Escenario

Mario Alarcón: "Cuando te dicen yeta lo creen todos"

El actor rosarino, que protagoniza hoy y mañana "Jettatore...!" en el teatro la comedia, da Una mirada sobre el mundo de la superstición

Sábado 01 de Junio de 2013

El yeta llegó desde el lunfardo para quedarse hasta nuestros días. Y como ejemplo basta mirar "Jettatore...!", la pieza de Gregorio de Laferrere estrenada en 1904, una obra que surgió para burlarse de algunas creencias populares pero también de la clase alta. El Teatro Nacional Cervantes presenta hoy, a las 21, y mañana, a las 20, en el teatro La Comedia (Mitre y Ricardone) "Jettatore...!", con dirección de Agustín Alezzo y protagónicos de Mario Alarcón, Lidia Catalano, Claudio Da Passano y un prestigioso elenco. "Esta obra satiriza la estupidez humana", dijo el actor rosarino Mario Alarcón.

Alarcón protagoniza ni más ni menos que al mufa o al yeta de la obra. El es Don Lucas, un solterón de buena posición económica, que llega a una casa para proponerle a la familia que está interesado en casarse con Lucía, una joven y bella dama. Pero, claro, ella está enamorada de su primo Carlos, y para zafar de Don Lucas no tienen mejor idea que inventar que este buen hombre trae mala suerte, o sea, que es un jettatore. Esto desencadena equívocos, en los cuales quien más se luce es Alarcón, el actor que participó en "El secreto de sus ojos", y quien interpretó un disparatado personaje en la ficción "Los sónicos".

—Según Agustín Alezzo el personaje de Don Lucas fue hecho especialmente para vos. ¿Es así?

—(Risas), Mirá, yo soy rosarino, me radiqué en Buenos Aires hace tiempo y nunca tuve la oportunidad de trabajar con Agustín. Para mí ser dirigido por Alezzo es un premio. Mi personaje tiene esta cosa tan argentina de la maledicencia, que cuando te cuelgan un sambenito de que sos yeta todo el mundo lo cree.

—¿Por qué la superstición sigue en pie con el paso del tiempo?

—Para mí, en lo personal, está un poco en desuso, pero sé que sigue funcionando. Es algo muy argentino, fue traído allá lejos y hace tiempo por la inmigración pero arraigó en nosotros. Hoy en día hay muchos actores de mi edad, no tanto los jóvenes, que tienen cábalas para combatir la mala suerte. A veces es hacer algunos rituales antes de actuar y otras pasa por no usar determinadas palabras en medio de la obra. Yo mucho no creo en eso, pero existe y está muy arraigado, sobre todo en el ámbito deportivo y futbolero, pero en el ambiente nuestro también, es muy argentino, no se dice mucho, pero todo el mundo tiene sus cábalas.

—Ya que citaste el ámbito futbolero y dijiste que sos rosarino ¿sos hincha de algunas de las dos pasiones rosarinas?

—Sí, leproso hasta la médula. Soy de zona oeste, de Rioja al 5300 entre Camilo Aldao y Larrea. Me fui a los 23 años a Buenos Aires. Yo estudié en la secundaria en el Superior de Comercio, y cada tanto voy allá cuando se reúnen los egresados. En Rosario hice radioteatro y estudié teatro en Aquelarre, que dirigía Héctor Barreiros, que trabajaba en el diario La Capital. De ahí me surgió la posibilidad de venir a Buenos Aires y seguir mi carrera profesional, porque estaba en la edad justa, no la podía dejar pasar, además Argentina era otro país.

—¿En la Argentina que plantea Laferrere está claro el perfil crítico hacia la clase alta de esos tiempos?

—Claro, porque Laferrere era un tipo de clase alta, y la virtud suya era caricaturizar a su propia clase, la conocía desde adentro, y lo hacía con mucho acierto, sin ánimo de ofender ni nada, pero exponía a gente con esquemas muy rígidos. Y sobre todo sobre los esquemas familiares, donde se deseaba que la nena se case con un señor adinerado, algo que era tan clásico en esas épocas en nuestra sociedad, y la satiriza exactamente bien.

—¿La estupidez humana es otra metáfora de esta obra?

—Exactamente, la gente necesita siempre aferrarse de algo superior que lo va a salvar, te diría que es algo universal. Aunque sea en secreto, hay más de lo que uno cree, todo el mundo tiene sus cábalas, sus números o le escapan al martes 13, en mayor o menor medida todo el mundo cree en esas cosas. Y lo que hace Laferrere es satirizar la estupidez humana, porque todos tenemos un momento de estúpido.

—Otro tema que aborda la obra se asocia a los alcances de la mentira y la verdad, algo que políticamente se ve mucho en la actualidad de nuestro país.

—Sí, mirá, si yo llego a comentar algo de vos que es mentira, después se hace imposible pararlo. Y eso es el poder de la mentira, cuando se entra a desparramar algo cuesta mucho laburo demostrar que es falso. Eso funciona muy bien en la política, y sobre todo en la actualidad.

—La gente te ubica por "El secreto de sus ojos" pero también por el rockero en "Los sónicos".

—Ah, sí, los rockeros maduros, ahí la pasamos muy bien. ¿Viste que los Rolling tienen la edad que tienen y les sobra polenta y energía? Bueno, por eso me encantó la idea. Ahora en tevé y en cine no estoy haciendo nada, pero voy a seguir en teatro, en el Cervantes. Estoy ensayando otra obra que se llama "La sombra de Wenceslao", que es de Copi, y la dirige Villanueva Cosse. Debutamos el 23 de julio y tiene dos meses de gira en octubre y noviembre, así que capaz que vamos a volver para Rosario. La verdad que soy un privilegiado, nunca tuve parates de laburo.

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