Escenario

Miguel Angel Solá: "Temo que la pandemia nos deje sin brújula"

El actor protagoniza el thriller "Crímenes de familia" junto a Cecilia Roth. se estrena este jueves en Netflix y Cine.ar.

Domingo 16 de Agosto de 2020

Aunque reconoce que no es inflexible, a Solá se lo ve un hombre fuerte, de porte erguido, formal y de gran carácter. Sus interpretaciones son tan agudas y precisas que siempre logran conmover y transportar al espectador. Lo hizo en la obra "Equus", en plena dictadura militar, con la cual fue elegido como mejor actor junto a Anthony Hopkins. Lo volvió a hacer en "El exilio de Gardel", en 1985, en "Sur", en 1987 y cuántas más... Siempre entre España y Argentina, en los últimos años se lo vio como el maléfico Klaus Miller, en "La leona", y en el teatro, protagonizó "El diario de Adan y Eva" y "Doble o nada" junto a su esposa Paula Cancio.

Ahora, Solá se pone en la piel de Ignacio Arrieta en el thriller "Crímenes de familia", que se estrena este jueves por Netflix y Cine. Ar. La película dirigida por Sebastián Schindler (ver aparte) es un entramado de temáticas actuales en Argentina y el mundo, como el homicidio, la violencia de género, el aborto, la pobreza, la corrupción de la Justicia y las condiciones humildes de las trabajadoras domésticas. Solá interpreta al padre de Daniel (Benjamín Amadeo), fruto de su matrimonio con Alicia (Cecilia Roth), quien está condenado a prisión acusado de intento de homicidio de su exesposa (Sofía Gala). Los dilemas morales, el qué dirán, el rol de los padres en situaciones violentas y otras problemáticas se ven en esta película de brillantez en el guión y en las interpretaciones, y que posee una trama oculta lúgubre y horrorosa.

Antes del estreno mundial de la película -estará disponible en 190 países- Solá mantuvo una extensa entrevista con Escenario en la que confesó estar viviendo "feliz" al no tener que ir al estreno personalmente: "Las avant-premieres son una maldad institucional. No soy bicho al que le atraigan las luces". Dijo que la realidad argentina "es dura" y que "no hay mañana sin hoy". "Si el instinto de conservación no da algún paso al frente para terminar con todos estos "psicópatas integrados", va a producirse la capitulación definitiva", sentenció. Además, habló de las mujeres de su vida, de la lucha feminista y de su terapia secreta a base de infusiones.

—Coprotagonizás una película con temas tan fuertes como actuales, como el homicidio agravado por el vínculo, la violencia de género y la justicia que no es justa. ¿Qué te atrajo del proyecto para aceptarlo?

—El libro estremece y no deja de esperanzar al que lo lee y obliga a reflexionar y a sentir sobre muchos de los derroteros por los que el guión te lleva. Se lee solo. Me dijeron que iban a estar Cecilia y Sofía y me hablaron del director, de su anterior película que pedía pronto la siguiente; de Netflix sosteniendo el proyecto. No hay muchas oportunidades de este tipo dando vueltas. ¡Cartón lleno!, se grita. Y se va a trabajar con ganas.

—¿Cómo estás viviendo este estreno tan particular en tu carrera, en medio de una pandemia, sin avant premiere, sin reuniones ni celebraciones?

—Te da aliento. Sos parte de un hecho inusual, que abre puertas en un momento muy horrible para los que nos ganamos la vida haciendo ficciones. No soy de reuniones, no bebo ni fumo, ni soy de celebrar, porque mi alegría es el trabajo bien hecho. Si hay que hacerse, uno colabora, pero las avant-premieres son una maldad institucional, en ellas te llenás de nervios propios y ajenos. No soy bicho al que le atraigan las luces. Por eso vivo este estreno feliz y con la secreta esperanza de que repercuta en favor del trabajo de los que la hicimos.

—"Estoy harto de tener la billetera siempre abierta y la boca siempre cerrada", dice tu personaje en un momento. ¿Cómo describís a Ignacio, que tiene un dilema ético de defender a su hijo haga lo que haga o dejar que la justicia lo juzgue?

—Un hombre que no se siente incluido en la vida familiar. Una vida que ya no le gusta vivir. Un hombre que no es demasiado para nadie. Por momentos pensé: "este hombre lleva el peso del mundo en sus espaldas: fracasó, se vaya o se quede". Se va. Y nadie lucha para que se quede. Y se siente en la peli.

—¿A un hijo se le perdona todo? ¿Qué rol cumple un padre ante un hijo criminal?

—No. La violencia, el maltrato, el desprecio al otro, el abuso de poder, el mal uso de los privilegios en los que pueda haber sido criado, el robar, la maldad, pueden no llegar a penarse pero no deben perdonarse porque esas cosas deshacen muchas vidas. Se le acompaña, se le transmiten valores, se les ama, se los educa y alimenta de acuerdo a las posibilidades, pero cualquier juego tiene reglas, que los tramposos -ya aceptadas esas reglas-, intentan quebrar en beneficio propio, de su empresa, de su partido o de su equipo. Si "pasa", pasa. Creo que con un hijo criminal hay que estar a su lado, siempre, en las buenas y en las malas, porque mucho de lo que él es, está signado por la atención y el olvido que en él pusimos los padres. Pero, un hijo como el que nos toca en la peli, marca una derrota.

—¿Cómo fue tu experiencia junto a Cecilia Roth? ¿Ya habían trabajado juntos anteriormente?

—Muy buena. Como debe ser entre gente que busca lo mejor. Sí, hace años hicimos juntos "Desde adentro", una muy buena producción de Jorge Diszel, que se pasó por Canal 11. Y también trabajamos juntos, muchos antes, que Cecilia era una nena, en "Crecer de Golpe", una peli de Renán, pero ahí no recuerdo que compartiéramos escenas.

—¿Hay alguna diferencia a la hora de grabar una película especialmente para Netflix?

—No. Soy un actor de antes, acostumbrado a sentirme obligado a ahorrar material y así beneficiar a quienes pagan todo y a todos, era altísimo el costo del celuloide. Ahora pueden hacerse las tomas que necesites tantas veces como necesites, con tantas cámaras como ubiques en la escena, rodando todo el tiempo. Pero antes de la aparición de Netflix ya se rodaba así la televisión.

—La película también habla de las condiciones humildes y de la falta de educación de un gran sector de la sociedad y del deseo de que los hijos tengan una vida mejor que la de uno. "Mi vida no vale nada, pero quiero que mi hijo tenga una mejor vida que yo", se escucha decir en un momento. Hoy, con más del 50 por ciento de chicos pobres en la Argentina y el 80 por ciento de los argentinos que dicen que se irían del país, esa línea del filme, que dice el personaje de Gladys, cobra mucho realismo y empatía con el espectador. ¿Cómo ves la realidad de la Argentina atravesada por la pandemia y la grieta?

—Dura. Es lo que trae acostumbrarse a las mentiras de los que viven bien gracias a la pobreza del otro; es lo que conlleva el usar a la ignorancia como estandarte y al estudio y al trabajo como recursos pasados de moda. Jamás oculté que pertenezco al bando de los que recuerdan qué quería de sí mismo nuestro país cuando todavía era libre de elegir. Repito lo de siempre: mientras una sociedad permita a ruines y corruptos de todos los sectores sociales, pero sobre todo de la clase dirigente y gobernante, eludir responsabilidades, tras casi cuarenta años de incultura democrática y social, un país como el que fue el nuestro llega a estos índices, no hay mucho que pensar. Y, si el instinto de conservación no da algún paso al frente para terminar con todos estos "psicópatas integrados", va a producirse la capitulación definitiva.

—Tal cual...

—Y lo que dice Gladys -en la frase que mencionás de la peli-, sintetiza ni más ni menos la actitud de los inmigrantes que vinieron a hacernos la patria a finales del siglo XIX y a comienzos del XX, y que aún los de mi generación hicimos propia: trabajo y estudio hasta ser una verdad. Pero, todo el mundo sabe que si se le quitan tres ceros a un billete de 1000 pesos, el dólar sólo vale lo mismo que la moneda nacional, ¿no? Y fuimos muy vivos y lo hicimos. Cuarenta años después, el 50 por ciento de los niños son pobres en Argentina. Y, el 80 por ciento de los argentinos, queremos irnos a cualquier lado... Más que empatía por la peli, supongo que se añorará el poder estudiar y trabajar. No hay mañana sin hoy. El problema del 80 por ciento de nuestra población es que el mundo no necesita a tal cantidad de argentinos. ¿Para qué nos quieren, si no queremos hacer sacrificio alguno por los que vendrán? ¿Cómo puede entender Japón, que en estos 3 millones de kilómetros cuadrados de semejante geografía, se produzca la milésima parte que en sus islitas? “¡Quélense en sus tielas, pol favol!”, imploran en sus habitáculos de dos por uno.

     —¿Qué aprendes de las mujeres de tu vida: tu esposa Paula Cancio y tus hijas Adriana, Cayetana y María Luz?

   —Ahora mismo estoy escribiendo sobre ellas y este tiempo. Adriana es un anticipo de mujer a la que temo no podré seguir el ritmo. Está pasando sus primeras vacaciones en el mar con sus abuelos, tíos y primos, y ahí anda por ahí con ellos, como loca, nadando, gritando, cantando, comiendo comida basura, haciendo su espacio de libertad, sin nosotros,padres “rompe-guindas”. De Caye sé muy poco, no me da bola. De María Luz, sé mucho: estaba por publicar su segundo libro de poemas, del que escribí el epílogo, y hasta escribimos un espectáculo de música y poesía para hacer juntos, pero... ¡coronavirus! Paula, anda haciendo cursos gratuitos on line y dedicando una envidiable maratón de todos los yogas a su cuerpo. Está preciosa, cada vez más. Pero a las mujeres de mi familia les cortaron las alas. A las mujeres que conozco se les dio vuelta todo. Este tiempo da bronca. A nosotros, hombres, el confinamiento nos va torcido, sí., pero, a ustedes mujeres, ¡madre mía! Estaban logrando ser el centro serio de atención, se habían propuesto y estaban torciéndole el brazo a esta maloliente y mentirosa realidad, y les aparece en escena esta pandemia, que relativiza cada logro. Nada les va a ser fácil.

   —Venís de hacer “La Leona” en televisión y “Doble o nada” en teatro. ¿Extrañás hacer una tira diaria? ¿Disfrutás más de hacer teatro, televisión o cine?

   —”La Leona” la hice en el 2015 ¡Un lustro ya!... Mi instinto me dice que no debo abandonar la graciosa compulsión de comer todos los días. La verdad sea dicha: me contentaría con trabajar con regularidad y traer un sueldo a casa y asegurar comida, alquiler y servicios. Si pudiera hacer teatro... Hasta cuando abran, entonces.

   —¿Qué recuerdos te quedan de tu experiencia en la obra “Equus”, en plena dictadura argentina, que te llevó a ser elegido por una revista norteamericana como el mejor trabajo actoral junto al de Anthony Hopkins?

   —Sí, nos calificaron a ambos como las mejores interpretaciones de psiquiatra y paciente de “Equus” en el mundo. Fue un tsunami esa obra. Y ese recuerdo en particular, bien bonito. Y haber sido nominado a los Premios Moliére como Mejor Actor Argentino a los 26 años, una gloria. Y ganarlo, algo inconcebible para un actor que recién nacía. De “Equus”, recuerdo el agotamiento que me provocaba, porque llegaron a ser once funciones semanales de dos horas y media cada una, y la amistad, el respeto, el compañerismo, el cariño y el ejemplo profesional de Duilio Marzio para toda vida.

   —Otro de los puntos más interesantes de la película es la negación. La negación de un embarazo o la negación de la muerte por defensa natural. ¿Te identificás con este patrón de comportamiento o sos más bien una persona realista y responsable de todo lo que sucede en su vida?

   —Ni tanto ni tan poco. Las personas, son las personas y sus circunstancias. No soy inflexible ni seguro con las cosas que vivo, me considero humano, y maleable, y compasivo ante todo problema, a veces ineludible, que me involucre. El terreno de la mente es resbaladizo y soy como las circunstancias me atrapen y movilicen. No tengo patrón. Y lo que un día es respuesta, otro es pregunta. En cambio, soy de una sola manera cuando lo privado hace daño al conjunto por acción intencionada u omisión del bien común.

   —También se toca el tema de la mirada del otro. ¿Te importa la mirada del otro?

   —Trabajo para el otro. Y me importa su mirada porque sirve para completarme si es verdadera, claro. De la mirada que no puedo prescindir es la de mi conciencia.

   —¿Hacés algún tipo de terapia?

   —Sí. Tomo infusiones... (risas). Hoy se me acabó el café, pero hay romero, diente de león, clavo, hinojo y yerba mate; voy zafando.

   —¿Cómo estás viviendo tu cuarentena? ¿Qué actividades disfrutás hacer por fuera del trabajo?

   —Tengo 70 años, podría estar peor, no me quejo, pero no creo que vaya a mejorarme el paso del tiempo. Escribo, aunque no puedo estar mucho tiempo sentado porque el ciático se me pone nervioso y las cervicales me arden.

   —¿Qué enseñanza nos dejará esta pandemia?

   —Temo que nos deje en pelotas, desérticos, sin brújula y sin público, a todos los que queremos seguir diciendo algo en vivo. Mientras tanto: ¡festejemos tener a partir del 20 de agosto “Crímenes de familia” en Netflix! Y de ahí en adelante, varias producciones en las que estaré contratado, en España y Argentina para Netflix. Y eso sí se lo tendré que agradecer a la pandemia...

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