Escenario

"No me gusta vivir de las viejas glorias, para mí lo más importante es el presente"

El famoso actor español Imanol Arias habló de su regreso al cine con una comedia negra sobre los juegos de poder y las presiones dentro de una empresa.

Jueves 21 de Septiembre de 2017

Desde que protagonizó "Camila" (1984), la exitosa película de María Luisa Bemberg, Imanol Arias mantiene un romance con la Argentina que no se cortó nunca. A través de los años trabajó en otros filmes nacionales como "Tango feroz" (1993), "Buenos Aires me mata" (1997), "Esperando al mesías" (2000) y "Eva no duerme" (2015). Y ahora, en la última semana, regresó al país para presentar "Retiro voluntario", su nueva apuesta en la pantalla grande. En esta comedia negra dirigida por el argentino Lucas Figueroa, el famoso actor español interpreta a un ejecutivo de una multinacional que se enfrenta a todo tipo de presiones. La película —que se estrena hoy en Rosario— tiene además un elenco de lujo que incluye a Darío Grandinetti, Miguel Angel Solá y Luis Luque. En una charla mano a mano con Escenario, Imanol Arias habló abiertamente sobre el mundo capitalista actual, los "creativos" años 80 y la demanda millonaria que le entabló el fisco español el año pasado.

—¿Qué fue lo que más te atrajo del guión de "Retiro voluntario"?

—La inteligencia y que tenía muchos sentimientos dentro de la comedia. El guión tiene una forma de ver la realidad sin ocultarla, pero siempre dando una vía de escape, la que menos pensamos, que es salir por donde uno tiene más miedo: juntándote con la calle, juntándote con las víctimas del problema. Me pareció un libro curioso y brillante. Además me tentó la posibilidad de trabajar con actores y compañeros argentinos a los que quiero y admiro.

—Tu personaje es un jefe que se niega a despedir gente dentro de una multinacional. En una entrevista lo definiste como "un tonto contemporáneo". ¿Por qué?

—Porque es un ingenuo y es buena persona. Pero al mismo tiempo es muy actual porque no renuncia al bonus, no renuncia a querer ser el jefe de la compañía o a vivir en un country con una mujer hermosa y envidiada. Tampoco renuncia a ciertos principios: cree que si hay dinero para su bonus no es necesario echar gente. Es un hombre que si no fuera un tonto contemporáneo sería una buena persona fuera del sistema, que es por otra parte lo que finalmente decide ser.

—De esta comedia se deduce que es muy difícil ir contra el sistema y que hay que bancarse las consecuencias. ¿Cómo ves vos al mundo capitalista actual?

—Creo que el ser humano sigue utilizando elementos de entretenimiento, de despiste. Las decisiones que afectan a las multinacionales, a los movimientos económicos y a la globalización cada vez son más lejanas en cuanto a las personas que las toman. Sin embargo tenemos unos representantes que creemos que son los que toman las decisiones. Nos hacen entretenernos con ellos. Nos hacen criticarlos a ellos. Hacen que ellos hagan barbaridades para conseguir nuestro voto. Al final hay un número reducido de instancias y de personas que deciden qué es lo que se hace, qué es lo que no se hace, a quién le va a ir bien y a quién le va a ir mal. El ser humano supera las cosas que no controla cuando se junta con los demás. Los que se creen que somos diferentes unos de otros, que pensamos diferente, no están en lo cierto. Tenemos circunstancias diferentes. Alguien que pone un puesto de choripanes en la calle puede parecer un emprendedor, pero para mí es una persona que trabaja en negro, que está fuera del sistema. Yo creo que hay que darle dignidad atendiéndolo, no dejándolo fuera del sistema. Todos hemos sido jóvenes y hemos visto el mundo con la ilusión de que se podía cambiar. El mundo se desarrolla pero no cambia. No tengo mucha confianza, pero soy optimista con el ser humano. Buscaremos alguna salida.

—En la película hacés dupla con Darío Grandinetti. En medio de la filmación él te confesó que estaba en pareja con tu ex esposa (la actriz Pastora Vega). ¿Fue un momento muy tenso?

—No, recuerdo que nos dimos un abrazo. Yo no lo sabía, él fue muy honesto conmigo, y ahora estoy muy contento de que mi familia esté feliz. Yo conocía a Darío de antes, pero nunca había trabajado con él. La experiencia fue genial, fue como un buen vino y un ojo de bife (risas). Ahora creo que puedo empezar a querer a Darío en ámbitos más familiares.

—Ya pasaron más de 30 años del estreno de "Camila" y hay gente que se sabe de memoria diálogos de esa película. ¿Por qué creés que quedó tan grabada en el público?

—Porque corresponde a una etapa de una ilusión tremenda. Se estrenó en los primeros meses de la democracia y se empezó a rodar dos días antes de que asuma el presidente Alfonsín. Además era una historia de amor, una historia de libertad. Había una parte de "Camila" que podía representar los tiempos oscuros de los que se estaba saliendo. "Camila" es como la primavera: vienes de una zona oscura y te sorprende una luz. La sensación de los primeros días de la primavera, después del frío y de las oscuras tardes, es inigualable. "Camila" tiene que ver con eso. Y además Susú (Pecoraro) estaba iluminada en ese papel.

—¿La viste a Susú en este último tiempo?

—Sí. Hubo un proyecto que no pudimos realizar. Ibamos a hacer "Los puentes de Madison" en el teatro. La versión que ahora están haciendo en Buenos Aires (con Facundo Arana y Araceli González) tenía que ser para nosotros. Pero yo me tuve que quedar en España para seguir filmando (la exitosa serie) "Cuéntame cómo pasó", y fue imposible coordinar los tiempos para hacer la obra.

—Tu vida en la década del 80 fue muy intensa. ¿Cómo recordás ahora aquellos años?

—Los 80 no fueron años de lujo, sexo, drogas y rock & roll, como todo el mundo cree. Pero fueron años muy creativos, donde no se dormía. Los grandes artistas de Madrid trabajaban de noche, con la casa abierta para todos sus amigos. Cuando rodábamos con Almodóvar buscábamos el vestuario del día siguiente por la noche. Yo hice las mejores películas de muchas décadas en ese momento, con ese espíritu. Ahora me considero un sobreviviente de esa época, pero nunca quise quedar colgado ahí. No me gusta vivir de las viejas glorias, para mí lo más importante es el presente. Por eso siempre me mantuve trabajando.

—El fisco español te hizo una demanda millonaria en relación a la liquidación de impuestos por ganancias. ¿Cómo te afectó esa situación?

—Primero fue una sorpresa, porque el problema arrancó con un cambio de ley muy drástico. Eso me hizo contraer un compromiso que estoy cumpliendo. Para hacerte cargo de eso debes vender todo lo que tienes. No es fácil, porque cuando ven que tienes necesidad se aprovechan. Yo lo vivo como una forma de devolver algo que debía, y eso no me sienta mal. Me ha ido muy bien en la vida y no tengo ningún problema con pagar lo que corresponde. Lo mío no es un asunto de dineros públicos ni de ocultación. Tengo una gran deuda con Hacienda porque he firmado buenos contratos y he ganado dinero. Pero ya he devuelto gran parte, y eso me deja tranquilo.

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