Escenario

Master Class, sueños de perfección

La actriz Norma Aleandro retomó la obra en la que interpreta a Maria Callas. Dijo que se identifica con la diva lírica en su búsqueda por superarse a sí misma.

Domingo 02 de Septiembre de 2012

Norma Aleandro puede hablar de su trabajo actoral con textos de autores de casi todo el mundo, desde Eurípides en adelante, tanto europeos como estadounidenses y latinoamericanos. O de cine, con varios proyectos en marcha y donde obtuvo un David de Donatello y la Palma de Oro en Cannes por “La historia oficial”, además de una candidatura al Oscar que le acercó esa película de Luis Puenzo.

También puede contar sus planes como directora -dirigirá a Ricardo Darín y Valeria Bertuccelli en “Escenas de la vida conyugal”, de Ingmar Bergman-, o para televisión, donde regresará en las nuevas entregas de “En terapia”, por Canal 7. O compartir a media voz, brevemente y sólo después de que se le pregunte, la dolorosa experiencia del exilio. Pero también habla con humor de sí misma y lanza frases como “yo no me tomo muy en serio”.

La actriz dialogó con Escenario poco antes de la presentación en Rosario de “Master Class”, una reposición renovada de la obra de Terrence McNally que estrenó hace 14 años. Allí interpreta a Maria Callas, un personaje que “tenía un carácter fatal”, pero con el cual se identifica por “no conformarse con lo que ha hecho”. La pieza fue nuevamente dirigida por Agustín Alezzo y actúan Marcelo Gómez, Lucila Gandolfo, Carlina Gómez y el pianista Santiago Rosso. Se presentará el viernes, sábado y domingo próximo, en el teatro El Círculo (Sarmiento y Mendoza).

   —¿Qué la entusiasmó para volver con “Master Class”?

   —Me entusiasmó Lino Patalano que fue el productor entonces y que es el productor ahora. Es una obra que amo mucho, con un bellísimo personaje, además con la posibilidad de trabajar con gente joven. Tengo realmente unos compañeros excepcionales, con mucho talento como Marcelo Gómez, Lucila Gandolfo, Carlina Gómez y el pianista Santiago Rosso. gente que está todo el tiempo haciendo maravillas por ahí y por suerte los tenemos ahora en la obra. Y volver a armar todo esto con Agustín Alezzo.

   —¿Qué le interesó particularmente de Maria Callas?

   —Me interesó todo. Su vida profesional y su vida personal. Nos va mostrando cuáles eran sus puntos de vista con respecto al arte y también sus cambios, sus problemas desde muy chica. Ella se veía feísima y fue muy gorda, pero llegó a ser una mujer excepcional en escena. Y además está su problemática personal que fue muy complicada, sus amores con alguien que no supo amarla y la abandonó, sus desdichas, una madre que la odiaba. Pero ella tenía un humor ácido, que lo utilizaba muchísimo y en la obra aparece. Aparece su vena trágica y operística para vivir.

   —¿Hay algo con lo que se identifique con este personaje?

   —Me identifico muchísimo con el perfeccionamiento que busca, con la manera de tomarse tan en serio su trabajo, de querer hacerlo cada vez mejor, no conformarse con lo que ha hecho. Lo que dice en las clases es muy interesante. No me interesa cómo lo dice porque tenía un carácter fatal que para mi no es el adecuado para un maestro.

   —¿Qué costo se paga por intentar hacer todo el tiempo todo bien?

   —Realmente no es ser una perfeccionista para que todo el mundo diga, “ah, qué perfecto”. No. Es algo íntimo mío con respecto a yo conformarme con lo que estoy haciendo. O no conformarme. No es ese perfeccionismo que paraliza, sino que quiero hacer las cosas mejor o por lo menos intentarlo. Y en ese intento es donde más me divierto. O sea que no es un costo. Es un beneficio. Me divierte muchísimo tirarme por el aire sin saber si está el otro trapecio.

   —¿Siente como una presión las altas expectativas con respecto a su trabajo?

   —No, no me siento presionada. Creo que hago algunas cosas bien y otras peor. Y después es seguir haciendo. No me divertiría. Yo sigo porque me divierte, si no, no usaría tanto tiempo de mi vida para hacerlo. Me divierte cuando estoy armando un personaje porque es armar una persona.

   —¿Y si todo sale mal cómo lo toma?

   —Cuando estoy elaborando un personaje me salen mal millones de cosas, mejor algunos días. Pero no me enojo. Cuando trabajo no me enojo. Como me da alegría el trabajo me divierto mucho, todos lo saben. Nadie me toma muy en serio. Yo no me tomo muy en serio. Por lo tanto todo el mundo que trabaja conmigo no me toma en serio, por suerte. Y nos divertimos. Esta es la verdad interna de mi trabajo.

   —¿Qué significa que no la tomen en serio?

   —Nadie me habla como si fuera algo excepcional. No lo permito de entrada. Y después todo el mundo se olvida. Se dan cuenta enseguida. Hay gente que me dice, “ay, no sabés el miedo que tenía antes de trabajar trabajar con vos”. Y ¿por qué? “Y, porque...”. Y ahí empiezan a delirar. Después se dan cuenta que la cosa no es así. Entonces nos ponemos todos en el mismo lugar que es donde tenemos que estar, en el escenario, en el set.

   —Hizo todo tipo de textos...

   —Lo que más me entusiasma es la variación. Si hago una tragedia después me encanta hacer una comedia, tanto en la actuación como en la dirección. Y últimamente tengo ganas de hacer comedias. El año pasado estuve haciendo “Sobre el amor” y está teñido por el humor. “Mater Class” tiene momentos de humor pero otros dramáticos.

   —En esa diversidad, ¿elige teatro argentino, europeo, estadounidense?

   —He tratado de hacer buenas obras, ya sea cuando las elegí o cuando me las ofrecieron. Y personajes que me aportaran algo. Hice de todo. Desde Eurípides a Tito Cosa o Discépolo. No me detiene que sea, inglés, americano, argentino o peruano. Me importa que sea interesante la obra para hacerla. Me equivoco como todo el mundo, pero trato de elegir lo que además de bueno, sea teatral.

   —¿Qué opina de los nuevos directores y autores argentinos?

   —Ahí realmente tenemos una cantera de oro maravillosa, tanto en autores, como actores, directores, grupos. Es un poco lo que hacíamos nosotros cuando armábamos cooperativas y éramos independientes. Por suerte no está la división como existía antes entre lo llamado profesional e independiente. Hoy se va de un teatro pequeño a uno grande, de una cooperativa a una producción. Todo el mundo crece.

   —¿Qué rasgo particular tenía aquel teatro independiente?

   —Se hacía un repertorio excepcional, al que no se atrevían en general los empresarios aunque tuvieran elencos estupendos. No hacían esas obras porque pensaban que Chejov, Eurípides o Moliere no llevarían público. En cambio el teatro independiente sí lo hacía y tenía pocas chances de ganar mucho dinero. Pero tampoco se vivía de lo que se hacía en el teatro.

   —¿A usted le pasó?

   —A mi me pasó durante poco tiempo. Yo saltaba del teatro independiente al profesional y del profesional al independiente. Los independientes me decían que era un traidora porque me iba, pero necesitaba sobrevivir... Y cuando estaba con los del teatro profesional me decían que no me fuera con esa gentuza... Bueno tenían frases famosas los unos para los otros que no las puedo repetir (ríe). Pero me alegro porque aprendí mucho de las dos partes.

   —¿Canta en la obra?

   —Canto, pero... poquito (ríe). No haría una comedia musical. Me lo han propuesto, pero no lo haría. Así como no bailaría ballet, por ejemplo. Creo que hay que tener mayor preparación que la que yo tengo en canto para una comedia musical.

   —Usted estudio en el Colón...

   —He estudiado de todo. Me aceptaron a los 11 años, pero no me dejó mi padre. Pero estudié danza toda la vida. Y me gusta muchísimo desarrollar las posibilidades con el cuerpo. Mi padre quería que no me distrajera con nada. Pero no me arrepiento de no haber sido bailarina. Tengo amigos bailarines y tienen realmente una carrera cortísima. Julio (Bocca) por ejemplo, pero hizo muy bien en retirarse cuando todavía volaba...

   —¿Cómo reaccionó antes los límites que impuso su padre?

   —Bueno, pataleé bastante (risas). Y a los 13 empecé en el teatro. Ahí mi padre no me pudo detener. Mis padres eran actores y directores de teatro además. Quizás por eso el tenía un poco de temor por una vida de inseguridad económica permanente. El quería para mi que hiciera algo un poco más contundente.

   —¿Y siguió por convicción?

   —Conocía tan pocas cosas que no fuesen teatro. No conocía otras disciplinas tan interesantes como esa. Después me fui quedando cuando conocí otras disciplinas que me hubieran interesado. Pero no sirvieron para sacarme del teatro. El teatro siempre me pareció algo realmente interesante para seguir profundizando.

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