Escenario

Mundstock: "Por el momento no tenemos limitaciones porque no hacemos desnudos en escena"

"Estamos al galope. A puro ensayo, terminando de escribir", describe la situación desde Buenos Aires Marcos Mundstock, el decano de Les Luthiers, hablando del estreno del nuevo espectáculo del grupo humorístico-musical, "Lutherapia". Como ya es una tradición en la historia del quinteto de que sus obras tengan su estreno en Rosario, el debut será el próximo viernes en la Fundación Astengo. Las funciones se reiterarán el sábado y el domingo, y el fin semana próximo.

Domingo 17 de Agosto de 2008

"Estamos al galope. A puro ensayo, terminando de escribir", describe la situación desde Buenos Aires Marcos Mundstock, el decano de Les Luthiers, hablando del estreno del nuevo espectáculo del grupo humorístico-musical, "Lutherapia". Como ya es una tradición en la historia del quinteto de que sus obras tengan su estreno en Rosario, el debut será el próximo viernes en la Fundación Astengo. Las funciones se reiterarán el sábado y el domingo, y el fin semana próximo.

—¿De qué se trata el show?

—Hay una historia. Hemos recurrido al remanido... bah, no tan remanido... tema de una sesión psicoanalítica. Hay un paciente que es Daniel (Rabinovich) y un terapeuta que soy yo, y las canciones funcionan como recuerdos de él, alucinaciones o citas, porque él está preparando una tesis sobre Mastropiero. En realidad, todo esto es una especie de trampa metodológica. Cuando empezamos a pensar en el show empezamos a componer cosas aisladas y después se nos ocurrió la forma de vincular todo.

—En este estreno no estará Roberto Fontanarrosa ni en los guiones ni en la platea. ¿Será un estreno especial?

—Va a ser duro eso, porque parte de la ceremonia siempre fue Rosario, el Negro y bueno... sí, no sé cómo resultará. Quizá una ceremonia más del duelo que los que somos sus amigos venimos viviendo hace un año y más tiempo también, desde que se venía venir ese final que tuvo.

—¿Después de tantos años, qué le produce estrenar?

—Es una emoción linda, con su cuota de incertidumbre y de riesgo. Por más que hemos hecho nuestra carrera y estemos felices con lo obtenido, cuando uno prueba algo nuevo siempre aparece una parte de principiante. Como si estuviéramos jugándonos la carrera en el estreno. Aunque objetivamente no es así, porque por más que nos salga espantoso nadie va a decir "se acabó Les Luthiers". Sin embargo, hay una sensación de riesgo en el estreno ¡A ver si nos llevamos un chasco! Eso nunca se sabe.

—¿Cómo son esas horas y minutos previos a subir al escenario en un estreno?

—Imaginate, somos cinco: cada cual con su pequeña locura. De todos modos somos bastante racionales; lo que más nos preocupa es coordinar los horarios de ensayos, porque además de los ensayos en sí siempre hay cuestiones técnicas que resolver . Este año tenemos dos instrumentos nuevos. Está la exorcítara, que es el instrumento estrella... con equis de exorcismo, y el segundo es un instrumento que aún no tiene nombre.

—¿Cuánto tiempo estará en cartel este espectáculo?

—Venimos con un ritmo de hacer cada espectáculo nuevo tres años en la Argentina y después, al bajar de cartel acá, empezamos con las giras afuera. Por eso en España todavía estamos haciendo el espectáculo anterior a "Los premios Mastropiero", espectáculo que en unos meses empezaremos a hacer en España a lo largo de tres años y dentro de tres años empezaremos a hacer allá "Lutherapia".

—El cual, es de suponer, será el penúltimo en la historia de Les Luthiers...

—(Risas) Nunca se sabe. Nosotros estamos contentos, laburando bien, con fuerza, pero estamos grandes ya. Y sí, con la cuenta que estamos haciendo resulta que los mayores del grupo, entre los cuales soy el decano, teóricamente cuando esto termine de girar por España será dentro de seis años... Eso quiere decir que yo, que tengo 66, voy a tener 72 años. ¡En algún momento voy a querer jubilarme! No sé, esto es mucho trabajo, mucha exigencia pero al mismo tiempo es muy gratificante en todo sentido, placer por hacerlo y además por lo remunerativo que nos permite vivir muy bien desde nuestro trabajo.

—¿Son tan obsesivos como parecen?

—Pasa que a nuestro trabajo lo cuidamos mucho. Nos gusta y creo que parte de la diversión es hacerlo lindo y perfeccionarlo tal cual un artesano con su obra. Creo que ese es el gran objetivo, a esta altura de los acontecimientos.

—¿Los condiciona en algo el paso del tiempo?

—Un poco, nada más. Uno se cansa más, hay que tomar ciertas precauciones el día de la función, como dormir más la siesta... Antes, cuando éramos jóvenes comíamos antes de la función, lo cual hoy en día no puedo ni siquiera imaginármelo porque después no tengo aire para cantar. Salvo eso y algún tipo de precaución de movimientos... las ganas siguen intactas. Cada vez que uno sale y dice el chiste y tres mil personas largan la carcajada... ¡esto te da un placer! Además la profesión nuestra la fuimos inventando nosotros, por más que se componga de disciplinas conocidas como la música, la actuación y el humorismo. Esta particular mezcla nos divierte seguir perfeccionándola. Lo cierto es que, por el momento, no tenemos limitaciones, sobre todo porque nunca hicimos acrobacia, desnudos ni escenas de amor sobre el escenario. Somos medio atemporales, ya por definición del género.

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