Escenario

“No tengo tantos firuletes”, sostiene Alfredo Casero

Un Casero en estado puro: locuaz, vulnerable, irónico, dolido y recuperado, capaz de hacer digresiones inesperadas, a veces poéticas y otras cómicas

Sábado 13 de Septiembre de 2014

Un Casero en estado puro: locuaz, vulnerable, irónico, dolido y recuperado, capaz de hacer digresiones inesperadas, a veces poéticas y otras cómicas. Así llega Alfredo Casero a Rosario para mostrar “Mi hemisferio derecho”, donde hará lo mejor que sabe: hacer reír. “Las mínimas cosas que hago, soy yo”, dice y reivindica su estado de libertad permanente y sin interferencias para crear y hacer lo que le plazca. Y bancarse lo que venga. Casero también contó cómo es su relación actual con Diego Capusotto y Fabio Alberti, adelantó cómo será su película “Cha3Dmubi” y dijo que le produce “alegría” volver a Pol-ka con “Guapas”. La cita será hoy, a las 21.30, en Plataforma Lavardén (Sarmiento y Mendoza).

   —¿Cómo es el nuevo show?

   —No sé si es nuevo, ¿eh?. Yo soy nuevo, voy cambiando. El espectáculo cambia porque voy cambiando. Me di cuenta que no puedo trazar nuevos espectáculos porque siempre, siempre estoy yo. Lo único que digo es “mirá, esto es Casero y su hemisferio derecho”. Voy hacia donde creo que voy yendo. Hice siete shows y fueron todos diferentes, pero muy diferentes.

   —¿El público no espera cosas nuevas?

   —Que yo vaya a Rosario (no significa que) tengo que llevar algo nuevo porque si no, no me vienen a ver. Yo no tengo una relación así, ni con los rosarinos, ni con ninguno de los que me vienen a ver. Porque la mayoría de las cosas que pasan arriba y abajo del escenario conmigo, con un público que yo quiero y entiendo, siempre pasaron desde lo vacío. No aceptan totalmente el barroco. Me aceptan a mí. Yo soy muy feliz haciendo eso. Por eso ¿es una cosa nueva? Yo soy nuevo. Yo voy cambiando todos los días. Yo no soy el mismo que el año pasado, y menos que el del anteaño pasado. Yo estoy en un momento donde ya no quiero pegar el gran batacazo con cualquier cosa que haga. Lo único que quiero es permanecer abriendo esa puerta para que otros también lo hagan. Pero también permanecer haciendo algo que me sale del corazón. Por más que yo ponga pirotecnia o haga cosas que sean vidrios de colores, me parece que la esencia está con el tipo que vas a ver. Soy yo el hemisferio derecho, la parte que tiene derecho a volar y a llevar a la gente a cagarse de la risa de las cosas que yo me río.

   —¿Qué lo diferencia del Stand Up?

   —Eso es lo que sueñan todos los que hacen stand up. Y te dicen “¿qué estás haciendo?” No es stand up. Y “pero ¿qué querés hacer?” Y, lo que se me antoja. Y generalmente hacer stand up no es hacer lo que se te antoja. Se trabaja mucho con el hemisferio izquierdo. La gente ya sabe, e incluso hay muchos que laburan haciendo stand up y cuando se dan cuenta que la gente no se ríe, empiezan a ponerse nerviosos. Es algo pautado.

   —En todos los años que hacés humor, ¿pensás que la gente se sigue riendo de las mismas cosas?

   —Creo que es normal por cómo van cambiando las generaciones. Ese cambio tiene que ver con que “Cha Cha Cha” era la ironía hacia la mentira. “Cha Cha Cha” se adelantó muchísimo a su época porque de lo que nosotros nos reíamos terminaron siendo programas de televisión. Ahora la ironía existe, lo que es increíble es cómo la mentira pasa a ser verdad en tu cara. La realidad supera a la ironía convirtiéndose en una ironía. Ahí es donde no estamos preparados, y porque siempre la mentira puede ser refutada con otra mentira con cara de póker. Y de eso nosotros nos reíamos en “Cha Cha Cha”. En este momento dos tipos pueden hacer mierda a un tercero abiertamente y el otro tiene que demostrar todo lo contrario en un tiempo que no tiene. Ha cambiado la cabeza de la gente. Hay toda una implicancia de la política de hoy, no de estos políticos, de la política de hoy, y cómo está el mundo hoy, en donde tenés que estar atrás de alguien porque si no no sos nada. Sí cambió, cambiaron las generaciones, la forma de pensar, de amar. Cómo no va a cambiar el humor.

   —Ya que mencionás la política, ¿superaste que cuestionasen tus comentarios?

   —No fue un mal momento. En realidad se convirtió en una porquería porque yo voy a decir lo que se me antoja siempre, porque no puede ser que me digan que no tengo que hablar. En su momento, que gracias a Dios ya se terminó, llegabas a decir algo que no le gustaba a “6,7,8” o a todo el aparato, y te destruían. Entonces, destrúyanme . Ya me expuse a donde tenía que exponerme y ahora que quede lo que quede porque no quiero ser hipócrita conmigo, pero fue eso, nada más. Decirle a la gente lo que está pasando es querer hacer pedagogía. Yo no sé si quiero decirle a la gente lo que está pasando. Ya la gente se da cuenta, no es boluda.

   —¿Cómo es tu relación con Capusotto y con Alberti?

   —Con Alberti me veo seguido, recién me llamó Romina Schneider que trabajaba con nosotros, el Petiso Marín es maestro de escuela. No, a Capusotto no lo vi nunca más. Creo que lo vi hace mucho tiempo, y ahora lo veo que habla muy serio, que da opiniones muy serias; como Dolina, se convirtió en un pensador serio, como Saborido, que explican. Lo veo como Piñón Fijo si explicase “no, porque el payaso...”, y habla del payaso... Nada, es una pena no encontrarme con él aunque sea para... Pero voy a lo de Fabio Alberti que tiene un puesto de hamburguesas buenísimas en San Isidro. La gente no se olvida el rostro de la gente con la que yo trabajé y vas a encontrar que todos tenemos una cosa en común: la autogestión y la libertad. Es muy jodido darle amor a gente que por ahí no lo quiere recibir, y yo no puedo dejar de cagarme de risa con Capusotto porque para mí es un payaso genial. Me hace reír mucho. Me amarga un poco cuando lo veo hablar, pero me divierte muchísimo. Es genial.

   —Además todos eran parte de “Cha Cha Cha”...

   —Es un pedazo de “Cha Cha Cha”. A mí me costó mucho porque al terminar cada programa tenían que ver si medía o no medía. Capu tiene la suerte de que en Canal 7 les importa poco si mide o no mide. Lo bueno está en que de alguna manera el Estado le paga para hacer un programa que, como él mismo dijo, “yo me desligo del programa después que lo terminé”. Yo nunca me pude desligar de mi programa, tenía que ir a pelear el próximo programa porque no me daban la guita. Son diferentes rumbos. No pienso igual que él en muchas cosas pero creo que es un grande, que lo abrazaría si me lo permitiera. Más me duele por ahí Alacrán, que no nos dimos más bola, o yo lo llamo y no me atiende. No sé. La gente es así. Para muchos fue muy importante, y para otros eran más importantes ellos. Yo soy esto, no tengo demasiados firuletes. No creo que sea un gran artista, sino que soy un tipo libre.

   —¿La libertad que ejercés te quita público, te importa?

   —Claro, por supuesto. Pero ya abandoné la idea de querer hacer grandes cosas en la Argentina. Las mínimas cosas que hago soy yo. Y no tengo muchas ínfulas. No quiero ganar más plata, pero como tengo que trabajar, porque aparte tengo una especie de obligación con la gente que me quiere... Para un pibe que a lo mejor está inquieto, juntarse le interesa. Nos pasó con los Experimendo, que vino un montón de gente de un montón de lugares. Uno tiene la obligación de que si tenés el don de hacer reír o de movilizar a los otros, tenés una responsabilidad también. Porque tan grande es el don, tan grande es la responsabilidad también de darles lo que te piden.

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