Escenario

María Creuza, en un emotivo homenaje a Vinicius de Moraes

La artista María Creuza, un referente de la escena de Brasil, dio un Recital en el teatro Broadway en el que interpretó muchos de los hitos de la música de su país.

Lunes 01 de Junio de 2015

María Creuza ofreció su sentido tributo a la obra de Vinicius de Moraes, el creador que resultó fundamental para el comienzo de su carrera artística. Numeroso público aceptó el convite y se acercó el sábado al teatro Broadway donde la artista bahiana ofreció, además del recuerdo del poeta carioca, un homenaje a obras de Jobim, Toquinho, Djavan y Baden Powell.

Víctor Vélez, pianista, director musical y esposo de Creuza, abrió haciendo un solo que sirvió para ajustar el sonido. Sin entrar aún escena, introdujo desde bambalinas los primeros fragmentos de "A felicidade" y mientras rezaba "tristeza nao tem fim" el público la recibía con una ovación, como se recibe a los grandes artistas.

A su muy cuidada voz, le sumó gestualidades y una permanente invitación a cantar y hacer palmas, consiguiendo la participación de la gente, algo que ella disfruta mucho en todos sus shows. "Fueron muchos años sin venir", dijo en el saludo, en perfecto español, antes de pedir un aplauso para Vinicius y proponer un viaje por sus canciones.

La suave cadencia que impone su estilo y la sutil base rítmica del trío musical, aportaron a la notable interpretación de "Garota de Ipanema", el tema que Vinicius le escribió a ese barrio de Río de Janeiro donde María tiene su propio espacio, justo en la calle que lleva el nombre del genial creador.

Con un brindis, propuso imaginar que se estaba en la casa de uno, con un vaso de whisky, recordando que Vinicius le enseñó a tomarlo en los momentos compartidos en la intimidad de aquellos tiempos iniciales.

Ya instalada en el universo creativo del homenajeado, con la autoridad que le da su conocimiento profundo de la obra, demostró por qué Vinicius la eligió entre tantas cantantes brasileñas de su época.

Con Víctor fraseando en el piano, siempre cercano al jazz, el trío de argentinos que acompaña la gira sumó un guitarrista invitado: Derick Santos, bahiano como ella, que también se lució.

A sus 71 años, conserva intacta la calidad de la voz, algo que logra con un riguroso cuidado de sus cuerdas vocales. Cada canción la transporta a un momento mágico.

Con Derick, el simpático e histriónico guitarrista, encaró a dúo el recuerdo de sus encuentros en el escenario con el músico paulista Toquinho, cantando y contando la historia de "Chega de saudade" y luego, sumando al piano, tributar a Jobim con "Corcovado".

Buscando la letra, pidió bajar las luces y creó un clima intimista para recordar momentos de su paso por La Fusa, el mítico café concert de los años setenta.

"Catendé", un tema bien bahiano, inspirado en ese sitio cultural, la dejó emocionada y le costó reponerse y seguir. Esta obra y también "Vocé abusou", su gran éxito, son creaciones de Antonio Carlos, su primer esposo.

Abrumada por los recuerdos, visitó la obra de Baden Powell, el guitarrista con el que trabajó en París. Introdujo "Samba em prelúdio" contando esa historia con Powell y Vinicius en el teatro Olympia, otro tramo fundamental de sus inicios.

"Con esos dos monstruos ahí, me olvidé la letra, inventé una y Vinicius después me presentó como su nueva co-autora", confesó entre carcajadas. "Era una pendeja, me encanta esta palabra", agregó después y dedicó la canción a las parejas presentes. Siguió romántica con "Eu sei que vou te amar", otra letra de Vinicius con música de Jobim.

En dúo con Víctor y su piano, pidió permiso para cantar algo de Djavan. "Heredero de Vinicius", dijo destacando el talento del creador, antes de cantar "Meu bem querer", una declaración de amor en formato de balada.

Volvió la banda completa, subió el ritmo entrando al samba y elogiándose mutuamente con Esteban, el baterista del grupo.

Cuando comenzó a sonar "Vocé abusou", no fue necesaria ninguna invitación, el público se acopló de inmediato con los primeros acordes. Un solo de cada instrumentista le permitió un breve descanso. Los presentó a todos, especialmente a Víctor Vélez, su esposo y pianista oriundo de Villa María, con quien lleva más de treinta años de matrimonio.

Se fue despidiendo haciendo un reconocimiento "a mis admirados artistas argentinos", nombrando a Fito Páez entre ellos.

"En homenaje a ustedes, para que no me olviden", dijo antes de cantar la última. Con "Se todos fossem iguais a vocˆ", de Jobim-Vinicius, concluyó la celebración de la gran obra que estos creadores aportaron al desarrollo de la música de Brasil.

Un encuentro para toda la vida

María Creuza fue compartiendo historias y sentimientos de su intimidad más profunda y con cada anécdota ilustraba diferentes etapas de su carrera artística.

Como la que relató acerca de su primera visita a la casa de Vinicius, respondiendo a la invitación del poeta. Recién llegada desde Bahía a Río de Janeiro, le cantó un tema de la obra "Orfeo Negro". "Fui a su casa, conocí a su sexta mujer, embarazada de María, su última hija. Me pidió que le cante algo a capella, a los postres, como dicen ustedes y le canté "Mañana de carnaval", contó.

"«Tu voz me acaricia», me decía Vinicius tratando de seducirme y se puede decir que con esta canción conquisté al poeta", recordó antes de cantarla. También confesó que está muy sensible últimamente, porque cantando se transporta y se le presenta una película de aquellos años con Vinicius.

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