Escenario

"Mi cabina siempre está abierta"

El legendario DJ Alejandro Pont Lezica no usa reproductores de MP3, y sigue pasando música con discos de vinilo, como cuando se convirtió en disc jockey. "Lo mío es un trabajo de artesanos, y si bien la computación lo permite casi todo el factor humano es clave", dice el musicalizador que llega hoy al City Center para encabezar la fiesta de los 80 "Forever Dance".

Sábado 20 de Marzo de 2010

El legendario DJ Alejandro Pont Lezica no usa reproductores de MP3, y sigue pasando música con discos de vinilo, como cuando se convirtió en disc jockey. "Lo mío es un trabajo de artesanos, y si bien la computación lo permite casi todo el factor humano es clave", dice el musicalizador que llega hoy al City Center para encabezar la fiesta de los 80 "Forever Dance".

Pont Lezica puede pasarse horas hablando de discos. De todas las décadas y géneros. Se entusiasma detallando la tapa de cada vinilo que pasó por sus manos; lanza una risa al recordar aquel irregular "Artaud" de Spinetta que lucía incómodo en las bateas. Además, como si fuera el último romántico de una batalla perdida, se niega a bajar música de Internet. "Uno no es virtual", dice el hombre que no hace mucho cumplió los 52.

Pont Lezica lleva 35 años como disc jockey. Empezó en 1971, cuando tenía sólo 14 años, con la idea de no tener que esperar a que lo invitaran a las fiestas que tanto le gustaban. Poco a poco, el juego se convirtió en una pasión y en una vocación que lo llevó desde Punta del Este a las playas cariocas y desde Las Leñas al castillo del conde Drácula en Rumania, además de recalar con sus vinilos en ciudades de Estados Unidos, Australia, Italia y España.

—La fiesta en el casino City Center está anunciada como "Forever dance, música de los 80". ¿De qué se trata?

—Simplemente tiene que ver hacer la música genuina que se bailaba en los 80. También va a ser un reencuentro mío con la Rosario de aquellos años, que fueron protagonistas del arranque de la Trova Rosarina y también de lo que se bailaba en los boliches. Una década muy admirada y descubierta por las nuevas generaciones como muy valiosa por la cantidad de propuestas tan diferentes que hubo no sólo con respecto a lo musical sino además en lo visual. Los 80 fueron los años en que la música empezó a verse; aparecieron los videoclips y la MTV. Los artistas cuando hacían sus discos ya pensaban cómo iban a ser sus videoclips.

—¿Cómo trabajás en una fiesta de estas características?

—Llevo la bandeja y los vinilos, y también una doble compactera para los CDs. En la mayoría de los casos trato de usar vinilos porque creo mucho en la calidad del sonido que tienen y además me parece que es una manera de mostrarle a las nuevas generaciones que no han visto mucho a disc jockeys trabajar con vinilos, para que tengan la oportunidad de verlos. A este tipo de fiestas yo las pienso así: llego y ya estoy listo. Pero al mismo tiempo no sé bien qué puede pasar. Llevo toda la música y después se ve qué caminos tomamos. Siempre mi cabina está abierta. Cualquiera de los que están pueden acercarse y pedirme una canción; entonces, así yo estoy preparado para que nos encontremos. Siempre pienso de este modo frente a una fiesta. También creo que en esto hay algo de improvisación como si fuera una jam session.

—¿Qué músicos priorizás en una fiesta de este tipo?

—El número 1 puede ser Michael Jackson. Podemos partir de esta línea bailable y negra, donde también encaja Madonna, hasta otra línea más europea que vino después con Dire Strait, Culture Club, sonidos que también marcaron mucho a los 80. No podés sentarte sólo en una cosa muy pop porque el rock fue protagonista. Tenés AC/DC, los Cure, los INXS... están todos. Sí creo que en un momento determinado y cómo empezó tan fuertemente la importancia de los disc jockeys y los remixes también hubo momentos de sonidos muy definidos como la ítalo-dance o algunos DJs ya remixando cosas de Madonna y que además pusieron un sonido muy determinado a mitad de los 80. También, no hay que olvidarse, está la música disco, la llamada bolichera.

—¿Trabajar con vinilos es como decir que a partir del uso del programa Traktor, que te hace todo el laburo y te engancha los temas, cualquiera pueda ser disc jockey?

—La verdad que sí, porque el nuestro es un trabajo de artesanos. Si bien la computación permite casi todo el factor humano es clave, es muy importante cómo uno va armando la cosa y cómo uno va manejando las emociones. Para mí siempre fue importante que la adrenalina corra en este laburo y siento que voy a construir una noche junto a la gente que está ahí. Nunca podés decir “lo tengo todo programado” y esto seguramente posibilitará que cada noche sea diferente.

—¿Sos de los dicen “tocamos” o de los que dicen “pasamos” música?

—Soy de los dicen “pasamos música” porque así fue desde un comienzo y me quedó la costumbre. No me parece que esté mal decir “tocamos”. Muchos colegas lo sienten así quizá porque les tocó trabajar en otro país y “tocar” en esos países viene de “to play”. Lo más importante es cómo mirás la profesión y si la hacés con respeto y dignidad.
 

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario

LAS MAS LEÍDAS