Escenario

Luisa Kuliok: "Las mujeres venimos de siglos de sometimiento"

La actriz llega a rosario con "Las obreras", una obra que revisa el origen del movimiento sindical argentino y se presenta hoy en Plataforma Lavardén.

Viernes 25 de Abril de 2014

Es un placer escucharla. Luisa Kuliok está presente aquí y ahora, en cuerpo y alma, en cada palabra que pronuncia, en la sabiduría de su arte. La prestigiosa actriz que conquistó a los televidentes a través de sus protagónicos en clásicos como “La extraña dama”, “Amo y señor”, “Venganza de mujer” y tantos más, asegura sin titubear cuál es su pasión en la vida: “Estar viva y presente todo el tiempo, un acto de coraje”.

Lejos de su rol de femme fatale que enamoró a varias generaciones, Kuliok llega a Rosario para encarnar a una trabajadora de una lavandería que lucha por sus derechos. Se trata de la puesta “Las obreras”, de María Elena Sardi, que estrenó en la década del ochenta, actualmente adaptada y dirigida por Joaquín Bonet, que sube a escena hoy, a las 20.30 en Plataforma Lavardén (Mendoza y Sarmiento).

Se trata de la historia de la primera huelga de trabajadoras en una lavandería de lanas en la ciudad de Avellaneda ocurrida en el año 1904, plasmada en un espectáculo producto de un convenio entre el Teatro Nacional Cervantes y la Mesa Intersindical de Cultura Néstor Kirchner, a través de la Secretaría de Cultura, Ciencia y Técnica de la CGT, UPCN y SADOP.

Antes de la función, que es con entrada gratuita y desde ayer se encuentran agotadas, Kuliok dialogó en exclusiva con Escenario sobre el significado sociopolítico de esta obra, su búsqueda constante del arte, su visión del país y su rechazo al bisturí. Con ustedes, la sabiduría de Luisa.

—Bonet dijo que poner en escena esta obra permite la posibilidad de revisar el origen del movimiento sindical argentino y valorar las conquistas sociales logradas a lo largo del siglo XX. ¿Cómo vivís este protagónico con tanta connotación sociopolítica?

—Creo que todo lo malo que sucedió puede volver a pasar. La tarea del reclamo y de honrar los derechos conseguidos es cotidiana, porque el monstruo que nos saca los derechos acecha siempre. Las sociedades son cada vez más complejas, y nos deshumanizamos cada vez más. Incluso, hoy en día pareciera que un alto porcentaje de la existencia de las personas pasa por las redes sociales, en lugar del contacto directo, de poder escucharse, mirarse, lo que expresa un cuerpo. Me parece que todavía estamos en una distorsión con respecto a las redes, frente al gran fenómeno que son como herramienta. Las redes son maravillosas, pero hay que aprender a usarlas. Me parece que son tiempos para valorar el  ser persona, los derechos que tenemos, la consideración hacia el otro, saber que para construir siempre es necesario un otro. Esta obra habla de todo eso, trasciende el origen de lo que fue una agrupación sindical, y, desde este lugar de búsqueda de derechos como trabajadores, llega al lugar más esencial que es la búsqueda del derecho de ser persona y tener un espacio en este mundo.

—En ese aspecto, ¿cuál es tu visión de la realidad argentina?

—Mirá, yo celebro tantas voces distintas, hablando y manifestándose. Eso habla de una gran libertad de prensa y habla de un lugar que se retomó, que es el de involucrarse políticamente. También creo que a veces es un poco atolondrado, como el tema de las redes sociales, porque pareciera que hemos estado contenidos en un formato durante muchos años y de pronto las cosas se expulsan en pensamientos y sentimientos de una manera burda y brutal. Pero celebro que se pueda hablar, reflexionar, compartir, analizar, intercambiar. Me gustaría que se pueda entrar en una etapa de poder manifestarnos de manera más inteligente y con más sensibilidad hacia el otro, donde uno sepa que tiene el derecho de ser y de escuchar al otro. Todavía estamos en un momento distorsionado también. Pero celebro que la política haya alcanzado la opinión de los jóvenes que se involucran y sienten que vale la pena. Y que sólo se puede andar hacia un futuro metiendo el cuerpo, la cabeza y el corazón.

—Una visión muy positiva, muy pisciana, ¿eso también se ve en la obra?

—Soy Piscis y Aries, tengo las dos cosas, y tengo ascendente en Escorpio. Yo tengo mucha fe en el ser humano y en ese sentido “Las obreras” es extraordinaria porque dura una hora y diez, y en ese lapso de tiempo los personajes empiezan en un lugar y terminan en otro. Se produce una transformación de los seres, que lógicamente produce una identificación muy grande en el público, que se emociona y se divierte porque además tiene humor. Incluso mi personaje, que es una mujer de unos treinta y tantos de 1904. La acción está basada en un hecho real que fue la primera huelga en que participan las mujeres de una lavandería de lanas de Avellaneda. Mi personaje había sido prostituta de joven porque no le quedaba más remedio, eran épocas de enorme miseria. Y empieza a trabajar en la lavandería y ella no quiere otra cosa, por más que trabaja 12 horas y gana la mitad de lo que ganan los hombres. Y aparece el personaje de una delegada, que hace Mónica Santibáñez, en ese micromundo de la lavandería, donde hay un capataz, que es una especie de traidor a los trabajadores. Y muestra esta lucha por las mujeres por crecer y asociarse. Y también habla de los hombres de esa época. Es importante contarle a la gente que esta historia se cuenta como en la vida. Uno transita la vida y no se la pasa llorando, uno transita la vida y enfrenta el conflicto con entereza y con humor. En este pequeño mundo de la lavandería, estas mujeres disfrutan del momento, conversan y comparten, la vida está presente, y ese es el gran objetivo, el de estar vivos y enteros en la vida.

—Si bien la mujer ha sabido ganarse lugares que antes sólo ocupaban los hombres, ¿considerás que aún quedan luchas por ganar?

—¡Totalmente! ¡Falta todo! ¿Sabés por qué? Es un tema cultural, las mujeres venimos de siglos de sometimiento, entonces a veces, desde nuestro rol, acompañamos el machismo. No es sólo culpa de los hombres, somos co-responsables del machismo en cosas mínimas, sutiles y cotidianas, y también de que se filtre esa cultura en la que hemos sido educados. Entonces hay que estar muy atento y alerta para que en cada lugarcito se establezca la paridad, que es lo único que nos da el lugar que merecemos, más allá del sexo. Y más ahora, que afortunadamente está la ley del matrimonio igualitario. Son tiempos donde se impone luchar todo lo necesario y con las mejores armas para que se entienda que somos personas; no importa el sexo, no importa lo que elijamos para nuestro vida privada o pública o si podemos adoptar niños en los matrimonios homosexuales... Me parece que tenemos que crecer, no quedarnos. Y todo aquello que contribuya a una manifestación de amor debe tener todo el crédito posible. Tenemos que abrir las cabezas y los corazones. “Las obreras” apunta a ese lugar y estamos muy felices de hacer esta obra que es un elemento conductor. Y pese a tener un alto contenido político, no tiene bandería política. Esta obra no es un panfleto, sino que hace arte con un mensaje. En todo lugar es necesario mantener la solidaridad, el sentido de equipo y buscar el arte, lo poético.

—El mes que viene se estrena “Muerte en Buenos Aires”, la película de la cual formás parte. Después de éxitos en la televisión, cine y teatro, ¿te sentís una actriz más de teatro?

—En la película hago una pequeña participación, pero es un personaje muy decisivo dentro de la historia. Hice poco cine, y en la televisión, hice las mejores historias que fueron un lujo. Hago teatro desde los 5 años y creo que es el mejor lugar para que uno pueda estar totalmente vivo, porque ahí no hay edición, ni nada que se pueda corregir, sos vos con tu cuerpito y tu alma, y lo mismo el espectador. Cuando el espectador decide ir a ver tal obra y tal actor, es un acto de fe y de compromiso, que me compromete más todavía. Es decir, que alguien elija que ese único momento de su vida va a compartirlo con uno me parece formidable y lo honro enormemente.

—¿Cómo vivís el lugar de femme fatale para los argentinos?

—Evidentemente hay algo con mi manera de sensualidad de encarar la vida, algo genera, pero no tiene que ver conmigo. Uno no es muy consciente de lo que despierta en los demás. Pero claro que me halaga como mujer que me digan cosas lindas y me gusta verme bien. No pienso todavía en hacerme cirugías (risas), porque si tengo que cambiarme la cara y tener una cara de plástico, ¿cómo voy a contar que mis sentimientos no sean de plástico? No digo de no hacerme una refrescada, pero me limitaría mucho pasar por el bisturí. En “Las obreras” no me van a ver muy de sex symbol (risas).

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