Escenario

Los Vándalos: “Somos un grupo de monstruos lindos”

La risotada de Popono resuena en todo el bar. “Los Vándalos estamos reambiciosos”, dice, y suelta una carcajada. Pero la ironía esta vez tiene algo de verdad

Sábado 23 de Mayo de 2015

La risotada de Popono resuena en todo el bar. “Los Vándalos estamos reambiciosos”, dice, y suelta una carcajada. Pero la ironía esta vez tiene algo de verdad. El grupo liderado por Popono volvió al ruedo con “Trabajo duro”, su primer disco en seis años, un álbum que comenzó a componerse en 2010 y que en principio iba a ser doble. Se trata del CD más elaborado y cuidado de la banda, que se tomó su tiempo para afilar y potenciar su rock de corte stone con hermosos diálogos de guitarras y también probó suerte con el formato de canción. El disco se grabó en forma independiente pero finalmente se editó a través de Pop Art, la productora más importante del rock argentino, y tiene distribución a nivel nacional con Sony Music.

   El combo formado por Diego “Popono” Romero (voz), Cristian Bruscia y Juan Pablo Aguilar (guitarras), Lucas Oliván (bajo), Gabriel Bassani (batería), Bruno Acanfora Greco (piano y teclados), Matías Moro (saxo) y Pablo Casadei (armónica) mostrará sus nuevas canciones esta noche, a las 22, en el teatro Vorterix (Salta y Cafferata), y también recreará los hits locales que cosecharon en más de dos décadas de carrera. Antes de subir a las tablas, el cantante de Los Vándalos habló con Escenario sobre el largo camino hacia “Trabajo duro”, su vocación como showman y la pasión de un grupo que siempre apostó por seguir.

   —El disco comenzó a gestarse en 2010. ¿Por qué recién ahora llega a las bateas?

   —Fue un proceso largo. En el 2010 estuvimos tocando en España y después en Cuba. Los viajes te abren mucho la cabeza, y ahí empezamos a componer. En principio queríamos hacer un disco doble: empezamos a bosquejar y grabar un montón de temas y los íbamos cajoneando. Algunos eran sólo un riff y unos acordes, otros tenían melodía, y así hicimos como 70. A ese material después lo trabajamos en los ensayos, donde unimos temas que eran parecidos y a otros los separamos, fue como un rompecabezas. De los 70 quedaron unos 40 temas. En mi casa también empecé a hacer las letras, escribía como cinco letras a la vez. El problema fue que en el proceso nos dimos cuenta que no íbamos a terminar más (risas). Además al ser independiente el costo de editar un CD doble iba a ser demasiado grande. Entonces decidimos hacer un disco solo pero bastante largo, con 16 temas.

   —¿Sentís que este álbum es más elaborado que los anteriores?

   —Sí, y por eso nos llevó cuatro años. Pero es algo que nos gusta, que nos parece divertido, aunque le tuvimos que poner muchas horas. No sé, tal vez lo vemos así porque somos medio vagos (risas). Además con los chicos no tenemos mucho tiempo. La mayoría trabaja y tiene hijos, se hace difícil. Yo no, yo estoy dedicado a la banda desde hace años, preferí vivir así (risas). Las bandas de Rosario tienen esa particularidad: si perduran no es por el dinero, es por pura pasión y por la música en sí misma. Acá no hay mucho mercado para subsistir, si subsistís es porque te gusta realmente.

   —En este disco hay rock and roll, hay funkys y un par de coqueteos con la canción, con la estructura de melodía y estribillo. ¿Se incorporaron nuevas influencias?

   —Es cierto que nos animamos a la canción, pero no sé si nos salió (risas). Creo que “Viajo dentro de mí”, que es el tema de difusión, tiene un formato de canción, con estribillo y melodía, sin tanto arreglo rockero. Y también “Fuimos cambiando” y “Babilonia bastarda”. Además en este disco me animé a cantar más, con los años me fui encontrando más con mi voz. Nosotros siempre estamos escuchando más o menos lo mismo: Stones, Pink Floyd, mucho Ron Wood y Keith Richards solista. Pero en los últimos años yo empecé a escuchar más Pearl Jam, Nirvana y las bandas del grunge, que en su momento no me habían llamado tanto la atención. También escucho funk. La base es James Brown, pero después uno se va animando a escuchar las distintas variantes. Además empecé a escuchar a los Redondos, al Indio y a Skay, porque en los comienzos a mí los Redondos no me copaban mucho.

   —El CD está grabado y mezclado por Carlos Altolaguirre, que trabajó con Fito Páez, Luis Alberto Spinetta y La Portuaria, entre otros. ¿Eso influyó en la calidad final?

   —Sí. El tema del audio siempre estuvo a cargo del Tano (Gabriel Bassani, el baterista), porque él conoce mucho. Pero por ahí nos encontrábamos perdidos, no sabíamos para dónde ir, y ahí entraba a jugar Carlos. El nos decía con toda delicadeza “miren, yo haría esto”, y nosotros decíamos “seeeeeee” y le dábamos para adelante. Cuando nos veía muy perdidos él nos acomodaba. Creo que formamos un buen equipo para grabar y mezclar. Además acá metimos por primera vez coros femeninos, a los que también se suman coros masculinos, y eso está muy bien mezclado. También hay percusión, armónica y saxo en algunos temas. Nos tomamos nuestro tiempo para arreglar cada una de las canciones, hubo mucho de prueba y error, y eso se nota. El disco suena así de bien por el tiempo que le dedicamos. Hay temas que de entrada te parece que están bien, pero a los tres ó cuatro meses los volvés a escuchar y sentís que les falta algo. Esta vez tuvimos la oportunidad de hacer esos cambios, y también nos tomamos un buen tiempo para la mezcla.

   —En letras como “Metamorfosis”, “Lúcido” o “Maestro mayor biónico” aparecen personajes que podríamos calificar como “caretas”, superficiales o falsos. ¿Qué o quiénes inspiran esas letras?

   —No te lo voy a decir (risas). Pero no apuntan contra nadie en especial. Yo estoy rodeado de monstruos (risas). Y yo debo ser un monstruo más también (risas). Estoy rodeado de gente copada, de gente que le gusta hacer cosas con pasión, que es muy sociable. Así son desde mis amigos del barrio hasta Los Vándalos. Somos un grupo de monstruos lindos (risas). A mí todavía me sorprende la predisposición que tienen los chicos para ensayar, para viajar, para todo. Los viajes que hemos hecho últimamente nos han unido mucho. Hace poco tocamos en Jujuy y en Salta. La presentación del disco en realidad empezó ahí. Para las letras uno se va nutriendo de todo lo que pasa alrededor. Si alguien dice una frase que me gusta yo me la anoto en una libretita. La tengo siempre en el bolso. Ya me voy a comprar una tablet (risas), por ahora mi tablet es esta (señala el bolso).

   —En “Viajo dentro de mí” vos cantás “el pasado me aplasta”. ¿Te pesa el paso del tiempo? ¿Cómo ves en perspectiva los comienzos del grupo?

   —En ese tema canto “el pasado me aplasta y el futuro también”. Qué mal que está ese tipo, no? (risas). El mensaje de la canción es que tenés que vivir el presente. A mí no me pesa el paso del tiempo, ni me doy cuenta. Por ahí cuando me miro al espejo sí (risas), o cuando estoy un poco cansado. Pero en mi vida cotidiana me siento bien. Con respecto a los comienzos del grupo, no sé, reconozco que a veces siento un poco de nostalgia. Siempre recuerdo el momento en que me ofrecieron cantar en la banda, y les dije que sí instantáneamente. A veces pienso “mirá si les decía que no”, mi vida hubiese sido completamente diferente. Todo cambió por ese “sí”, por esa pequeña palabra.

   —¿Vos ya cantabas? ¿Por qué dijiste que sí?

   —No, nosotros jodíamos con la guitarra en la esquina del barrio. Yo solamente cantaba algo de Vox Dei, que me gustaba en esa época. Pero yo sabía que lo mío estaba arriba del escenario, lo supe desde chiquito. En la primaria siempre hacía reír a mis amigos, les hacía bromas, les contaba historias, sabía que tenía la capacidad de entretener. Después me olvidé de eso por un tiempo, pero ese bichito me volvió a picar cuando entré a la banda.

   —¿A qué te dedicabas en esa época?

   —En esa época yo había terminado la secundaria, terminé en la Técnica número 10, soy técnico electricista, ojo (risas). Y ya trabajaba en una droguería industrial. Ahí trabajé durante 13 años. Trabajaba con Cristian (Bruscia, el guitarrista) y con Cata (Cristian Cataldi), que en esa época tocaba el bajo.

   —Cuando empezaron con el grupo, ¿imaginaban que iban a llegar a un séptimo disco?

   —No, nuestro sueño era sacar un solo disco (risas). Nosotros no sabíamos qué iba a pasar y encima éramos medio quedados para salir a tocar. Pero cuando se unió el Pollo (el tecladista) nos empezamos a mover más. El y el Cata se movían mucho. Siempre había alguien que levantaba la bandera para seguir. La verdad es que nunca pensamos en dejar la banda. Cuando falleció el Cata (en marzo de 2003) nos preguntamos por primera vez qué hacer, pero decidimos seguir.

   —Los Vándalos tuvieron seguidores desde un principio. La figura del “seguidor” es bastante rara para una banda rosarina. ¿Por qué pensás que se da con ustedes?

   —A la banda la empezaron a seguir antes del primer disco. Al principio nos iban a ver solamente nuestros amigos. Pero empezó el boca a boca y se sumó mucha gente. Recuerdo uno de los primeros shows que hicimos en el Anfiteatro. Mucha gente nos descubrió ahí, porque eran shows gratuitos, muy copados, al aire libre. También creo que pegó nuestro estilo, el rock and roll más cuadrado y puro. A principios de los 90 empezó a entrar acá mucha música de afuera, blues y rock and roll, y a la gente le llamaba la atención una banda local tocando esos estilos. Al mismo tiempo me empezaron a ver como un personaje a mí, y yo siempre me sentí muy cómodo en esta postura de payaso (risas). Cuando salió nuestro primer disco la banda explotó. Recuerdo que las disquerías tenían el compact puesto a todo lo que da en la peatonal. Vendimos muchos discos. Ahí nos dimos cuenta que se podía. Esto empezó como un juego, después fue una pasión y también un trabajo. Es la famosa mesa de tres patas. Nos falta una, por eso se tambalea un poco (risas).

   —”Babilonia bastarda”, el tema que cierra el álbum, es una metáfora de Rosario. ¿Qué es lo que más te gusta y lo que menos te gusta de la ciudad?

   —Lo que más me gusta es la gente y el río. Yo me crié en La Florida, vivíamos en el río, pescando y cruzando a la isla. Me cuesta pensar en algo que no me guste de Rosario... Me parece una pena que haya poco mercado para el rock. Eso sí. Rosario es una de las ciudades más rockeras del país, de acá salieron músicos impresionantes. Pero a la gente le cuesta ir a ver a los artistas de acá. Y antes era peor, por suerte se ha ido revirtiendo.

   —Estamos en una época difícil para vender discos. ¿Qué expectativas tienen con “Trabajo duro”?

   —Yo creo que los rockeros siguen comprando discos. La única expectativa es que a la gente le guste. Y tenemos la ventaja de que como lo distribuye Sony va a llegar a todo el país. Yo estoy contento con el resultado. A veces, cuando escucho para atrás, encuentro algunas cosas en nuestros discos que me quiero matar. Pero este disco sigue el camino del anterior, que es muy bueno, aunque este es un poco más duro. Creo que cuando lo escuche en el futuro voy a decir “a este lo banco”.

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