Escenario

"No es una historia de malos y buenos, sino de reconstrucción"

Miguel Angel Solá interpreta a un sobreviviente del nazismo que huye de su familia argentina y regresa a su Polonia natal para recuperar el pasado

Jueves 25 de Enero de 2018

Abraham es un sastre judío de 88 años que tiene una promesa por cumplir. Al final de la Segunda Guerra Mundial, un amigo lo salvó de la muerte y juró volver algún día para contarle cómo fue la vida que vivió gracias a él. Siete décadas después, Abraham, en los pies de Miguel Angel Solá, decide que es el momento de enfrentarse a sus miedos y emprende un emotivo viaje para llegar a Polonia desde Argentina cruzando Europa, con la ayuda de algunos personajes que cambiarán su manera de ver el mundo: Leo (Martín Piroyansky), un argentino residente en Madrid y María González (Angela Molina), dueña de un hotel de esa ciudad; Ingrid (Julia Beerhold), una alemana que le hará comprender que no todos los alemanes son nazis, y a Gosia (Olga Boladz), una joven enfermera polaca que lo acompañará en el último tramo de su búsqueda.

Así, el drama, la emoción y el humor ácido se entrelazan a lo largo de los encuentros que teje "El último traje", esta coproducción argentina española escrita y dirigida por Pablo Solarz (ver aparte) que llega hoy a los cines tras haberse proyectado en el Busan International Film Festival en Corea del Sur, en el Sao Paulo International Film Festival, de Brasil, en el Jewish International Film Festival, en Australia, y en el Jerusalem Jewish Film Festival, en Israel.

Antes del gran estreno, Solá dialogó con La Capital sobre esta road movie que no juzga sino más bien, ilumina. "Me conmovió porque es una especie de un viaje a ninguna parte, él toma la decisión de ir al futuro yendo al pasado", reflexiona Solá, ganador de numerosos premios, el último a mejor actor de reparto por su memorable papel de villano en la novela de Telefe, "La Leona".

—¿Qué te atrajo de "El último traje"?

—Me gustan los desafíos y éste era uno hermoso. Hablaba del quiebre de una sociedad por la intolerancia y esos argumentos siempre son necesarios para que la gente tome conciencia. Las conciencias siempre tienen que despertar antes de que estallen. Pasaron 70 años de no poder volver a su casa. Lo que más me conmovió es la decisión que toma de ir al futuro yendo al pasado. Es una forma del psicoanálisis para una persona que no ha vivido con psicoanalistas.

—El mismo busca enfrentarse a su pasado...

—Tiene un impulso generado de la necesidad de encontrar algo que en su vida haya sido esencial para recomenzar su vida, sea el tiempo que le quede. Me conmovió porque es una especie de viaje a ninguna parte. Si te dicen que en cinco minutos te vas a morir es que no estás muerto y algo te impulsa a seguir viviendo. Si bien en la historia hay mala gente, también hay buena. No es una historia de malos y buenos, es una historia de reconstrucción. Es un exorcismo...

—¿Como fue el rodaje de esta road movie entre Argentina, Madrid, París y Alemania hasta llegar a Polonia?

— Fue terrible, agotador. No fue un viaje turístico de visitar la torre Eiffel. Mi personaje necesitaba dos horas de transformación y una hora después para quitar todo. A las tres horas, el látex ya me empezaba a arder. Pero no podía sacarme esa obra de arte que la maquilladora hacía cada día. La verdad que fue agotador. Y me iba a dormir pensando que todos los días iban a ser 16 horas. Fueron 8 semanas de rodaje. Una producción muy cuidada. Fueron muchas horas de vivir con ese anciano encima del cual no me pude desprender.

—Es muy interesante ver cómo tu personaje se encuentra con la Alemania actual donde las cosas cambiaron tanto. Hoy el gobierno de Angela Merkel lidera la acogida de refugiados en Europa, mientras que Polonia hizo un giro a la derecha y se rehúsa a recibir extranjeros...

—Sí, es una historia de reencuentros de diferentes países y religiosos, los católicos polacos colaboraron mucho con los nazis. y se quedaban con las posesiones. El director quiere atravesar la palabra Polonia, ya que cuando él era chico, su abuelo no permitía hablar de Polonia, era una mala palabra. Lo de Alemania y Polonia y sus paradojas son formas en las que las sociedades van evolucionando o involucionando. Algunos creen que las fronteras deben ser muy cuidadas porque piensan que no puede entrar cualquiera. Y a veces hay gente que no tiene qué comer en su país, y necesita ir a otro para sobrevivir. Algunos son muy nazis y otros son prudentes. De todos modos, cada uno de esos países tiene formas de justicias diferentes. Europa está muy atravesada por las fronteras, son muchos países.

—Viviste gran parte de tu vida en España, ¿cuál es tu opinión sobre la independencia de Cataluña?

—Me parece una insensatez. Parecen ser un grupo étnico, no una Nación. Cientos de miles de catalanes no quieren independizarse y miles viven de Madrid ¿Qué se hace con ellos? Por un voto más o menos, no podes definir sus vidas. En Cataluña se fueron 3300 empresas cuando quisieran independizarse. ¿Con qué moneda van a pagar la comida se no tienen más el euro? Los independentistas tienen sus razones, pero yo no las comparto. Creo que hoy una nación es más poderosa unida que fragmentada. Y no se puede cambiar la Constitución. No se puede desintegrar un país siendo parte de un país.

—El año pasado fuiste declarado persona destacada de la cultura. Hiciste centenares de obras, películas y novelas. Si tendrías que trazar un paralelismo con tu personaje que tiene una deuda con el pasado, ¿qué le queda por saldar a Miguel Angel en esta vida terrenal?

—Aprender a cuidar mi dinero. La vida me ha dejado a merced de no poder elegir qué hacer. No tengo bienes materiales propios. No te digo no ser generoso, pero sí tengo que aprender que lo material también es parte y ayuda a vivir. Y de ese modo, podes manejar tu tiempo. Yo necesito tener tiempo para el ocio. Y no lo tengo. Por eso cuando me quedaba sin trabajo era una desesperación tremenda.

—¿Qué planes tenés para este año además del estreno de "El último traje"?

—Sigo haciendo "Doble o nada", la obra junto a Paula Cancio (su esposa). La gente la ha elegido, las críticas son maravillosas. Es una gran obra.

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