Escenario

Opinión: Las cosas del querer

Viernes 11 de Enero de 2008

Lo publicó la Pelo, que en esa época era la Biblia del rock. Pink Floyd había sacado un nuevo disco, se llamaba “El lado oscuro de la luna”. La impresión borrosa de la revista no lo dejaba ver con claridad, pero en la portada del álbum un haz de luz blanca se descomponía en un arco iris multicolor después de atravesar un prisma de cristal. “Lo quiero ya”, pensé ni bien terminé de leer la reseña que, sin temor a exagerar, lo elevaba a la categoría de “disco del año”. Pero tuve que esperar un tiempo para que llegara a Rosario. Una tarde, una de las tantas que me pasaba haciendo nada mientras el Winco pedía a gritos un recreo, me avisaron que uno de los Pablos, no sé si Lalo o el Turco, lo había visto en Bigote’s. Me levanté de un salto, revisé en la lata donde atesoraba los vueltos de los mandados y salí disparado a la calle. No vivía cerca de la disquería, así que monté la Graciela plegable, tuneada para correr el Gran Premio de Nürburgring, y pedaleé hasta Echesortu. No tardé en encontrar la tapa negra y reluciente del disco y sin dudarlo me dispuse a comprarlo. “¿Querés escucharlo?”, me preguntó Bigote. “No, me lo llevo”, respondí, mientras extendía los billetes arrugados sobre el mostrador. Quería escucharlo, claro, pero más quería tenerlo. Quería que ese sueño chiquitito, en blanco y negro, que prometía la Pelo fuera mío. Y ya lo era. Lo apreté contra el pecho y volví a casa manejando con una mano.

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