Escenario

Mentiras, verdades y otras ambigüedades

El actor y maría José Gabin interpretan una pieza que indaga con ironía en la manipulación de las personas

Sábado 09 de Diciembre de 2017

"La generalidad de la temática me pareció que era pertinente para estas épocas donde uno siente que muchas cosas forman parte de una especie de experimento que hacen con uno, en lo individual y en lo colectivo". Así describe Luis Machín la idea de "I.d.i.o.t.a.", la obra del autor catalán Jordi Casanovas que interpreta junto a María José Gabin. Con la dirección de Daniel Veronese, la pieza tiene como protagonista a Carlos Varela, un taxista que se somete a una prueba psicológica, algo que parecía fácil, pero que se convertirá en una pesadilla. "I.d.i.o.t.a." se presentará hoy, a las 21, y mañana, a las 20.30, en el teatro La Comedia (Mitre y Cortada Ricardone). El actor rosarino dio su opinión sobre la industria audiovisual, su trabajo en televisión en la miniserie sobre Sandro y habló de teatro independiente y comercial. "No hay traición a los bandos porque el bando es uno solo y es el deseo de actuar", aseguró.

   —¿Cómo es "I.d.i.o.t.a." y por qué te sumaste a la obra?

   —Cuando la leí me resultó muy contemporánea. Plantea un tema muy actual como es cualquier tipo de experimentación con entrevista que se pueda hacer en una empresa como parte de un estudio de mercado. La generalidad de la temática me pareció que era pertinente para estas épocas donde uno siente que muchas cosas forman parte de una especie de experimento que hacen con uno, en lo individual y en lo colectivo. Además es una obra con la que podía hablarle a un público masivo y que comprenda el fastidio y el horror que puede ocasionar esa manipulación. Está planteado desde una comedia, pero que va tomando un carácter psicológico.

   —¿Qué coincidencias encontrás entre este texto y "El método Grönhold", de Jordi Galcerán, otro autor catalán?

   —Y hay más catalanes. El año pasado hice "Jugadores", de Pau Miró; el año anterior se había hecho "El crédito", también de Galcerán. Hay una cantidad de autores catalanes que escribieron mucho sobre la crisis económica española, sobre todo estos últimos años, crisis que nosotros, marcadamente, hace dos años estamos padeciendo. Estas obras empiezan a tener una resonancia muy fuerte porque en general hablan de personas que están quedando fuera del sistema de trabajo y que están obligadas a estar en otro lugar donde puedan desarrollar otra actividad que les permita ganar dinero, extra o no extra. Estas obras forman parte de un grupo de autores que es evidente que empezaron a escribir con un disparador muy vinculado a la crisis económica europea, española sobre todo en los últimos años, y que empezaron a tener mucha resonancia acá. No es casual este tipo de temática y tampoco lo es que resuene de manera tan cercana en estos momentos. Los temas no son tantos y uno da vuelta siempre dentro de los mismos. Esta obra se estrenó en Barcelona, Madrid, México y acá, lo que habla de que la crisis es mucho más grande que una crisis criolla, sino que es a nivel mundial.

   —¿Cuál es la alternativa a ese modelo global?

   —Es un tema enorme en el que juegan una cantidad de factores imposible de desarrollar en una nota vinculada a una obra, pero las alternativas no son evidentemente las que estamos viviendo. Estamos atravesando una crisis que nos está endeudando a nosotros, a nuestros hijos, a los hijos de nuestros hijos. El rumbo que está tomando el mundo es que va hacia los privilegios de muy poca gente. La obra no remite a un momento o situación particular. Uno podría ubicarla en muchos lugares del planeta. Habla de un problema actual como es la posibilidad de que a través de las redes uno quede atrapado y sea víctima de las redes.

   —La tecnología es un gran experimento global, donde cada uno deja su huella digital, es posible hacer un seguimiento de las preferencias y búsquedas de los usuarios, el GPS informa donde está y la dirección de IP de internet es como el ADN...

   —Es terrorífico. Yo no tengo Facebook, ni Twitter, ni Instagram. Tengo teléfono, Whataspp y mail. Por más que quiera alejarse es imposible porque te tienen de todos lados. Y es tan curioso que no puedan encontrar el ARA San Juan cuando uno puede saber casi todo de alguien. Son cosas del orden de lo siniestro el tema de las redes porque por más que uno se quiera sustraer, no hay manera de escapar a una cantidad de información a la que se puede acceder. Es el triunfo de lo perverso, de la manipulación, de la enorme circulación de información para tener a la gente desinformada, de la manipulación de las encuestas, de las estadísticas, del lenguaje perverso para ganar elecciones, de tener a una mayoría que cree votar para su bien y después la realidad le demuestra lo contrario. Es el gran triunfo de la manipulación del lenguaje, de la cultura, de las masas.

   —En cine trabajaste en "Cauce", de Agustín Falco; hace poco se estrenó "Fontanarrosa, lo que se dice un ídolo" y también "Los últimos", de Nicolás Puenzo. A partir de tu mirada crítica hacia el actual gobierno, ¿qué pensás de la situación de la industria?

   —La industria cinematográfica, la televisiva con posibilidades de los privados y del Estado está seriamente dañada no solo porque la posibilidad de producción es mínima porque los costos son altísimos y si no hay un apoyo del Estado y privado se hace muy difícil sobre todo para las pequeñas y medianas productoras de cine. Es prácticamente imposible porque tienen que aportar una financiación privada altísima y el Estado se hace cargo de muy poco lo que beneficia a las grandes productoras. Eso fue gran parte de la destrucción del lenguaje audiovisual. No digo que no se vaya a hacer, se están haciendo, pero van a estar muy lejos de las 200 películas que se llegó a filmar por año y que tuvieron enorme repercusión en festivales internacionales, más allá de la cantidad de gente que las vea en el país.

   —Esa solía ser la objeción...

   —La gente que no quería consumir no lo hacía y había otra gente que sí quería hacerlo y lo hacía. El éxito o el fracaso de una película no es solamente la cantidad de personas que la ven. Es la repercusión que tiene en el exterior, es mostrar nuestra cultura al mundo. Nosotros somos por nuestra cultura, por nuestra ciencia, nuestra educación. El valor de lo que se hace no puede estar dado solamente por la cantidad de gente que la ve en un consumo interno. No tener posibilidad de un cine de autor, que hable de otras cosas que no sean las temáticas más masivas pero que no tiene repercusión en gente que quiere un lenguaje cinematográfico. Es muy amplio lo que tiene que abarcar el cine. No digo que no deban existir esas películas. Tienen que existir todas. Lo que pasa es que la anulación de un Instituto de Cine como entidad autárquica hace que lo que se vaya a producir sea un cine siempre que apunte a que vaya mucha gente a verlo y que tenga un consumo interno importante. Es importante el cine. Lo que creo es que tiene que haber lugar para manifestaciones de un lugar que es amplísimo.

   —¿Estás viviendo algún tipo de discriminación por ser un actor identificado con el gobierno anterior?

   —No, lo que estoy viviendo es tal vez la menor cantidad de posibilidades de desarrollo de la actividad. Más allá de que estoy trabajando y de que tengo posibilidades de trabajar y no me faltan propuestas. Lo sentí en su momento cuando Darío Lopérfido nos nombró a dos o tres como los que habíamos encabezado la lista de los que más habíamos trabajado, como si trabajar fuera un delito. Lo sentí por el diario La Nación cuando fueron los primeros que sacaron esa nómina. En ese sentido lo sentí, pero en cuanto a trabajo, si algunos me dejaron de convocar por mi ideología tuvieron el buen tacto de no hacérmelo saber. Lo que yo y un montón de actores están padeciendo es la falta de trabajo y desarrollo de una cinematografía nacional industrial y la falta de apoyo a los teatros independientes. Incluso los teatros comerciales están padeciendo, como la mayoría de los argentinos, los tarifazos de luz, de gas. Todos estamos padeciendo, cada uno en su ámbito, una política declaradamente para los que más recursos tienen. Pero la mayoría de la gente ha decidido tomar este rumbo. Ahora, por los motivos o los temas que lo haya decidido es muy personal. Pero es una etapa que tenemos que atravesar porque es la que ha decidido la mayoría. Por supuesto que eso no nos va a callar a los que queremos elevar una voz por alguna medida que sentimos que nos perjudica, pero estamos en una sociedad democrática y tenemos el derecho del reclamo.

   —¿Cómo fue el encuentro con María José Gabin?

   —Este es un trabajo de dos donde nos acompañamos mutuamente y para mí es motivo de orgullo trabajar con María José porque fue parte de tantos fenómenos como el Parakultural en los 80 y que fue uno de los íconos más importantes de esa época. Fue un trabajo que nos llevó a conocernos mucho porque fueron muchas funciones. Vamos a terminar la obra en Rosario y es un orgullo poder hacerlo. Fue un pedido mío de entrada porque siempre viene mucha gente de Rosario a ver obras a Buenos Aires y me parece que en la medida de lo posible acercárselas para que no sea tan complejo entre la distancia, el dinero y el tiempo.

   —María José Gabin viene del Parakultural; Caetano del Nuevo Cine Argentino y Veronese del teatro independiente. ¿Estos cruces a la actividad comercial son una evolución?

   —Es gente justamente que no ha abandonado ámbitos más marginales. Está bueno correrse, irse de los márgenes, de lo que se concibe como lo que debe ser o adónde llegar, como si una vez que pasaste del alternativo lo que querés hacer es llegar al comercial. Y la verdad es que es todo mucho más desordenado. Tanto Caetano como Veronese o María José Gabin, o yo mismo, vamos y venimos todo el tiempo. Yo estoy haciendo "El mar de noche" en una sala para 80 personas, dos veces por semana, y es una obra que la suscribimos en lo que es el teatro independiente, con otro tipo de producción, nos tomamos un año y medio para hacerla, nadie nos corrió con la fecha de estreno ni con el lugar; con Veronese hicimos "Vigilia de noche" en el San Martín y después la llevamos a El Picadero un día martes. Vamos a ensayar una obra para hacerla los lunes y nos vamos a tomar el tiempo que sea necesario en estrenarla. Lo que a veces queda como en una primera línea es que estos directores que estaban un poco más en los márgenes llegaron a la calle Corrientes o a las grandes producciones audiovisuales. Pero con Caetano estamos pergeñando un proyecto de hacer unos micros de tres o cuatro minutos y colgarlos en las redes, sin ninguna producción y absolutamente casero. La verdad es que uno después navega en estas aguas que para nosotros no son tan definidas. Mucha gente piensa "bueno, ya hicieron teatro alternativo en los 80 con Las Gambas al Ajillo, y después Llinás hace televisión en Underground y María José Gabin hace una obra comercial con Luis Machín, y Veronese que también dirigió a Francella..." En realidad es que todos estamos en las cosas que nos gustan y que nos gusta pasarnos también. En ese sentido me parece que no hay traición a los bandos porque el bando es uno solo y es el deseo de actuar y para eso no hay alternativo y comercial. Para eso hay un profundo deseo, una enorme dedicación y saber que nuestra vida empezó así y que va a terminar de esa forma, saltando estos charcos.

"Sandro de América" en TV

Luis Machín regresa a la TV con la serie "Sandro de América" (marzo de 2018). Allí interpreta a Oscar Anderle, socio creativo del fallecido cantante, en un trabajo que recorre la vida de Sandro desde su infancia hasta sus últimos días. "Se hizo un trabajo enorme con la dirección de Adrián Caetano. Había momentos que parecía que el proyecto se caía porque se iba haciendo cada vez más grande. Caetano es una persona que cuenta muy bien. La verdad es que la producción de The Magic Eye pudo contener este enorme poder creativo que tiene Caetano y el trabajo que tendría que haberse hecho en tres meses se hizo en siete meses de rodaje más la preproducción. Fue un trabajo que consumió mucho tiempo pero tiene una calidad muy singular en la que se cuentan la vida de Sandro, una vida que mantuvo siempre en secreto y que no fue fácil de armar y de contar. Por supuesto tiene licencias, pero pone en valor una personalidad y un cantante muy popular como fue Sandro".

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