Escenario

"Para los que venimos del cine las series son un lugar para experimentar"

El famoso actor Gael García Bernal produce y protagoniza "Aquí en la Tierra", thriller político sobre los crímenes y secretos de una de las familias más influyentes de México

Lunes 23 de Abril de 2018

Gael García Bernal se metió de lleno en el apasionante mundo de las series. El famoso actor mexicano es uno de los creadores de "Aquí en la Tierra", un thriller político sobre los crímenes y secretos de una de las familias más influyentes de México y un ambicioso retrato de las contradicciones y entresijos del poder en las democracias latinoamericanas. La serie se estrenó el viernes en la señal Fox Premium Series, y toda la temporada, compuesta por ocho episodios de una hora, está a disposición on demand en el acceso premium de la app de Fox.

Esta ficción, que participó de la competencia de la primera edición del Festival Internacional de Series de Cannes (Canneseries), fue ideada por García Bernal, el director y guionista Kyzza Terrazas y Jorge Dorantes, y además lleva el sello de la productora Corriente del Golfo, que el actor de "Amores perros" fundó con su colega y amigo, el también mexicano Diego Luna.

Rodada en Ciudad de México y en Montreal, "Aquí en la Tierra" relata la historia de dos jóvenes provenientes de distintos orígenes cuyos caminos se cruzan en la infancia: Carlos (Alfonso Dosal) nació en una familia poderosa, rodeado de lujos y privilegios, mientras que Adán (Tenoch Huerta) es el hijo de la custodia de la familia de Carlos y creció como testigo de su riqueza y poder.

El homicidio del padre biológico de Carlos, un importante funcionario judicial anticorrupción, iniciará un thriller de tramas ocultas y personajes oscuros que envuelven al poder mexicano.

En el elenco participan Daniel Giménez Cacho (el protagonista de "Zama"), Sofía Sisniega, Yoshira Escárrega, la colombiana Paulina Dávila y la española Ariadna Gil. García Bernal, quien también personifica a un misterioso hombre que se mueve en las sombras de la política, dirigió el inquietante primer episodio de la serie, la punta de un ovillo que reclama paciencia para ser desenrollado. Es que la propuesta de "Aquí en la Tierra" elige brindar información a cuentagotas, y sólo paulatinamente se irán revelando las intrigas y secretos sobre los que se construye el poder.

En un alto entre las funciones de "Ejercicios fantásticos del Yo", la obra teatral que protagoniza en el Teatro Coliseo de Buenos Aires, García Bernal conversó con Télam acerca de la serie, la familiaridad de la trama con la realidad latinoamericana y sobre la modalidad actual de ver este tipo de programas "en maratón".

—¿Cómo nació "Aquí en la Tierra"?

—Tiene una génesis bastante orgánica, porque viene de un proyecto que en algún momento Terrazas y yo queríamos hacer. Queríamos hacer una miniserie en torno a este tema, con esa libertad que la televisión te da para experimentar y jugar. La queríamos hacer ya en una época en la que todavía en Latinoamérica no se hacían series, hace diez o doce años.

—¿Y por qué ahora? ¿Creés que la evolución del formato en los últimos años y la inversión de las compañías habilita proyectos más ambiciosos, con un tratamiento cinematográfico como "Aquí en la Tierra"?

—Desde luego, pero también lo que es interesante es que casi la absoluta mayoría de los que estamos en esto venimos del cine. Para nosotros este fue un lugar para experimentar, para jugar. Se filma como una película rápida, pero con todos los elementos a tu alcance para poder hacer lo que quieras. Jugando empiezas a diseñar un punto de vista, un tratamiento.

—¿Por qué querían contar esta historia?

—El tema principal es la herencia, y eso es como el motor. No sólo en la historia sino el motor simbólico.

—La herencia aparece como la marca de un padre, pero también como el peso que una clase política deja en la historia de su país...

—Se habla de las herencias en todos los niveles. Los problemas que uno hereda, pero las ventajas que uno hereda también. En la serie vemos a personas que nacieron ya en una situación condicionada y que tienen que moverse y resolverlo. Todos nacemos condicionados de alguna manera. Yo nací en una familia de actores, luché por no ser actor y mira (risas). Claro que el tema de la herencia no es nada nuevo, diría que es shakespeariano, e incluso griego.

—¿Cómo es "El Pájaro", tu personaje?

—Es un "movedor", es una especie de vampiro que lleva muchos años moviendo las aguas intermedias. Siempre tiene que haber una persona así en estos juegos políticos. Pronto sabremos sus motivaciones, pero es una de esas personas que todos reconocemos, que está ahí en la oscuridad, en las sombras, que de alguna manera es inocente pero de otra también es cómplice.

—También dirigiste el primer episodio, ¿cómo es estar detrás de cámara sabiendo que vendrán otros con su propia impronta?

—Se trató de encontrarle el tono. Hay algo muy interesante que pasa en esta serie que es que no hay un formato establecido o cerrado de cómo tiene que ser filmado. Por eso cada director le imprimía un juego distinto. Hay una línea dramática muy sólida, que se mantiene, pero también hay libertad para que los directores vengan y jueguen y hagan algunos malabares.

—La puesta de cámara juega todo el tiempo con lo que se ve y lo que no, con planos que colocan al espectador como "espiando" las acciones.

—Sí, entre todos definimos ese punto de vista. Los escritores tenían en mente esta historia de diferentes velos que se van corriendo y que debajo hay otra historia y otra historia y así sucesivamente. La idea es que vas rascando la superficie y la historia se va poniendo más compleja. La parte visual responde un poco a eso, que siempre estaba todo hecho como a escondidas. Es el "lo viste o no lo viste", la versión oficial en contraposición con lo que pasó en realidad.

—¿Creés que el espectador que no es mexicano se va a sentir identificado?

—Siento que si hay un lugar donde va a haber una especie de apropiación de la serie va a ser en Latinoamérica. En otros países quizás va a causar otra impresión, pero aquí creo que vamos a reconocernos cuando la veamos. Tampoco el objetivo es hacer una historia sobre la realidad de las cosas, sino más una fábula sobre este contexto que todos conocemos de alguna forma, del juego de la política. No sólo de la élite política sino también de cómo se manifiesta la voluntad del pueblo, y eso siento que son temas universales y que en Latinoamérica están en juego constante.

—¿Creés que la serie puede verse bajo la modalidad de "maratón" o necesita de cierta "digestión"?

—Depende del espectador. Hay quien puede ver ocho capítulos de una serie en un fin de semana, pero a mí es algo que me ha pasado sólo un par de veces. Siento que es una serie bastante ambiciosa que quizás va a ser necesario tomarse un tiempito entre capítulo y capítulo, o entre dos y dos. Sí me parece que está muy bien que estén a la mano. Hoy vivimos una vida en la que uno quiere poder ponerle play a las cosas y verlas, y no tener que esperar a determinado horario para ver una serie.

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