Sábado 13 de Julio de 2019

El año pasado, cuando Jack White editó su tercer disco solista y algunos críticos lo vapulearon, parecía que la magia de la gran estrella de rock del siglo XXI empezaba a evaporarse. Y es cierto: “Boarding House Reach” fue un álbum difícil de digerir, y aquel amor incondicional que nos despertó “Blunderbuss” (debut solista del 2012) se veía como lejano. Ahora, esta reaparición con The Raconteurs, después de 11 años de ausencia, tiene un gusto a revancha. Parece que White estuviera diciendo: ¿Me acusaron de autoindulgente? ¿De experimentar y fallar? Bueno, acá tienen rock potente y sin fallas.

Para los que amamos el rock clásico, la edición de “Help Us Stranger” es un festejo y un hermoso recreo. Hasta la odiosa revista Pitchfork, que no fue muy elogiosa con el disco, escribió sobre el álbum: “La banda flota en una felicidad liviana y altiva, en un 2008 perpetuo”. Ja. Cómo estarán las cosas que ya sentimos nostalgia del 2008.

El comienzo del disco con la zeppeliana “Bored And Razed” ya despeina hasta al más indiferente. Y “Help Me Stranger” es bien hit pegadizo de la vieja escuela. En los momentos más reposados a veces el álbum patina, aunque siempre es conmovedor escuchar la voz quebrada de White contra un piano sureño (“Shine The Light On Me”) y Brendan Benson se luce con el lamento de “Now That You’re Gone”. Sin embargo, el brillo aparece más en los pasajes de desmadre rockero: “Don’t Bother Me” te golpea escupiendo resentimiento, “Sunday Driver” es adictiva —con ese riff mugriento que desemboca en un puente psicodélico—, y “What’s Yours Is Mine” salta a la yugular con su funk salvaje. Para dejar patentado el clasicismo del disco, White y Benson eligen rematarlo con una balada épica y crescendo final de violines. ¿Muy de manual? Sí. Pero es un manual virtuoso y el que más nos gusta.

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