Escenario

Osvaldo Laport se pone en la piel de un cantante en crisis en "Bandido"

La película dirigida por el cordobés Luciano Juncos está en cartel en Rosario. "Cada día tenemos una nueva oportunidad de reinventarnos", dijo el realizador

Sábado 10 de Abril de 2021

Después de abrir la última edición del Festival Internacional de Cine Independiente de Buenos Aires (Bafici), ya está en las salas rosarinas “Bandido”, el elogiado filme del director Luciano Juncos protagonizado por Osvaldo Laport. La película aborda la historia de un músico popular que, agobiado por su carrera, pierde la motivación para cantar. Según comentó Juncos en charla con Télam, el largometraje busca reflejar que “existe una libertad en las personas para poder retomar el rumbo. Es difícil, con dolor y rupturas inevitables, pero con la posibilidad que late adormecida aún en los corazones más duros”.

La película narra la historia de Roberto “Bandido” Benítez, un cantante de música popular que entra en crisis con su carrera, y al tiempo que prepara su despedida con un último disco es víctima de un robo, suceso que lo lleva a reencontrarse con un amigo del pasado y con un reclamo social, hechos que le darán la oportunidad de recuperar la pasión para volver a cantar.

Esta trama “se sumerge en las entrañas del dolor para salir a la superficie y volver a respirar. Es un relato que busca reflexionar sobre la idea de que cada uno de nosotros tenemos la posibilidad de elegir. Nunca es tarde para dar un giro en nuestras vidas y avanzar en dirección a nuevos estados de conciencia”, agregó el también realizador de “La laguna” (2013).

La historia “es tan optimista como existencialista, porque la libertad muchas veces se convierte en una condena, y aquello que nos libera es lo que nos duele. Pero cada día tenemos una nueva oportunidad de reinventarnos”, abundó el cineasta y guionista cordobés.

—¿Cuál fue el disparador de esta historia?

—El disparador del guión fue el ocaso. Tanto a Renzo Felippa —coguionista— como a mí, siempre nos sedujeron aquellos momentos donde las luces se apagan. Esos personajes que caminan entre sus propios fantasmas y viciados de una vida agotada. Todo comenzó con esa idea de realizar el recorte en la vida de un personaje, que luego de obtener todo se encuentra atrapado en un laberinto sin salida.

—¿Cómo describís a Roberto “Bandido” Benítez?

—El es un artista que no pasa desapercibido, es aquel músico con el cual muchas parejas se conocieron en los años ochenta y cuyas canciones se eternizaron en las radios. Es un romántico confeso, que no acepta los mandatos de la modernidad y se niega a traicionar su estilo. Es por esto que a medida que su público envejece sus fronteras se estrechan. Roberto se ha convertido en un músico de teatros y salones, de grandes éxitos, de saco y camisa. Y aunque podría retirarse y vivir de las regalías, un compromiso lo lleva a otro, atrapándolo en un interminable laberinto de producción que lo asfixia.

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El director Luciano Juncos durante la filmación. 

El director Luciano Juncos durante la filmación.

—¿Qué lo llevó a la crisis que atraviesa?

—El personaje siente que ha perdido lo más preciado para él, sus ganas de cantar. Algo está roto. Con el paso de los años cantar se ha vuelto un buen negocio, pero Roberto sabe que existe un abismo entre lo que predica y lo que vive. Sus canciones hablan de amor, de juventud, de vida, y él siente que esas cosas ya no le pertenecen. Se encuentra estancado y solo.

—¿Cuál es el punto de inflexión para el cambio del personaje?

—El reencuentro con un antiguo músico de su banda sacude los cimientos del personaje. Aquel viejo amigo se levanta como la antítesis de la vida de “Bandido”. No tiene fama, no tiene dinero, pero vive satisfecho y la música no es su sustento económico, la hace sólo por pasión. Ambos representan dos caminos distintos que trajo el devenir, cada uno eligió y obtuvo lo que cosechó. Lo interesante del encuentro es que se dan cuenta que aquella conexión es beneficiosa para dos mundos distintos. La salida de su zona de confort le brinda a “Bandido” una posibilidad de cambio, una fractura en su vida que le permite traspasar las fronteras de la música y sentir una vez más el latir de la gente.

—¿Qué le provoca a este hombre volver a sus orígenes e involucrarse en una causa por la cual luchar?

—Cuando Roberto encuentra motivos para expresarse, su carrera ya no importa. Lo único que quiere es cantar. De hecho, para poder decidir libremente debe poner en jaque todo aquello que construyó por años. Los cimientos de su carrera, al menos como los conocía hasta el momento, se verán fisurados.

—A partir de la vivencia del protagonista también abordás problemáticas sociales...

—En “Bandido” siempre se buscaron anclajes y coordinadas espacio-temporales que van de la mano con realidades cotidianas. El barrio al que acude Roberto se encuentra luchando para que no coloquen una antena de telefonía en zonas urbanas. Eso es algo muy habitual hoy en día y muchas veces son luchas desiguales, donde la fuerza de la gente no se equipara con el peso de las grandes corporaciones.

Bandido, de Luciano Juncos - trailer

Laport, contra la discriminación y los “intelectualoides”

Osvaldo Laport alcanzó una popularidad increíble como actor de telenovelas, desde el éxito de “Cosecharás tu siembra” (1991) hasta el suceso de “Campeones de la vida” (1999). Por eso, cuando “Bandido” fue elegida para abrir el Bafici, a algunos les sonó extraño, ya que el festival se caracteriza por presentar películas más sofisticadas o under. “El Bafici ha tenido un acto de sensibilidad, con (el organizador) Javier Porta Fouz a la cabeza”, dijo Laport en declaraciones a Infobae. “Yo confieso que estuve sorprendido con la decisión, más allá de la alegría, y entendiendo también que hay un puñado de intelectualoides que deben estar oponiéndose a la decisión, pero bueno, ya está tomada, y a aquellos que hemos transitado el arte en géneros tal vez no tan intelectuales nos da una posibilidad y una oportunidad también”, afirmó.

En ese sentido, el actor fue contundente: “Me parece que la discriminación también está en un puñado de aquellos que se creen intelectuales y no dejan de ser intelectualoides. Por eso me parece que este acto del Bafici se trata de no querer que el festival sea un gueto. Es una buena oportunidad para entender que el arte, si es genuino, se puede hacer en cualquier rincón del planeta”, concluyó.

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