Escenario

"Madama Butterfly": Drama, música y pasión para una ceremonia lírica sin fisuras

Gallimard, un personaje del filme de 1993 "M. Butterfly" de David Cronenberg, dice: "El hombre que amé era indigno, no merecía ni una segunda mirada, y en lugar de ello le entregué mi amor, todo mi amor".

Martes 08 de Abril de 2014

Gallimard, un personaje del filme de 1993 "M. Butterfly" de David Cronenberg, dice: "El hombre que amé era indigno, no merecía ni una segunda mirada, y en lugar de ello le entregué mi amor, todo mi amor". La frase encierra la sustancia de la ópera de Giacomo Puccini "Madama Butterfly", una de las obras mas perfectas del repertorio lírico: drama, música y pasión unidos en un todo y sin fisuras. Cuando estos factores se unen de la manera correcta se produce un evento cultural de primer nivel. Eso ocurre con la actual producción de la Asociación Cultural El Círculo.

Eiko Senda, la estupenda soprano de origen japonés, ofreció una exquisita interpretación de la geisha Cio-Cio-San (Madama Butterfly), logrando una compenetración absoluta entre su cuerpo y la música. Pequeños gestos, fragilidad cuando el drama lo exige, humor (sobre todo en el diálogo del acto II con el cónsul estadounidense y donde es una joven radiante y llena de esperanzas). Cuando el drama se desata hay un momento en que Eiko Senda acompaña el texto con una correlación física y gestual impresionante; "No, no me diga nada... nada... Podría caerme muerta al instante" y toda ella parece desplomarse, como herida por el intenso dolor. En lo vocal amplió volumen cuando el momento lo requirió pero también hubo sutilezas, como el exquisito "dúo de las flores" (Scuoti quella fronda di ciliegio).

El tenor Juan Carlos Valls interpretó un Pinkerton con el cinismo típico del personaje, un buen timbre y amplios agudos, sumando a esto un buen manejo escénico. Escucharlo en el gran dúo de amor que cierra el acto primero junto a Senda fue una hermosa competencia de voces unidas por el amor de los personajes. En el airoso final "Addio fiorito asil" (Adiós, florecido refugio), el uruguayo atacó los agudos con toda confianza y si en su canto hubo desbordes, los espectadores los disfrutaron porque, en fin, eso es la ópera. La mezzosoprano Florencia Machado creó una Suzuki de lujo, hermosa voz, intenso color, buena proyección y compenetración musical con la Butterfly de Senda. Además tuvo un buen desenvolvimiento actoral, brindando a su personaje un interesante protagonismo.

Gonzalo Garay además de ser un estupendo barítono de segura emisión y buena proyección, es un actor consumado y brinda interesantes vertientes a su papel del cónsul norteamericano, Mr. Sharpless, que al final termina unido emocionalmente al infortunio de Butterfly. Daniel López Gómez, Claudio Gagliano, Germán Polon y Daniela Ratti cubrieron con solvencia sus papeles. El coro de la Opera de Rosario, con la dirección de Horacio Castillo, sonó correcto y el coro a "bocca chiusa" (boca cerrada) que finaliza el segundo acto, fue cantado con corrección.

Carlos Calleja arrancó un muy buen sonido de la Orquesta Sinfónica Provincial de Rosario. Su lectura fue contenida y prolija, resaltando los ricos colores de la paleta orquestal de Puccini. El Intermezzo del acto III fue estupendamente logrado, la orquesta sonó sólida y afiatada. La escenografía, funcional, y los trajes, apegados a la realidad social de los personajes.

El director de escena Pablo Maritano, logró una muy buena Butterfly. El personaje se transforma dramáticamente de la frágil adolescente del primer acto, a la mujer del tercer acto que asume la muerte con honor ante la imposibilidad de vivir una vida sin su amado. El que Butterfly vista al modo occidental como forma de buscar la adherencia superficial a una cultura que le era hostil es fuerte, y suena a cruel ironía final el hecho en que mientras Butterfly se suicida el hijo flamee la bandera yanqui y la bandera imperial. En general, Maritano apuesta por una visión clásica directa y por esta razón muy efectiva. Hay momentos de gran plasticidad como el final del acto II con el coro a boca cerrada y el escenario sin personajes, solamente la casa de Butterfly y un juego de luces cálidas que se van apagando como una poética evocación de los paisajes dibujados a tinta de Toyo.

En una contemporaneidad que ha matado a la poesía por el horror de la realidad, qué buen ejercicio para el corazón es revivir la historia de Madama Butterfly la idealización del amor supremo y de la entrega sin condiciones.

Funciones

“Madama Butterfly” subirá por segunda vez al escenario del teatro El Círculo hoy a las 20.30, y el sábado se despide a la misma hora.

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