Escenario

Maximiliano Guerra: "Los bailarines somos actores sin palabras"

El bailarín elogió la historia de "Carmen", la gitana más famosa de la literatura francesa por su determinación, su "coraje" y la forma en que ejerce su libertad.

Domingo 16 de Junio de 2013

Maximiliano Guerra regresa a Rosario con "Carmen". El bailarín elogió la historia de la gitana más famosa de la literatura francesa por su determinación, su "coraje" y la forma en que ejerce su libertad. Por todas esas razones, el libro de Mérimée, del siglo XIX, siguió su camino hasta hoy en la ópera de la mano de Bizet y luego llegó a la danza. Pero en este punto la propuesta del bailarín y su Ballet del Mercosur se diferencia de versiones anteriores, según contó Guerra a Escenario. Guerra, que además contó cómo fue su regreso a la televisión abierta como jurado de "Celebrity Splash". "Carmen" subirá a escena hoy, a las 21, en el teatro Broadway (San Lorenzo 1223).

—¿Qué tiene "Carmen" para conservar la vigencia?

—Creo fervientemente que Carmen es un personaje que todos admiramos y emulamos un poco. Todos queremos ser libres como Carmen, vivir una vida quizás desprejuiciada, con ganas de hacer lo que queremos y poder hacerlo. Y también tiene mucho coraje, fortaleza y seducción. Es un personaje que si bien quizás está en el inconsciente colectivo de todos, hasta quizás sin conocer la historia profundamente como se podría, nos transmite mucha alegría, mucha vida y mucha fuerza.

—También paga un precio. Es interesante la responsabilidad que muestra sobre las consecuencias de sus decisiones...

—Sobre sus decisiones y aparte las elecciones que ella hace de vida son tremendamente radicales, profundamente deseadas. Ella por no perder su libertad va hacia su propia muerte sabiéndolo, pero no va a dejar su libertad de lado, al contrario.

—¿Qué afinidad sentís con el personaje?

—Lo que encuentro en la historia de Carmen, porque ahí me siento identificado, es que es una novela realmente de mucha pasión, de mucha seducción, amor y fortaleza. Es muy profunda. Lo que le pasa a Don José, que es el personaje que encarno, el arco que tiene desde que empieza como un muchachito recién llegado al cuartel, que tiene responsabilidad, que viene de una familia vasca y una forma de vida tremendamente rígida, estructurada, de repente se enamora de esta mujer que lo enamora de una forma intespestuosa y se va al otro extremo, se va a hacer contrabandista, ladrón, todo por seguir a este amor. Es tremendamente pasional también. Y lo termina volviendo loco de celos y eso no lo tolera.

—Te enfrentaste a tu personaje, Don José, cuando eras un adolescente...

—Yo tengo personajes con los cuales me identifico plenamente. Uno es Espartaco y el otro es Romeo, pero Don José es muy cercano a mí porque lo tomo como el primer personaje en una obra completa que interpreté cuando tenía 16 años. En La Plata me invitaron a hacer Don José y después lo hice muchas veces en mi vida.

—¿Cuál fue tu enfoque de la obra?

—Llamamos a Manuel Callau para que hiciera la dirección actoral. Hicimos un trabajo de actores porque soy un convencido de toda mi carrera que somos actores sin palabras para contar historias, cuentos. A partir de eso le di una vuelta de rosca al ballet tradicional de "Carmen". El ballet tradicional está basado en la ópera y la ópera tiene una reforma con respecto a la novela. Yo me fui directo a la novela, cambié un poco los órdenes, agregué un personaje, que es el Destino como hilo conductor de toda la obra, el presentador de los personajes y que engarza las piezas para que la tragedia suceda.

—La primera parte del espectáculo, "Tango Paradiso", la dedicás a una música popular. Siempre pusiste un acento en lo argentino...

—Me gusta mucho rescatar lo que somos porque creo que los artistas somos una consecuencia de nuestra cultura y nuestra sociedad, Creo que la tenemos que valorizar y revalorizar cada vez más porque es lo nuestro. Acá estamos hablando de hacer "Carmen", que es una obra sobre una novela francesa, escrita sobre una historia española con música de otro francés y una técnica que en realidad es creada en Francia y en Italia, que es la técnica clásica que fue explotada en Rusia como el ballet clásico. De repente podemos decir «hacemos esto, pero también somos esto». Así es como muchas veces bailo tango como otras obras, como "Ritual", que tiene música folclórica contemporánea. La idea es hacer cosas que tengan que ver con nuestras raíces. Siempre uno tiene que saber de dónde viene para saber a dónde va.

—En tu repertorio tenés coreografías de rock, bailaste obras de Charly García, de la Bersuit, y también tango. ¿Hay mayor aceptación de géneros como el tango y el rock, antes que obras de otros músicos como Ginastera o Yupanqui?

—Creo que sí porque es más actual, es más el presente, lo que se escucha en el momento. Lo que también para mí fue un plan en un punto de recuperar el público joven para el ballet. ¿Esto cómo lo hacía? Cuando me junté con Charly la primera vez hicimos una obra que tenía coreografía de Oscar Aráiz, con dos canciones de Serú Girán, y al final bailábamos el Himno versionado por Charly. Esto trajo de vuelta mucha gente joven al teatro a ver ballet. Mientras hacíamos eso yo siempre hacía algo clásico y eso fue generando un público nuevo. Obviamente tiene una aceptación.

—¿Y cómo lo recibe el público más tradicional?

—Me han pasado cosas maravillosas, como por ejemplo una señora de casi 80 años en el teatro Independencia de Mendoza, que se quedó a esperarme hasta que saliera para preguntarme de quién era la música de "Argentino" porque le había encantado. Me pedía que le dijera cuáles eran los temas que habíamos bailado de la Bersuit. Estas cosas también suceden.

—¿Qué tal fue trabajar con Charly?

—En ese momento trabajamos muy poquito. En realidad trabajamos más cuando hicimos "Sí", una obra para la que grabamos juntos sobre la música, los cortes, la estructura, pero fue en el 2004. La verdad que fue maravilloso trabajar con un señor que tiene semejante talento, y semejante locura también. La locura hay que seguirla, pero hay que entenderla. Hay que resistirla y de repente empiezan a aparecer cosas mágicas.

—Querías ser futbolista en un momento de tu vida...

—Sí, cuando era chico mis padres me llevaban al club de River y jugaba al fútbol. Jugué hasta los 13, y entre los 10 y los 13 bailaba y jugaba. Después conocí el escenario, la magia de estar arriba del escenario, y la verdad que fue una decisión interna, casi inconsciente porque no fue que dije «ahora no juego más al fútbol». Me gustó bailar, me gustó mucho más la danza, lo que me pasaba arriba del escenario que jugando al fútbol.

—¿Tenías compañeros varones, porque es una constante que haya más nenas?

—Sí obviamente. Yo tengo una escuela, y tengo 180 alumnos, de los cuales 140 son mujeres. Siempre hay más niñas bailando que varones. Ahora se abre un poco porque en las escuelas de danza hay géneros que antes no había. Ahora hay hip hop, folclore, tango, otras disciplinas que se fueron sumando en mi escuela y muchas otras que les llaman la atención a los varones y traen un poco más de chicos. Pero en realidad la danza clásica siempre tuvo eso. Por eso es una realidad que para la mujer es mucho más competitiva que para el hombre.

—¿Sucede por un prejuicio cultural argentino o es algo más generalizado?

—Creo que es general. El varón cuando empieza a crecer le llama mucho más la atención el deporte quizás. Pero es cultural mundial. Por ahí en Rusia o en Francia tenés otra cultura en la que esto está como más balanceado, pero en el resto del mundo es más o menos así. Siempre habrá muchas más chicas que chicos.

—¿En algún momento lo viviste como un estigma?

—No, vos sabés que no. Yo empecé a bailar muy chico, y como siempre digo, los prejuicios los tienen los grandes. Mis compañeros me pasaban a buscar, parábamos en la plaza, jugábamos un picado, y seguíamos a casa.

—En la película "El cisne negro" se plantea justamente la competitividad de la que hablabas, ¿es así?

—Con "El cisne negro", en realidad, nosotros en el ambiente no estamos muy de acuerdo porque todo lo que le pasa a la Portman en la película no le pasa a una sola bailarina nunca. Y por otro lado la competencia es así, pero no te olvides que el cine siempre va a acentuar lo que quiere mostrar. Yo dirijo una compañía y no soy un tirano como lo plantean ahí. Y trabajé en muchísimas compañías y no me he cruzado con gente tirana de esa talla. Sí exigentes. Hay mucha exigencia, es verdad. También hay que entender que siempre estas profesiones parten del deseo, porque la profesión artística tiene mucho que ver con el deseo. Y el deseo es hacer lo mejor posible, ser llamado y siempre ser elegido. Hacer las cosas bien. Cuando empezamos a bailar queremos ser primeros bailarines. Después hay quienes llegaron y quienes están en grandes cuerpos de baile, que son tan necesarios como el primer bailarín.

—Desde tu lugar de docente ¿qué mensaje les dejás a tus alumnos en la Fábrica de Arte?

—Para Patricia y para mí, porque los dos dirigimos la Fábrica, el mensaje es siempre disfrutar lo que uno hace, hacerlo con ganas, y lo mejor posible, pero sobre todo con mucho disfrute, con ganas, con alegría, sin dolor. Nunca tiene que ser un sacrificio. Siempre tiene que ser algo deseado.

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