Escenario

Ni la tormenta pudo apagar el fuego de una cita que ya tiene su historia

El Quilmes Rock ratificó su vigencia al lograr la convocatoria más alta del festival. En una noche que combinaron música y lluvia tocaron Los Piojos bajo el delirio de los fans.

Lunes 10 de Noviembre de 2008

"No hay dos sin tres" es un refrán que se acomoda mucho más que "la tercera es la vencida" en lo que tiene que ver con el Quilmes Rock. Es que aquí no había que probar nada, ni la convocatoria, ni el lugar, ni la buena performance de las bandas. Es más, ya se demostró que ni la lluvia puede apagar el fuego de este encuentro.

Unas 27 mil personas acudieron a las dos noches del Quilmes, el viernes y sábado pasados en el Hipódromo, en lo que fue la mayor respuesta de público de este festival, que arrancó en el 2006, con la nada despreciable cantidad de 22.000 personas y continuó el año pasado con 25.000.

Los cuatro grupos que cerraron las dos noches en el Hipódromo tienen una convocatoria masiva. Tanto Bersuit como La Vela Puerca, que se presentaron el viernes, como Las Pelotas y Los Piojos, que tocaron el sábado, pueden llenar cualquier teatro o convocar a miles de personas en el estadio del país que se presenten. Y eso fue un plus que tuvo el Quilmes 2008.

Las bandas locales tuvieron un nivel superlativo. Los grupos ganadores del concurso de bandas hicieron lo suyo con solvencia. Tanto Austria como los hiphoperos de Purple House no sólo cumplieron sino que tocaron bien y disfrutaron sobre el escenario.

Lo de Vudú y Los Vándalos no es novedad. Ya no son promesas. Son un valioso presente del rock de la ciudad. Otro es el caso de Bulldog, que a pesar de ser también un grupo local ya tiene una carrera asentada en la city porteña. Su punk sonó potente y movió a sus fans.

Los de afuera. Guasones fue quizá la banda que menos respuesta de la gente generó. Todavía no se meten en la piel del público rosarino, pese a que tienen algunos buenos hits y tienen un show convincente.

Mancha de Rolando son embanderados de su estilo, con su rock crudo, sus letras urbanas y la voz aguardentosa de Manuel Quieto van siempre al frente. Arriesgaron con temas de otros autores como "Vagabundear", de Serrat, "Alta suciedad", de Andrés Calamaro y hasta hubo un guiño a "Los viejos vinagres", de Sumo.

La Vela Puerca no para de crecer. Su show del viernes no hizo más que confirmarlo. Abrieron con "Va a escampar", con un iluminado Sebastián Teysera al frente de la banda, y comenzaron a desplegar una catarata de hits, que fue coreada por una multitud, que recién entrada la noche, ya alcanzaba las 10 mil personas.

La Bersuit entendió desde hace tiempo de qué se trata el concepto de un show. Sus pijamas, sus coreografías, el carisma del Pelado Cordera y, claro, sus canciones, muchas de ellas con destino de verdaderos himnos, redondean un recital contundente.

El arranque con "Qué pasó" y "Espíritu de esta selva" fue un guiño a la historia de la banda, que cada vez más reafirma su estilo del no estilo. Y con "Laten bolas", en formato dance, no hicieron más que ratificarlo.

"Bersuit creció en Rosario" dijo el Pelado en un alto de "Tuyú", y no sonó a una frase para complacer a la masa. Hubo un homenaje a Fontanarrosa, al Che, en "Rebelión" y "Murguita del sur" y otro a Carlitos Martín, quien tuvo su día de gloria, por tocar en su cumpleaños.

El gran momento de la noche del viernes fue con "Mi caramelo" y "Un pacto". Todo entró en un microclima íntimo, que se desmoronó minutos después con la poco feliz intervención de Alberto Verenzuela en su cumbia "Ebrio de sin razón". Pasada la medianoche, Bersuit cerró con "Sr. Cobranza", en un arreglo con toques de hip hop, y "La bolsa". La fiesta estaba servida.

Trapos y lluvia. La noche del sábado no fue en saga. Incluso la lluvia le puso emotividad al show de la banda del ahora único líder Germán Daffunchio. Las baladas son la mejor expresión del grupo. "Será" y "Esperando el milagro" conmovieron a los fans. La ironía estuvo a pleno con "Capitán América", con un cierre divertido evocando a Obama, el presidente electo de Estados Unidos. El final con "Sueños de mendigos" ratificó la capacidad de la banda para lograr climas intimistas. En el bis, Panchito Chévez hizo su aporte en "Shine", para redondear un show que no tuvo grises.

Los Piojos arrancaron con "Babilonia" y la gente los ovacionó. Delante de una pantalla triangular, la banda de El Palomar liderada por Ciro Martínez ratificó su popularidad y su vigencia con un rock que ganó en sutilezas a partir de su última trabajo "Civilización".

Los trapos salieron a relucir el aguante de los fans. Las remeras con el 87 y la cabeza del piojo estaban más presentes que nunca. Florencia Varela, Córdoba, Rosario, Santa Fe y Merlo, entre otras, hacían notar su asistencia a la cita. "Para los que no están con nosotros físicamente pero viven en nuestro corazón", dijo Ciro y arrancó con "Muy despacito". Los clásicos no tardaron en llegar. "Maradó", "Como Alí", "Uoh, Pa, Pa" arrasaron. En medio del pogo, el disfrute era completo. "Civilización", "Pacífico", "Un buen día" y la bellísima "Difícil" demostraron el buen material que reúne el último disco de la banda, y se extrañó la no inclusión de "Bicho de ciudad".

En un prolongado bis, brilló "Verano del 92" y el coro multitudinario de "Fasolita querido", como una marca indeleble del tema que ya quedó en los corazones de los fans. También quedó en los corazones este Quilmes Rock. Con dos noches a full, con la buena onda de la gente, con una organización prolijísima, con bandas convocantes, con la espuma que sigue chorreando. Y no hay tres sin cuatro.

Gran smowing

Rosario Smowing impactó con su swing. Fue la banda más innovadora de las dos noches del Quilmes.

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