Escenario

Madonna, lejos de abandonar el reinado del pop

La artista estadounidense arrancó en Gales con su nueva gira, "Sticky and Sweet" Con 50 años cumplidos, la cantante demostró que sigue siendo un ícono de los jóvenes.

Lunes 25 de Agosto de 2008

Ella no dejó sombra de dudas. ¿De quién hablamos? De Madonna, la reina del pop. Sobre un trono y vestida con medias de red y tacones de vértigo, Madonna conquistó en la noche del sábado el escenario del estadio Millenium en la localidad británica Cardiff. Sólo una semana después de su 50 cumpleaños, el icono del pop comenzó la largamente ansiada gira mundial "Sticky and Sweet".

Pero, a pesar de sus coreografías sensuales, imágenes de Britney Spears y Hitler en las pantallas y ocho cambios de vestuario, no logró ser la reina de todos. Parecía como si la musculosa Madonna quisiera encarnar la eterna juventud a toda costa.
   La superestrella de acero apareció en el escenario de la ciudad de Gales con dos horas de retraso para el enfado de muchos fans. “No pagué 75 libras para estar sentado a la intemperie sobre un suelo de cemento y comer perritos calientes”, se quejó Tom Allen, un asistente al concierto. Más tarde, el concierto empezó a gran velocidad con la canción “Candy Shop”. Los 40.000 espectadores, entre ellos su esposo Guy Ritchie, a pesar de los rumores de crisis matrimonial, y sus hijos Lourdes, Rocco y David, entraron poco a poco en calor.
   A trompicones se pasó revista a las etapas de una carrera de 25 años de duración: el show, dividido en cuatro partes, “Pimp”, “Gypsy”, “Old School” y “Rave”, repasó desde los ritmos hip-hop hasta la música cíngara y de los años 80. Madonna apareció subida en un descapotable blanco, imagen inspirada por su nuevo CD, “Hard Candy” y el gangster-rap de Estados Unidos y ofreció un baile sobre la barra americana así como pasos de Breakdance. No había atisbos de cansancio por la edad.
   Los fans, sin embargo, esperaron en vano provocaciones como en su última gira “Confessions” (2006) cuando se la vio colgada de una cruz. Madonna parecía más preocupada por mostrarse políticamente correcta que por provocar cuando se proyectaron imágenes de Hitler, Robert Mugabe y el candidato republicano a la presidencia de Estados Unidos, John McCain, para acompañar su canción “Get Stupid”. La serie de personalidades terminó con John Lennon, John F. Kennedy y Barack Obama.
   Tampoco la “aparición” de Britney Spears en las pantallas logró convencer realmente: en un montaje de video se veía a Britney Spears con gafas de sol y atrapada en un ascensor. Las llamadas de Madonna a los fans para “hacer algo de ruido” no ayudaron a mejorar el ambiente. “Simplemente no fue tan bueno como en su última gira”, señaló Una Magill, una fan de 30 años originaria de Belfast. “El público estaba algo callado, la gente no vibraba”.
   No es que Madonna no se esforzara. Muchos críticos y fans quedaron fascinados por un show “maravilloso”, “espectacular” y “mágico”: más de 650 horas de ensayo, 3.500 prendas distintas, miles de piedras preciosas y alrededor de 250 miembros de equipo proporcionaron al show la dimensión que se espera de la Chica Material. La estadounidense también cantó sus éxitos “Like A Prayer”, “La Isla Bonita” y “Give It To Me”.
   El mensaje “Game Over”, que se podía leer en las pantallas tras unas dos horas, no vale por el momento: durante la gira, que finaliza en Sao Paulo en diciembre y que pasará por Argentina a comienzos de ese mes, Madonna parará en numerosas ciudades del globo. Si tenemos en cuenta la energía con la que Madonna voló por el escenario, no existen muchos fundamentos para creer en el fin de la carrera de este incombustible ícono del pop. 

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