Escenario

"No quería hacer una película de buenos y malos"

El realizador cuenta cómo es "Joel", el filme que se estrena el jueves en Rosario. El autor de "Historias mínimas" revela por qué decidió abordar el tema de la adopción.

Domingo 03 de Junio de 2018

Carlos Sorín tiene un problema: no sabe filmar películas insensibles. Y ese problema es su mayor virtud. Basta ver algunas de sus realizaciones, como "Historias mínimas", "El perro", "El camino de San Diego", o bien "La película del rey", de 1986, protagonizada por un joven Julio Chávez, para comprobarlo. Y con "Joel", su flamante producción que se estrena el jueves próximo, vuelve a transitar la ruta de la emotividad, pero también la del compromiso, la inclusión, la maternidad y la adopción. "No quería hacer una película de buenos y malos", le dijo Sorín en exclusiva a Escenario, que tuvo acceso a la película antes de su estreno nacional.

   "Joel" cuenta la historia de Cecilia (Vicky Almeida) y Diego (Diego Gentile), una pareja de treintañeros que viven en Tolhuin, un pueblo de Tierra del Fuego donde la nieve parece más cálida que algunos de sus habitantes. Un día los llaman para hacer una guardia preadoptiva de un niño de 9 años. Era el llamado telefónico que habían esperado desde hacía tiempo. Allí empezará una nueva vida para Cecilia, Diego y Joel (Joel Noguera, en un papel inmejorable) y se desandará una trama para reflexionar sobre cómo impacta en el tejido social la adopción de un niño, cuyo pasado no fue entre tortas de cumpleaños, pelotas y juguetes, sino entre armas, drogas y destratos.


   —¿Qué te disparó arrancar a contar esta historia de adopción?

   —Cuando uno empieza una historia nunca sabés si esa historia va a seguir o no, te puede pasar que empezás a entusiasmar con algo y a la semana el entusiasmo desaparece. Y pensás que esa historia no es nada y después empezás otra. Pero cuando empiezo a contar algo quiero que esa historia me vaya llevando. Y ojo, siempre hablar de temas que me interesan, eso tiene que ver con la condición humana. De todos modos no soy consciente con eso de decir "voy a hacer esto o aquello".


   —Pero había en "Joel" algunas cosas que tenías demasiado claras, y se nota en la película.

   —La propuesta era muy general, quería una película cuya protagonista sea una mujer, quería filmar en la nieve porque sí, no por un motivo en especial, y quería trabajar el tema de la adopción. El tema de la maternidad es un tema esencialmente femenino, pero el tema de la adopción tardía es un tema conflictivo para ella, aparte de la significación social, que es un tema posterior.


   —¿Desde qué lugar ponés el foco en el conflicto?

   —Para una mujer que quiere tener hijos y no puede, y de repente la llaman por teléfono y le dicen: "Bueno, acá hay un chico de 8 años, ¿lo quiere o no?". Es algo que desea mucho, y a partir de ese conflicto digo "acá tengo una historia" y después empiezan a aparecer muchas otras cosas, algunas más conscientes, otras menos conscientes, y eso es todo el proceso.


   —En la película hay algo que jerarquiza tu trabajo y es que expone dos ideas contrapuestas sin juzgarlas.

   —Yo de eso estaba convencido muy del principio, y era que no quería hacer una película maniqueísta, de buenos y malos. Y te digo, hay un suceso que me pasó un año antes de trabajar en el guión y que me marcó en ese sentido. Yo tengo varios nietos, en ese momento uno tenía tres años, y estaba yendo a un jardín en un colegio estatal. En cierto momento trajeron a otro nenito de 3, cuya madre tenía sida y el nenito era portador. Entonces hubo una revolución de los padres que no querían saber nada, que no querían llevar más a sus hijos, y cuando me enteré de eso me pareció una cosa tremenda y monstruosa que lo quieran echar al chico. Pero al mismo tiempo surgió una cosa muy fuerte y fue que yo pensé "¿y si muerde o araña a mi nieto?". Entonces vos decís "pueden tener razón". Yo lo que tuve muy claro, creo desde el vamos, era que no quería hacer a los padres malos que se enfrentan, ellos tienen sus motivos y son absolutamente atendibles. En todo caso, los dos padres son víctimas, pero no quería hacer una cosa de buenos contra malos, porque sería muy simple eso. Yo quería ponerlo al espectador en un aprieto, que piensen ellos.


   —El paisaje, como en otras producciones tuyas como "La película del rey", "Historias mínimas" o "El perro", es un protagonista más en esta película. ¿Era distinto contar esta historia desde Tierra del Fuego y no en Capital Federal?

   —Digamos, esencialmente la historia puede ser la misma, de hecho mientras nosotros filmábamos "Joel" pasaba una cosa muy parecida en un colegio de Ramos Mejía, pero yo cuando elijo un lugar así es primero porque me gustan los pueblos rurales. Al mismo tiempo, cuando vas con todo el equipo, que somos pocos, apenas 15 personas, pero vas a 3500 kilómetros de Buenos Aires, empezás a romper lazos con la ciudad, en esas cosas cotidianas como pagar la tarjeta, la boleta de la luz. O sea, no es que terminaste de filmar y cortaste, seguís con el tema en la cabeza, y es como un retiro, que creo que está bueno y le hace muy bien a la película. Y a mí me pasa que después de estar dos meses en alguna región del interior filmando y te acostumbrás a la gente, cuando volvés a Buenos Aires la llegada es muy traumática, ves a la gente tremendamente agresiva. Ahí te das cuenta las grandes diferencias en la forma de ser de la gente de uno y otro lugar.


   —En esta película volvés a apostar a actores sin tanto cartel. ¿Es determinante que tus personajes digan lo que querés decir, más allá de que sean figuras conocidas o no?

   —No, en general soy muy elástico con los textos, no con el sentido del texto, sino con las palabras. Yo quiero que digan más o menos lo que me sirve para avanzar en la escena con sus palabras. Y con los actores soy relativamente exigente con los textos, no soy de los que dicen tiene que decir esto sí o sí. Porque una cosa es escribir el texto en la computadora y otra cosa es escucharlo. Mi experiencia en general es que en los guiones yo escribo muchos diálogos y después cerceno bastante durante el rodaje, porque cuando aparecen el rostro, las expresiones, las miradas, eso dice más.


   —Sin spoilear la película, el final es un tanto anticonvencional. ¿Eso fue elegido durante el rodaje o estaba definido desde antes?

   —El final era una de las cosas que tenía más definida al empezar, en realidad ese final es un final, si bien empieza otra historia. Porque ella decide sobreactuar por su conflicto principal, cuando dice "ahora sí van a ver que soy la mamá". Su decisión se enfrentará a todos, quizá es irracional, pero lo hace en función de su conflicto, que es lo que narra la película.


   —En este momento de la Argentina, en el que se plantean cada vez más la discriminación y la inclusión, ¿tu película tendrá repercusión en el tejido social?

   —A mí me parece por algunas exhibiciones previas que hemos hecho ante el público, por cómo se quedan hablando después, me da la impresión que toca temas que no son indiferentes. Porque no hablan de la película sino de lo que está pasando en la película. Y tampoco fue mi intención, yo lo que quise es contar una historia que mantenga al espectador sentado frente a la pantalla y que pueda reflexionar y emocionarse al mismo tiempo.


   —Con los recortes del Incaa, en este año pasarán de producir de 160 películas a 60 o quizá 80, ¿No es negativo para los que producen cine?

   —Mirá, es un tema muy delicado, yo creo que 150 películas para un mercado como Argentina es mucho, hay que hacer una preselección, y esta preselección siempre es subjetiva, manipulable, cuestionable. En todas partes del mundo donde hay subsidios hay comités de selección, que son rigurosos en lo artístico. Y debería haber más rigurosidad artística que política, pero a veces hay amiguismo. Yo estuve hace dos años como integrante del comité de calificación de películas terminadas y te digo que había muchas películas que yo no hubiese filmado, y no digo películas comerciales como "Los bañeros...", esas que se hagan, le hacen bien a la industria, tienen su público, le dan trabajo a la gente, pero me refiero a otras que son malas. Y no le hace bien a nadie que se hagan esas películas, ni al que las hace, porque además nunca se ven.


   —¿Pero de esta manera no se corre el riesgo de que los jóvenes no se animen a mostrar nuevas ideas, como ocurrió en su momento con el Nuevo Cine Argentino?

   —Por eso te digo que es un tema delicado, y claro que es peligroso, pero hay que debatirlo. Muchos dicen "es censura", pero al mismo tiempo alguna selección hay que hacer.


"Best Seller" y una de Cromañón

Carlos Sorín se toma sus tiempos para filmar. No sólo cuando enciende la cámara, sino también para pensar sus producciones. "Estuve cinco años sin proyectos y ahora estoy con tres, para compensar", dijo entre risas el realizador, cuyo anterior filme fue "Días de pesca", en 2012. "Uno se llama 'Best Seller', que la íbamos a filmar en septiembre y pasó a febrero. Es una película con Leo Sbaraglia y Leticia Brédice, que es la historia de un plagio. Después tengo una serie sobre Cromañon que venimos trabajando hace cinco años. Y la tercera todavía estamos en plena etapa de pre-producción y no puedo adelantar nada".

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