Escenario

Murió Anita Ekberg, la inolvidable musa de Fellini en “La dolce vita”

Entró en la historia del cine con su famosa escena en la Fontana di Trevi. Sus curvas la convirtieron en un símbolo sexual de los 60. La actriz de origen sueco tenía 83 años.

Lunes 12 de Enero de 2015

Anita Ekberg entró en la historia del cine gracias a una única escena: su baño nocturno en la Fontana de Trevi de Roma en “La dolce vita”, el clásico de Federico Fellini de 1960. Allí volvió loco a su compañero de reparto, Marcello Mastroianni, y con él a todos los hombres del mundo. La actriz de origen sueco que fue un símbolo sexual de las décadas de 1950 y 1960 falleció ayer a los 83 años en las afueras de la capital italiana tras una larga enfermedad. Su cuerpo curvilíneo y su vida social glamorosa la convirtieron en una favorita de las revistas de los 60, que a veces la llamaban “la Iceberg” por su supuesta frialdad.
  Ekberg nació el 29 de septiembre de 1931 en Malm”, en el sur de Suecia. Era la octava hija de una familia de trabajadores, y gracias a su belleza se convirtió en Miss Suecia en 1950. Un año más tarde se mudó a Estados Unidos, donde no tuvo mucho éxito en sus intentos de triunfar en Hollywood. Durante un tour por Alaska del artista Bob Hope, la actriz rubia de curvas generosas sustituyó a Marylin Monroe.
  En 1958 interpretó su primer papel en Italia y dos años más tarde llegó el éxito de la mano de Fellini y “La doce vita”. La escena en la que se pasea dentro de la Fontana de Trevi se convirtió en un clásico. En ella, Sylvia (interpretada por Ekberg) camina por la noche romana y se da un baño en la famosa fuente. “¡Marcello, ven aquí!”, llamaba seductoramente a su compañero de elenco, que acaba metiéndose con ella en el agua. La película obtuvo un éxito colosal y se transformó en un símbolo de los años locos de inicios de la década del sesenta.
  
“Me estaba congelando”. En un programa de radio sueco en 2005, Ekberg recordó el rodaje de esa célebre escena. Dijo que la filmaron en febrero, que el agua estaba muy fría y que Mastroianni, borracho de vodka, no podía mantenerse en pie. “Y ahí estaba yo. Me estaba congelando. Tuvieron que sacarme del agua porque no sentía mis piernas”, relató. “He visto esa escena algunas veces. Demasiadas, tal vez. Ahora no puedo soportar verla, pero era hermosa”, aseguró.
  Tras el gran éxito de taquilla de “La dolce vita” la actriz se quedó en Roma. Pero dio más que hablar por sus relaciones con hombres conocidos que por sus triunfos en la gran pantalla. Según contó en 2007, tras la película de Fellini recibió muchas ofertas, pero la mayor parte no eran más que copias de “La dolce vita”.
  Los hombres italianos no fueron los únicos que quedaron fascinados por Ekberg. En 1963 protagonizó “4 for Texas” junto a Frank Sinatra. “Tuvimos un romance y me preguntó si podía casarse conmigo”, recordó la actriz. Con Fellini volvió a trabajar en 1970 en el documental para televisión “I Clowns” y en 1986 en la película “Intervista”, convirtiéndose así en su musa. Estaba considerada una “sex symbol”, sobre todo en Italia, pero ella nunca entendió “que significaba eso”.
  La rubia mantenía una relación tensa con su país de origen. A los medios no les convencía ni su imagen de “sex symbol” ni su torpe forma de expresarse en sueco, tras tantos años fuera. Y por si fuera poco, criticó a la casa real sueca. “La boda de la princesa Victoria fue escandalosa”, afirmó en 2010 ante la prensa. Aún así, el primer ministro sueco, Stefan Lofven, sólo tuvo ayer palabras de halago para la “gran actriz”. “Fue por el mundo y dio a conocer a Suecia”, afirmó el mandatario en declaraciones al diario “Aftonbladet”.
  Ekberg ganó un Globo de Oro a la mejor actriz revelación en 1956, pero su carrera declinó a partir de los años 70, aunque no dejó de actuar totalmente hasta 2002. Nunca descartó volver a rodar una película. “Bette Davis rodó hasta con 90 años”, recordó en 2013.
  
Fracasos amorosos. Su vida sentimental estuvo marcada por claroscuros. En 1956 se casó con el británico Anthony Steel, pero se divorció cuatro años después. Su segundo matrimonio, con el actor Rik van Nutter, también fracasó. En una entrevista con el diario sueco “Aftonbladet” en 2006, Ekberg dijo que sólo lamentaba no haber tenido hijos. “Me hubiera gustado tener un hijo, preferiblemente un varón. Sin embargo, no sucedió. Así es la vida, hay que aceptarlo”, reconoció en la entrevista, que se realizó cuando cumplió 75 años.
  En esa oportunidad también dijo que no le temía a la muerte: “Sólo lamento que no podré hablar a los demás sobre la muerte, adónde va el alma y si hay vida más allá”, comentó. “No sé si existe el paraíso o el infierno, pero estoy segura que el infierno es más divertido”, agregó.
  La abogada de la actriz, Patrizia Ubaldi, dijo que se realizará una misa en una iglesia luterana de Roma en los próximos días y que Ekberg había pedido que cremaran sus restos.

La despedida a Francesco Rosi, un director con estilo propio

El cine italiano está de luto. El director y guionista Francesco Rosi, uno de los supervivientes de la era dorada del cine de la posguerra conocido por sus películas de compromiso político, murió a los 92 años, según informaron medios locales. Entre las obras más conocidas del aclamado director napolitano se destaca “Le mani sulla città”, de 1963, un filme con el que ganó el León de Oro en el Festival de Venecia. La obra de Rosi, calificado por los críticos de cine como el “más intelectual de los directores italianos”, ha influenciado a directores de la talla de Martin Scorsese, Francis Ford Coppola, Ken Loach, Oliver Stone o Costa-Gavras. Scorsese situó “Salvatore Giuliano”, de Rosi, entre sus 12 películas favoritas durante una encuesta para la revista “Sight&Sound” en 2012. Además de “Le mani sulla città”, Rosi también trató la corrupción política en “Cadaveri eccellenti”; habló de la mafia en “Salvatore Giuliano” y “Lucky Luciano”, así como en su primera película “La sfida”, de 1958, en la que ya describe la gestión criminal en el mercado de verduras de su ciudad natal. Con “Il caso Mattei”, un biopic sobre el controvertido director del gigante energético ENI, que murió en un misterioso accidente de avión en 1962, Rosi se alzó con la Palma de Oro del Festival de Cannes en 1972. Tras un largo silencio, volvió al cine con “La Tregua” (1997), su última película, basada en los recuerdos del escritor Primo Levi sobre su huida del campo de concentración de Auschwitz. Posteriormente fue reconocido con un Oso de Oro honorífico en la Berlinale en 2008 y con un León de Oro a su carrera cuatro años después en Venecia. En 2005 el crítico de cine francés Michel Ciment describió a Rosi como el “más grande director italiano vivo” junto con el difunto Michelangelo Antonioni.

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