Escenario

“Nunca toqué rápido para que me aplaudan, sólo toco lo que siento”

El guitarrista se presenta hoy junto a su hijo Juan en el teatro Mateo Booz. “La viola se agarra cuando hay algo para decir”, aseguró Luis Salinas.

Jueves 12 de Marzo de 2015

“Si uno no se emociona el público tampoco”, dice convencido Luis Salinas, y eso es justamente lo que siempre trató de transmitirle a su hijo Juan, que tiene tan sólo 15 años y sigue sus pasos con la guitarra. El guitarrista que deslumbró a grandes como B.B. King, George Benson y Hermeto Pascoal hoy regresa a Rosario, pero no se trata de un recital más. Será un concierto a dúo con su hijo, y juntos se presentarán, a las 22.30, en el teatro Mateo Booz (San Lorenzo 2243). El show promete un recorrido por todos los discos de Salinas, que abarcan géneros como el blues, el funky, el tango, el folclore y el jazz, y en la segunda parte se unirán los rosarinos Hernán Flores (bajo), Agostina Bertozzi (percusión) y Alvaro Manzanero (batería). “Es muy especial tocar con mi hijo en Rosario, porque ahí conocí a la mamá de Juan”, recordó el músico. En charla con Escenario, Salinas aseguró que la música “no es una competencia” y explicó por qué eligió quedarse en la Argentina.
  —¿Cómo es la interacción musical con tu hijo? ¿Deciden juntos lo que van a tocar?
  —Sí. Yo siempre le pregunto qué tiene ganas de tocar, porque me parece que el deseo es muy importante y tocar lo que uno siente es esencial. La primera vez que él tocó la viola yo le dije: “Sentí tus notas, escuchá a tus compañeros y disfrutá. No tenés nada que demostrar”. De lo primero que se habló fue del sentimiento. Si uno no se emociona el público tampoco.
  —Uno se imagina que como profesor debés ser exigente. ¿Cómo sos con tu hijo?
  —Yo no me considero profesor, a mí sólo me gusta tocar. De hecho yo nunca le dije que se pusiera a tocar la guitarra. Primero tocaba el cajón, hasta tocó percusión en Rosario en su momento, y después agarró solo la viola. Me acuerdo que fuimos a ver a B.B. King y después a Jeff Beck en el Luna Park y ahí quedó enganchado con la viola. Lo que hago yo es motivarlo y sacar lo que él tiene adentro. Soy exigente en un solo sentido: le digo que si va a tocar, que toque en serio. La viola se agarra cuando hay algo para decir. La guitarra es maravillosa porque tenés todo ahí, la melodía, la armonía, el ritmo, es uno de los instrumentos más expresivos. Pero hay que crecer no para ser más que nadie, sino para disfrutar más.
  —Hace poco afirmaste: “Sólo toco aquello para lo que siento que fui autorizado”. ¿Qué significa esa expresión, “autorizado”?
  —Una cosa es decir “toco de todo porque puedo” y otra cosa es decir “toco diferentes cosas porque las amo, porque tienen que ver con mi historia, con lo que yo escuchaba cuando era chico”. Yo conocí a grandes referentes de cada género, y ellos son lo que te autorizan de alguna manera. Si vos estás tocando un samba brasileño y viene Hermeto (Pascoal) y te dice “tudo bem” estás hecho. Y lo mismo me ha pasado con el candombe, el blues, el folclore y el tango, tocando con B.B. King, George Benson, Mercedes Sosa o Rubén Juárez. Con Tomatito yo puedo tocar alguna rumba o un tanguillo, pero no toco bulerías porque lo de ellos es insuperable. En mi casa sí lo hago, pero para presentarlo ante el público todavía no me animé. Hay que ser respetuoso con los géneros, y no sólo con las notas sino también con lo que está detrás, que es la historia de los pueblos.
  —¿Es cierto que con el tiempo aprendiste a tocar con menos notas, y no tanto “al mango”, como parte de tu público pedía?
  —Yo toqué mucho como acompañante, durante mucho tiempo. Y cuando empecé a tocar solo no paraba de tocar (risas). Pero nunca hubo especulación detrás de lo que yo estaba tocando, nunca toqué rápido para que me aplaudan, yo sólo toco lo que siento. El público no tiene porqué entender de armonía, melodía o ritmo, pero sabe cuando el artista es sincero. Lo que yo siempre quise como músico es tener la técnica y el sentimiento. Con los años uno entiende que la estrella es la música, lo que la música te pide. Antonio Serrano, el armoniquista de Paco de Lucía, me dijo una vez: “El mejor maestro es la propia canción”. La propia canción te dice lo que tenés que tocar y lo que no. La música no es una competencia, es para disfrutar y compartir con los músicos y con la gente.
  —En una entrevista dijiste que tuviste posibilidades de quedarte a vivir en España y en EEUU. ¿Por qué elegiste quedarte acá?
  —En primer lugar porque tenía a mi mamá enferma. Ella se fue muy joven, a los 62 años. Después nació Juan, y yo quería ser un padre presente. Y ahora tengo una nena de cuatro años, Rita, que me hace lo que quiere (risas). Mi sueño siempre fue ser reconocido en mi lugar, en mi país. Me dolía cuando un músico era muy conocido afuera y acá no iba nadie a verlo. Yo disfruto mucho los viajes porque uno aprende, pero también disfruto mucho cuando vuelvo y me encuentro con mis cosas y mi gente. Cuando voy a España toco e inmediatamente después me vuelvo. No me quedo allá diez días paseando. Yo quiero volver y tocar acá, reecontrarme con mi lugar. Para mi carrera hubiera sido mejor vivir en EEUU o en España, porque ahí estás en el centro de todo, pero quedarme en Argentina es una elección que volvería a hacer. Soy una persona muy agradecida con la vida por los hijos que tengo, por la música y mi relación con el público.
  —¿Cómo ves al país ahora, en plena época electoral?
  —A mí no me gusta hablar de política. Para eso está el voto secreto. Sólo te puedo decir que me duele mucho la confrontación que hay, eso de “si pensás distinto sos mi enemigo”. Y lo otro es una cuestión social que venimos viendo desde hace años: chicos que comen de la basura, viejos que están abandonados y enfermos que se mueren porque no pueden pagar los remedios. Ese no es un problema de derecha o izquierda, es una cuestión de sensibilidad. Yo viví en Villa Diamante (en Lanús, provincia de Buenos Aires) desde los dos años hasta los diez, cuando nos fuimos a Monte Grande por la inundación, porque el agua nos llegaba al pecho. Yo ahí viví pobreza pero no miseria. Ahora está la gente que tiene mucha guita y que cada vez tiene más, la clase media que se achica, los pobres y los que directamente están fuera del sistema. También es doloroso eso de “pobre es igual a delincuente o a futuro asesino”. El prejuicio y el racismo me parecen horribles.
  —Tu último disco de estudio es del 2010. ¿Tenés planes para volver a grabar?
  —Sí. Ese disco (“Sin tiempo”) fue una experiencia muy fuerte: grabaron Tomatito, Diego Amador y Spinetta. Fue una de las últimas participaciones de El Flaco. También fue un disco triple y el primero en mi sello, y además fue nominado a un Grammy. Después de eso me tomé un tiempo para ver qué quería hacer. Este año quiero grabar temas propios que tengo guardados y la idea es sacar varios discos de diferentes géneros. También me gustaría grabar con mi hijo.

La diversidad como herencia

Juan Salinas se crió en un ambiente en donde sonaban distintos géneros todo el tiempo. “A él le gustan el flamenco, el jazz, el blues y todos los grandes guitarristas, tanto del tango como del folclore. Pero por la edad que tiene le llegan más el blues y el rock”, admitió el padre. Sin embargo agregó: “El tuvo la posibilidad de conocer a Paco (de Lucía) y es como un sobrino de Tomatito. Tiene una relación fuerte con la guitarra española”, afirmó.

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