Escenario

"No hay que cuidarse tanto, también hay que romperse un poco"

El cantante Pablo Comas habló de "Hambre", un álbum conceptual y visceral que llama a "desobedecer, animarse y pagar los precios".

Jueves 08 de Agosto de 2019

Pablo Comas es todo un personaje: es verborrágico, apasionado y parece decir lo que piensa, lo cual suma varios puntos extra en estas épocas. Es estudiante de Filosofía, y se nota, y es uno de los músicos más singulares que surgió en Rosario en los últimos años. En 2006 formó Alucinaria, la banda que lideró como compositor, cantante, multiinstrumentista y productor. El grupo editó dos discos: "La última rotación del sol" (2012) y "Días de fuerza" (2016), dos álbumes que recibieron muy buenas críticas y llamaron la atención en la escena local. Alucinaria se disolvió sin anuncios en 2017 y un año después Comas decidió encarar un camino como solista. El primer fruto de esa decisión es "Hambre", el disco que presentará esta noche, a las 21.30, en el Complejo Cultural Atlas (Mitre 645).

"Hambre" es un puñado de canciones intenso, cargado de ideas y palabras. El pop barroco y psicodélico que caracterizó a Alucinaria está ahí, pero ahora sobresale más el tono visceral y urgente. "Tengo hambre de gritar", canta Pablo Comas en "Cicatriz". Y en "Campeona" declara: "Sucio el corazón pero vivo de verdad". En el show de hoy estará acompañado por Dani Pérez (bajo), Fabricio Silvestri (guitarras), Pablo Brun (batería), Marcos Ribak (primera guitarra) y Luciano Tourfini (teclados y voces). Es un "dream team" (como él lo denomina) formado por integrantes de Sucesores de la Bestia y Muñecas. Coki Debernardi subirá al escenario como invitado y también habrá otras sorpresas.

En charla con Escenario, el cantante y compositor habló de su nueva criatura, de combatir las frases hechas y del país que se prende fuego.

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—¿Cómo fue el final de Alucinaria y por qué decidiste largarte como solista?

—Nunca hice un comunicado por la disolución de Alucinaria porque me parecía que no le importaba a nadie. Se fueron tres integrantes del proyecto y yo les dije que iba a seguir. Alucinaria, como tantos otros proyectos, era una banda donde había un solo compositor desde siempre. Nunca hubo un trabajo colectivo en las canciones, ni siquiera en los arreglos. Y yo notaba que había una tensión. Cuando los chicos escucharon "Días de fuerza" no se hallaban ahí adentro. De todas formas yo estuve a punto de rearmar la banda y de hecho empecé a grabar "Hambre" como el tercer disco de Alucinaria. "Hambre" es una continuación, pero hubo un cambio de identidad y una ruptura, aunque es más de orden conceptual. Esto sigue siendo una fantasía, pero ahora no tiene que ver con un grupo sino con un nombre propio.

—¿Te daba un poco de vértigo poner tu nombre en la tapa?

—Sí, pero en un momento me dije: "Ya fue. Arreglás los temas vos, producís vos...". No terminé la facu, no me conseguí un laburo decente para poder seguir haciendo esto. Entonces, si vas a poner el cuerpo, ponelo todo. Un poco de vértigo da, pero me gusta el desafío. Y noto que mejoró mucho el diálogo con el público. Siento que se corrió un velo, que hago otras cosas y que la gente está más entregada al show. Este cambio se dio hace apenas unos meses.

—¿Cómo se gestó "Hambre"? Ya desde el título se está anunciando un tono más potente...

—El disco en realidad parió al cambio de nombre. Y yo en esa época estaba muy enojado por cómo se dio la desvinculación de tres integrantes de Alucinaria. Estaba muy molesto. Y creo que en el disco se imprimió todo eso. Además la palabra "hambre" tiene una polisemia que a mí me parece interesante. Por un lado está el hambre como apetito de conquista, de seguir intentando crecer en esto que hago, y por otro lado está este país que se está prendiendo fuego. El país siempre ha sido así. Yo no me he sentido tan identificado con el gobierno anterior, pero en los últimos años ha habido una sensación de derrota muy grande, una pérdida de valores, de códigos. El otro día estaba viendo lo del servicio cívico, que de la pedagogía se encargue Gendarmería. Eso es muy violento. El ejército argentino es la institución más denostada de la historia de Latinoamérica. Y paralelamente no podés dejar de ver que hay gente que se está cagando de hambre. No estoy diciendo nada demasiado profundo, pero es real. Y todos parecen estar mirando para otro lado. No es un tema de agenda. Al mismo tiempo está la meritocracia ideológica de la clase media argentina, que es insoportable, con todas esa mitologías de mierda como "el que quiere puede". Todo eso es una gilada horrorosa.

—En el disco suena ese pop barroco y muy trabajado de Alucinaria. Pero también se escuchan influencias del progresivo: canciones que se quiebran en distintos ritmos, con codas instrumentales. ¿Por qué sentiste la necesidad expresiva de rumbear para ese lado?

—A mí me gusta el tema de las estructuras de las canciones. Me fascina. Yo creo mucho en la psicodelia de la estructura, que es la escuela de Brian Wilson, y no tanto en la de la textura, tipo "tengo tres delays y los aprieto a todos" (risas). Me gusta la psicodelia de la canción que viene rumbeando para un lugar y de repente se dispara para otro lado. Lo pienso como si fuera una película. Cuando compongo intento sorprenderme y que también se sorprenda el otro.

— "Hambre" se puede leer como un disco conceptual. Hay conceptos y palabras que se repiten en varias canciones. En "Pecho" cantás: "Baila, sacate toda penitencia/ no quiero estar anestesiado/ quiero una marca de verdad". Y en "Relishock" decís: "Es el día para empezar a desobedecer/ Cuidarse tanto hace mal". ¿De dónde viene esa idea de libertad y de no tener miedo que atraviesa todo el álbum?

—Mis letras son un poco de autoayuda, sí. En las mitologías de la época hay muchas frases hechas que nadie combate y a mí me gusta combatirlas (risas). "Flui", por ejemplo. No, las pelotas. Yo soy "forzá todo". Hay cosas que hay que forzar. Algunas, al menos. Y después está eso de que hay que cuidarse. No sé si hay que cuidarse tanto, también hay que romperse un poco. Hay que animarse y pagar los precios. En el disco también hablo de los religiosos de todo, los que viven diciendo "las cosas son", "hay que hacer", "vos deberías". Y admito que odio reconocerme cuando me pongo en ese lugar. Esas frases hechas me molestan, me parecen perturbadoras. Yo traté que en el disco se agrediera desde ese lugar, que sea un disco un poco picante, que no sea tan fácil de escuchar. "Días de fuerza" pretendía ser un disco más amable y dulcificado. Yo quería que "Hambre" fuera bien distinto. No sé si lo logré (risas).

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