Escenario

"No soy un militante político, soy un ciudadano que cuenta lo que le pasa"

El protagonista de la obra "Un enemigo del pueblo", Juan Leyrado, explicó por qué este polémico texto que expone las tensiones de la democracia tiene todavía plena vigencia.

Viernes 14 de Septiembre de 2018

"Los actores somos muy pasionales", dice Juan Leyrado. Y cuando él habla se nota. Y más si le toca charlar y teorizar sobre "Un enemigo del pueblo", la clásica y controvertida obra de Henrik Ibsen que hoy lo trae a Rosario. Después de agotar localidades en Buenos Aires y Córdoba, y de cosechar excelentes críticas, esta nueva puesta adaptada y dirigida por Lisandro Fiks se presenta esta noche y mañana, a las 21, en el teatro El Círculo (Laprida y Mendoza) con un gran elenco: Leyrado, Raúl Rizzo, Viviana Puerta, Edgardo Moreira, Bruno Pedicone y Romina Fernández.


A más de un siglo de su creación, "Un enemigo del pueblo" sigue interpelando por su vigencia. La acción se desarrolla en una pequeña ciudad cuyas aguas termales son la principal atracción turística y el motor de la economía local. Pero el doctor Thomas Stockmann (Leyrado) descubre en el agua una bacteria, capaz de poner en riesgo la salud de toda la población. Stockmann advierte a los demás del peligro, pero va a tener que pagar un alto precio: enfrentarse a los poderosos de la ciudad y a su propio hermano (Rizzo), que es el intendente.

En diálogo con Escenario, el actor de "Gasoleros" y "Atreverse", entre tantos éxitos, explicó cómo es esta puesta renovada del clásico de Ibsen en la cual el público participa y afirmó: "Esta obra habla de la gente que no tiene un pensamiento propio y después va y vota".

—"Un enemigo del pueblo" tuvo distintas versiones en Argentina. En los 70 incluso fue censurada. ¿En qué pone el foco esta versión?

—Todas las versiones que se hicieron de la obra estaban basadas en el texto que hizo Arthur Miller sobre el original de Ibsen. En los 70 la protagonizó Ernesto Bianco y en el 2007 se hizo una puesta con Beto Brandoni. Esta versión de Lisandro Fiks está trabajada desde el original de Ibsen y la acción se trasladó a un pueblito cerca de Buenos Aires en la actualidad. En una parte de la obra el médico arma una asamblea con el pueblo, y eso siempre se hizo sobre el escenario con actores. En esta versión esa escena se hace con el público. El público pasa a ser los habitantes de ese pueblo, se prende la luz de la sala y la gente participa. En otras versiones al doctor Stockmann se lo ha puesto siempre en el lugar de héroe, pero acá el personaje es para reflexionar. La obra en general no está focalizada en distintos bandos ideológicos o partidarios. Aquí se hace mucho hincapié en la falta de participación del pueblo como veedor de la democracia.

—¿Qué es lo que más te atrae del personaje del doctor Stockmann?

—Lo que más me atrae es su planteo sobre la responsabilidad y la toma de conciencia del pueblo. El habla de la gente que es pensada, que no tiene un pensamiento propio, que escucha y repite lo que escucha y después va y vota. Habla del problema de no elaborar un pensamiento o una idea propia. Eso me parece muy puntual y muy para tener en cuenta en esta época. ¿Qué pasa con nuestra conciencia como ciudadanos? ¿Por qué dejamos que la democracia marche sin nosotros? ¿Por qué sabemos nuestros derechos pero no nuestras obligaciones para con la democracia? ¿Qué votamos? ¿Votamos una cara, votamos un proyecto? Esas son las preguntas que se plantean en la obra, además del hecho de estar presentes en la vida cotidiana del país, desde lo micro hasta lo macro.

—La obra incluso critica el viejo axioma de que "el pueblo nunca se equivoca". ¿Cuál es tu mirada sobre este planteo?

—Debo confesar que cuando yo empecé a trabajar me costaba asimilar esa frase. Yo vengo de una generación en la que eso no se discutía, el pueblo siempre tenía la razón. Pero este personaje me hizo reflexionar mucho sobre esa afirmación y me hace reflexionar todas las noches. Yo no pongo en duda que el sistema democrático es el mejor que tenemos hasta que se invente algo superador, pero desgraciadamente no todo es tan fácil ni tan claro. A partir de esta obra me pregunto: ¿Cuántas veces leí la Constitución? ¿Profundicé en la Constitución, siendo yo un ciudadano que va y vota? Y me di cuenta de que un poco lo había pasado por encima, tanto que me puse a ver en profundidad el tema constitucional (risas). Esto que me pasa a mí es también lo que le pasa al público con la obra. Desde el primer día hemos tenido un éxito extraordinario y la participación del público es increíble: votan, gritan y hablan en la asamblea. El público entra en el juego y tiene reacciones muy interesantes.

—Hay un preconcepto de que el público prefiere obras más livianas, y que le huye a los clásicos que los interpelan en asuntos profundos. Esta obra parece desmentir eso...

—Sí. Acá no se plantean cuestiones intelectuales o que hay que descifrar desde el punto de vista ideológico. Esta es una obra de teatro que tiene momentos para reírse, para emocionarse y para elaborar un pensamiento. No es un planteo intelectual de cómo deben ser las sociedades. Es lo que le pasa a un tipo que piensa que tiene una razón, que la trata de defender y la gente en su mayoría se opone. En todos los clásicos se tocan temas centrales como el amor, la muerte, el miedo, el engaño, el dolor. Son cosas básicas pero no fáciles de transitar (risas).

—En los últimos años muchos actores se comprometieron opinando sobre política. Y vos defendiste la gestión del kirchnerismo. ¿Hay que pagar un precio por manifestarse?

—Mirá... Los actores somos muy pasionales, la pasión es nuestro instrumento, y así apasionados a veces nos equivocamos. Cuando uno va a un programa periodístico y te preguntan por la ley tal, los actores, acostumbrados a interpretar personajes, respondemos como si fuéramos especialistas y se arman unos quilombos bárbaros (risas). Uno cree que sabe más y entiende más de lo que le preguntan. Entonces ahí, en esa situación, fogoneado por el que pregunta, y también recibido por un bando que se pelea con el otro y se hacen bolsa, uno queda en el medio de una pelea mediática que es horrible. Creo que hay que tener cuidado con eso. Yo no soy un militante político, soy un ciudadano que cuenta lo que le pasa.

—¿Y cómo ves al país ahora, con estos cimbronazos económicos?

—El país en este momento necesita un gran estadista que pueda sostener y trabajar desde el conocimiento para sacarnos de este momento tan duro. Los partidos tienen que entender que hay gente que no puede esperar ni un día, ni dos, ni mucho menos un semestre. Los funcionarios hacen reuniones, comen y hablan mientras hay familias que no comieron hace días. No puedo entender que haya funcionarios pidiendo un esfuerzo y tienen la plata afuera del país. Y desgraciadamente no pasa sólo con este gobierno. Creo que ahora estamos como casi siempre pero mucho peor.


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