Escenario

"Me gustan los discos de vinilo, para mí es la mejor forma de escuchar música"

Coki Debernardi se presenta esta noche con los Killer Burritos, desde las 21.30 en Teatro Vorterix (Salta al 3500). Antes, habla de su colección de LP y de la magia de hallar la joya fuera de catálogo.

Miércoles 08 de Julio de 2015

 Coki Debernardi levanta el brazo de su bandeja toca discos. Mira y calcula con precisión de cirujano. Uno de los secretos de escuchar “long plays” de vinilo es, dice, dejarse invadir por esa especie de magia que uno percibe cuando la púa se posa suavemente sobre el plástico. Es un instante de silencio que rápidamente se quiebra para que la música haga lo suyo.

Y lo que suena en el equipo ubicado cerca del piso es “Artaud”. La famosa estrella deforme y verde, el trabajo emblemático de Luis A. Spinetta, ingresó hace pocos días a la colección de discos de Coki. “Siento una extraña sensación al escuchar este disco por primera vez sin ruidos. Eso es mágico, pero no es nostalgia, porque parece que el Flaco grabó ese disco ayer”, dice el cantante de Killer Burritos.

Antes de subir al escenario del Teatro Vorterix (hoy, a las 21.30) para tocar temas del último trabajo de su banda, Debernardi acepta hablar con La Capital de la música que más le gusta y del formato con el que comenzó a difundirse en el siglo pasado. Hoy, esos objetos que para algunos lucían arcaicos tras la irrupción del sistema digital, hoy parecen transitar momentos de resurrección, de la mano de las nuevas tecnologías y de un golpe de efecto de mercado.

Coki cuenta que para él “revalorizar” los discos de vinilo no es una novedad, de hecho los adoptó como su formato de cabecera hace veinte años. Los reivindica, pero no desde la nostalgia sino como una forma “de búsqueda infinita”, esa que lo empuja a uno a meter la nariz en alguna batea de usados y escarbar hasta reencontrarse con una perla olvidada.

“Parque de canciones” es uno de los temas que integran “Chicodinamitaamor” y bien podría servir para definir o describir su discoteca. Obviamente, hay CDs, como la colección completa de Lou Reed y los trabajos de los grupos locales. Pero los vinilos allí ubicados y ordenados en forma vertical, exhibidos en un robusto aparador oscuro, harían las delicias de cualquier melómano de variado gusto musical.

Coki atesora allí más de seiscientos títulos de todas las épocas, géneros y de diferentes lugares mundo que tuvo la suerte de visitar, especialmente en la época en que se unió a la banda de Fito Páez. En el tiempo que le quedaba libre entre show y show preguntaba dónde quedaba alguna disquería y hacia allí avanzaba en una nueva búsqueda infinita.

Dice que su colección va mutando, “está viva”. Incorpora títulos, pero también puede ocurrir que regale uno a algún amigo. Algunos se perdieron en mudanzas. Coki no se amina a hablar de discos predilectos, pero en ese punto hace una pausa. Entonces estira los brazos y comienza a buscar. Con una mano sostiene una gruesa hilera de long plays, separando más o menos por la mitad uno de los estantes.

Con la otra mano, al resto de los discos los hace pasar haciendo garabatos con los dedos. Un segundo después extrae de ese pequeño mar los cuatro álbumes de Coki and The Killer Burritos editados en formato de vinilo, confeccionados “a pedido” en Buenos Aires. Los únicos ejemplares de su especie. Un regalo de cumpleaños de sus amigos Fito y Carlos Vandera.

“Nunca dejé de comprar vinilos porque me gusta buscar esos discos que siempre quise tener. Además, ese es el formato como salieron los discos por primera vez. Ahora, las compañías discográficas están al acecho de los compradores. Eso encareció muchísimo el precio, y también la fiebre del coleccionismo ha puesto al disco en un valor que realmente no tiene. No es genuino el precio que se paga por algunos Lps, casi a precio de órganos”, dice el ex cantante de Punto G.

“Los discos me gustan porque creo que, para mí, ésa es la única forma de escucharlos. No por otra cosa. No lo hago por nostalgia, ni tampoco soy una persona que se desvive por el sonido puro o un estudioso del audio. Simplemente es el formato predilecto que permite ir al encuentro. Descubrirlo. Encontrarlo tirado en un lugar a buen precio. Comprarlo al valor de mercado, o al que te lo pueden vender como nuevo, no es lo que me interesa. Me gusta descubrir los que no conocía o que habían salido en su época y ahora están fuera de catálogo”, completa.

Coki se remonta a la infancia en Cañada de Gómez para recordar sus primeros contactos con la música. Allí, en el seno familiar, los fines de semana se escuchaba tango y la curiosidad de pibe le hizo pedir que le compren un simple de Cacho Tirao.

Un poco más adelante en el tiempo alguien le regaló “Blondes have more fun”, de Rod Stewart. Después adquirió su primer tocadiscos y sobre el aparato un día comenzaron a girar Humble Pie y Rod Rose, entre otros. “Cuando era pibe me fascinaban las tapas. Compré discos de Iron Maiden y Van Halen por las tapas. También escuchaba Deep Purple y Led Zeppelín. A los Beatles y a los Rolling Stones los descubrí tiempo después. No había tanta fiebre Stones en Cañada. Conocíamos más el flipper de los Stones que su música”, agrega.

Debernardi no sólo escucha rock. Entre otros, discos de Neil Diamond estuvieron junto a “Mercedes Sosa, en vivo en Argentina”. “Ese –dice Coki-, en el que están Milton Nascimento y Charly García, lo gasté”, dice.

En esa masa de discos que “está viva”, Coki atesora un regalo que le hizo un fan suyo. El muchacho le pidió que grabara una versión más “folk” o acústica de “La tormenta”, tema incluido en el disco “Perdida”. El tipo se iba a casar y quería que ese tema sonara durante la ceremonia. Coki aceptó y no le cobró porque el fan llegó hasta afrontar el alquiler de un estudio de grabación. “El muchacho pagó el estudio y yo se la hice. Al tiempo, me mandó un simple de vinilo que hizo fabricar especialmente para mí. Unico”.

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