

Fue Matt Groening —cuya nueva serie animada "Disenchantment", sobre una princesa alcohólica, se estrenará en Netflix en agosto— el que dijo una vez que no entendía cómo podían haber personas que, existiendo el Infierno y los demonios, se fascinaran con el fútbol (se refería al americano) o el béisbol. La ironía del creador de "Los Simpsons" —donde supo interpretar como pocos esa fascinación masiva por los deportes más populares— fue menos una afirmación de sus gustos y lecturas personales que el gesto de señalar tradiciones y figuras que a través de las épocas hallan nuevas expresiones en los lugares menos pensados.

Los que aún ven en el fútbol la pantalla edulcorada que disfraza la mátrix conviene que se enteren de que todas las pantallas tienen por objeto distraernos de materia terrible con la que se construyen los hechos. Incluso las que nos muestran series, desde hace ya una década el nuevo territorio de la imaginería colectiva y el ejercicio individual.

Con una diferencia horaria de entre 5 y 6 horas, los partidos del Mundial de Fútbol que se juega en Rusia dejan al televidente argentino más afortunado buena parte de la tarde para entretenerse con ficciones que pueden verse por Netflix, el servicio de streaming más frecuentado, o HBO Go y, en el caso de quienes aún se descargan episodios vía torrents, la oferta es superadora: las nuevas series de Hulu ("The Handmaid's Tale" segunda temporada), Audience (una electrizante remake de "Los tres días del cóndor" (1975) llamada "Condor" y protagonizada por William Hurt) o Paramount Network (donde acaba de estrenarse "Yellowstone", en la que Kevin Costner tiene el papel principal).

PARA EMPEZAR. Los curiosos interesados en el país que primero enfrentó a Argentina —a la que le queda una chance en esta copa del mundo—, pueden espiar Islandia a través de "Trapped" (2016), la serie islandesa de 10 episodios que transcurre en una pequeña población portuaria al sur de Reikiavik, aislada por una tormenta de nieve, donde unos policías que no usan armas acaban de descubrir el torso de un cadáver mutilado. Además de ser el país cuyo primer ministro renunció en 2016 cuando se supo que tenía dinero escondido en una guarida fiscal, lo que "Trapped" nos muestra del país (una isla cuya superficie es menor a la del territorio santafesino, con una población total equivalente a la de Santa Fe Capital) es el lugar en el que lo deja una globalización que busca nuevas rutas de navegación y en su derrotero deja sobre la playa la resaca del narcotráfico y la mafia. Mientras tanto, al interior de la comunidad, percibimos el enfrentamiento entre citadinos —los detectives de Reikiavik que no pueden llegar por la nevadaEM_DASH y locales, así como el carácter endógeno de una comunidad que de repente se descubre sorprendida por las tentaciones de un mundo que desciende en la costa con toda su crueldad.

A otro nivel, se parece al panorama que pintaba la serie "Wallander" —de la BBC, basada en las novelas de Henning Mankell—, cuyas cuatro temporadas ya no están en Netflix.

La Noruega petrolera y políticamente correcta, con modestas y modernas tropas al servicio de la OTAN en Medio Oriente, es de algún modo el meollo de "Nobel", una miniserie noruega de 8 episodios que Netflix ofrece desde fines del año pasado.

Pocas series como "Nobel" —y ahora "Condor", que ya lleva dos episodios emitidos en Estados Unidos a través de Audience— señalaron con tanta claridad el rol de las fuerzas armadas en conflictos bélicos: el apoyo estratégico de las empresas nacionales, lo que un economista rosarino que trabajó en el Banco Mundial llama "la ferretería".

La trama se desarrolla en torno a negociaciones por la explotación petrolera, el frente de batalla en Afganistán y, lo que da título a la serie, la contradictoria elección del premio Nobel de la Paz, el único de los galardones que se decide en Oslo, a diferencia de los otros, con sede en Estocolmo, Suecia.

Dinamarca, otro de los países con su selección en el mundial, tiene una serie de 8 episodios estrenada en Netflix el 4 de mayo pasado (la plataforma ya anunció una segunda parte para el año próximo). "The Rain" ("La lluvia") es básicamente, una versión aggiornada de "Hansel y Gretel": los dos hermanos que en la serie se pierden en el bosque no quedan encerrados en una casa de chocolate sino en un refugio antinuclear. Es que una lluvia que descarga un virus letal diezmó el país y nuestros héroes permanecerán seis años encerrados, con un padre que, en lugar del leñador del cuento original, es uno de los científicos que desató la plaga.

A diferencia de los dramas de supervivencia posapocalíptica como "The Walking Dead", "The Rain" es menos el enfrentamiento con una humanidad barbarizada que la reconstrucción de un origen cifrado y de algún modo prometido, pero siniestro.

DOCUSERIES. Superado este primer momento de "conocimiento del otro", hay más series. Si el distraído lector no vio todavía "Fargo" —se emitieron tres temporadas en FX (la versión alternativa y políticamente incorrecta de FOX), pero Netflix sólo ofrece dos—, se trata acaso de una de las mejores narraciones de la plataforma, no sólo por cómo expande el universo de la película de los hermanos Cohen de fines de los 90, sino por el modo en que logra transfigurar ese "mal" —que en el film era violencia bruta y arbitraria— en algo ominoso y al borde de los sobrenatural.

Pero Netflix impulsa también las series documentales, a los más frecuentados, como "La XIII enmienda" (sobre el sometimiento de los afroamericanos a la esclavitud durante su historia y en la actualidad, a través del privatizado sistema carcelario, que puede completarse con la ficción "Seven Seconds", diez episodios que llevan la firma de Veena Sud, creadora de "The Killing"), el reciente "Trump: an American Dream" (con un deslumbrante acopio de archivo audiovisual en cuatro episodios imperdibles) o "Hambre de poder" (originalmente "The Founder"), sobre la creación de la cadena de hamburguerías McDonald's, se sumaron ahora "Bobby Kennedy for president": cuatro episodios sobre la trunca carrera del hermano menor de John Fitzgerald hacia la Casa Blanca antes de que culminara la guerra de Vietnam que muestran con cierta crudeza al principio los límites de un hombre progre (Robert Kennedy había participado de la comisión McCarthy en los 50, aquella infernal caza de brujas en la que, entre ciudadanos comunes, muchas estrellas del cine y músicos fueron acusados de comunismo y perseguidos) antes de interesarse por los pobres y la población negra. Enseña, a la vez, las cualidades ineludibles que tiene que ostentar un candidato a presidir la cabeza del imperio, más allá de su carisma universal.

Pero el documental que se lleva todos los premios —por su esmerado y sostenido punto de vista, por el material de archivo que recoge, por lo puntual de su relato y lo universal de sus alcances— es "Wild Wild Country": el título está tomado de "Drover" (arriero) uno de los temas del último disco de Bill Callahan que comienza con la enigmática frase "La gente verdadera ya se fue".

En seis episodios y a través de testimonios, imágenes y filmaciones de archivo, "Wild Wild Country" narra el enfrentamiento, a principios de los 80, del gurú Bhagwan Shree Rajneesh (más conocido como Osho, un hindú que llegó a acumular unos 90 Rolls Royce entre otros objetos de prestigio) y sus seguidores con la pequeña comunidad del condado de Wasco, en Oregon, cuyos habitantes se vieron de pronto invadidos por profesionales y agentes de bolsa de Wall Street que encontraban en la práctica de yoga que ofrecía Osho una forma de liberar la mala energía que traía su trabajo.

Las preferencias de Matt Groening del principio son acaso las universales: descendemos del cielo al infierno en una serie, pero también en un partido de la deprimida selección argentina.

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