Escenario

Los Shocklenders, de regreso en Vorterix: “Somos la familia Addams”

El grupo presenta hoy sus nuevos temas de “La hora del postre” más los clásicos de los 90. “Estamos a Full con este proyecto. Queremos seguir”, aseguran. 

Sábado 31 de Octubre de 2015

Los Shocklenders son unos personajes. Entrevistarlos es una experiencia muy distinta a charlar con otras bandas de rock. Hablan todos al mismo tiempo, hacen bromas, se contradicen, discuten, se ríen. El guitarrista se levanta y se va por un rato, el baterista saca una selfie y el cantante le apunta al celular como si tuviera una ametralladora. Pueden hacer declaraciones con mucha ternura, y al rato despacharse con una guarrada. En un momento la cosa se complica y el guitarrista grita: “Bueno, basta señores, estamos en una nota”. “Acordate de censurar todo”, pide el cantante. A dos décadas de la edición de su primer disco, el grupo que le puso funk rock a Rosario en los años 90 acaba de editar el EP “La hora del postre”, una suerte de anticipo de lo que será su próximo álbum, y lo presentarán esta noche, a las 22, en el teatro Vorterix, Salta y Cafferata.
  Tato Vega (voz), Piturro Benassi (guitarras y coros), Hernán Benegas (bajo y coros) y Francisco Pesado (batería, samples y teclados) volvieron al ruedo después de seis años de ausencia en diciembre pasado, cuando regresaron a Rosario (todos viven en el exterior) para dar un puñado de shows en los que repasaron sus dos discos (de 1995 y 1997) con clásicos como “Fuckin’ Laurita”, “Un chicano en Nueva York” y “McNamara”. Sin embargo, lo que parecía sólo una divertida reunión de fin de año se transformó con el paso de los días en un proyecto más firme y a largo plazo, con canciones nuevas y el plan de grabar un álbum.
  “La hora del postre” se editó en formato digital en iTunes y Spotify. Tiene cuatro canciones (“Chicas on fire”, “Polvo estelar”, “La hora del postre” y “Los anillos”) que llevan el sello inconfundible de los Shocklenders: rítmicas, pegadizas, con mucho groove. “Polvo estelar” podría ser un hit (si este mundo fuera un lugar un poco más copado) y “Los anillos” abre con una hermosa melodía y explota en los arreglos de vientos. En unas semanas el grupo va a sacar un CD con los temas del EP y bonus tracks en vivo, además de un DVD con un show grabado en McNamara.
  “En el EP retomamos la esencia de la banda de los 90. Lo compusimos espontáneamente”, contó Piturro Benassi. “Fue una prueba piloto y funcionó. Ahora queremos grabar un disco para proyectarnos fuera de Rosario. Tenemos muchas ganas de continuar”, dijo el guitarrista. “Confiamos mucho en el laburo de Fran (Pesado) en la mezcla y posproducción”, agregó Tato Vega. “Estamos muy orgullosos de que el EP suene así. Este es un tren y todos vamos atrás de Francisco. Nos da seguridad”, dijo entre risas. El baterista aclaró que “el EP se grabó prácticamente en vivo, bien en caliente. Y está mezclado en analógico, por eso suena distinto a la mayoría de la bandas, que mezclan en digital. La mezcla es más bien simple, no está tan recargado como la música que uno escucha ahora”, explicó.
  En el tema “La era del postre” Tato grita al final: “¡Mundo de postre! ¡Gobiernos de postre!”, en una cruza de ironía y metáfora. “El postre significa que la gente se toma todo demasiado en serio. La gente trata de analizar el mundo cuando todo es muy efímero y estamos de paso. No vale la pena perder el tiempo en enfocarse tanto en el tema de la política, porque eso es un trámite”, dice el cantante, mientras los otros se ríen y bromean: “El tema habla de la cocaína”, y uno grita: “No, pará, eso es demasiado chabacano”. “La canción dice que todo es una mentira, una farsa”, agregó Piturro, y Francisco remató entre más risas: “La letra se hizo en cinco segundos y ahora la queremos explicar en diez minutos”.
  
Química y diferencias. Los Shocklenders componen en conjunto en la sala de ensayo. “Nunca nadie dijo: «che, traje un tema». Y después nos olvidamos cómo fueron surgiendo las canciones”, reveló el batero. “No tenemos esa guerra de egos de decir «esta parte la compuse yo». Y por eso seguimos teniendo química”, acotó Tato. En la banda hay nuevas influencias, pero todos tienen gustos musicales diferentes. A Hernán Benegas le fascina Arcade Fire. A Piturro le gustan Rat Attack, Queens Of The Stone Age, Jack White y los belgas de Dirty Fingers (“más durito”, aclara). A Tato también le gusta Rat Attack y una banda rusa de pop que se llama Pompeya (“que según ellos es muy gay”, dice). Al único que no le va nada nuevo es a Francisco. El sigue escuchando a Kool & The Gang, Electric Light Orchestra y Quincy Jones.
  Desde ese eclecticismo, los Shocklenders no se sienten identificados con ninguna banda argentina ni de afuera. “Somos la familia Addams”, asegura Tato. “Somos muy diferentes entre sí. Pero en la música tenemos una armonía que es única, y eso es lo que nos mantiene juntos. Somos frescos, las cosas nos salen rápido, trabajamos muy en equipo. Todos decimos que sí para aceptar al otro y así las cosas fluyen más. Tenemos chispazos mínimos en comparación con otras épocas”, puntualizó.
  ¿Esa armonía tiene que ver con la edad, con madurar? “¡Ya no tenemos tiempo!”, dicen a coro y entre risas. “Aparte pagamos la sala de ensayo por hora, no podemos ponernos a discutir!”, dijo Francisco. “Estamos disfrutando de algo que antes tal vez no tenía tanto valor para nosotros”, agregó Piturro. Nos cuesta estar juntos porque vivimos en diferentes partes del mundo. Y cuando nos juntamos tratamos de que las diferencias y esas boludeces no sean protagonistas”, reconoció.
  Hernán y Piturro están radicados en Barcelona desde hace mucho tiempo. Pero en el resto de la banda se están generando movimientos. Francisco, que vivió durante siete años en México, hace dos semanas se instaló en Rosario. “Me estoy mudando por cuestiones personales”, dijo en un tono enigmático. “Chicas preparensé —susurran los otros entre risas— el lobo anda suelto”. “Alguien le dijo una vez a Francisco: «Sos más lindo que Di Caprio arriba de una Harley»”, comentó Hernán, entre más bullicio y carcajadas.
  Tato, por su parte, también está pensando en dejar Miami. “Tengo mis cosas allá, mi camioneta con todos mis instrumentos”, contó. “Pero ahora vuelvo por un mes y después me voy, porque no soporto más Miami. Me parece una basura. En Miami hice de todo. Pagué el hecho de no haber trabajado nunca en mi vida trabajando en Miami”, dijo con una sonrisa. El cantante, que tocó en la banda de Manu Chao a principios de los 2000, se quedará un tiempo más en Estados Unidos y después verá. Hay planes para ir con la banda a tocar a Europa e incluso instalarse allí, pero todavía no hay nada definido.
  
“Pescadito fresco”. El presente es tocar hoy en Vorterix y después dar también algunos shows sorpresa. “El regreso del año pasado fue alucinante”, recordó Hernán. “Había un montón de seguidores”. “Y seguidoras”, interrumpió Piturro. “Hernán se casó con una —agregó el guitarrista—. Bah, no se casó pero le pusieron un collar con una chapita”, disparó entre risas. “Y sí, yo soy de cuidado, me escapo mucho”, admitió el bajista.
  En su vuelta, los músicos encontraron en Rosario una escena muy distinta a la de los 90. “Ahora se escuchan más de dos vientos y no desafinan. En los 90 conseguir vientos que afinen era imposible”, dijo Piturro. Francisco, en cambio, tiene otra opinión: “Ahora se toca menos y se toca peor”, afirmó.
  “Uno como músico tiene el deber de estar moviéndose”, dijo Tato. “Si yo vivo en una ciudad y toco una vez al mes ya cansa. Como músico tenés que ser el pescadito fresco, si te quedás siempre en un mismo lugar el pescadito empieza a oler a podrido. Nadie puede pretender, por más que seas Mozart o Beethoven, no cansar si tocás siempre en un mismo lugar. El que quiere vivir de la música tiene que girar y recorrer”, aseveró.
  
Rockeros vintage. Los Shocklenders no quieren revelar su edad. “Estamos entre los 40 y los 50. No somos viejos, somos vintage”, dice Piturro con sonrisa cómplice. ¿Qué los motiva ahora a subir a un escenario a rockear? “Nos encanta tocar, es lo que más nos gusta”, afirmó Fran. “En (la película) «Historias de Nueva York» el personaje de Nick Nolte dice: «el verdadero artista es aquel que no puede escapar». Y es así, no podés escapar”, explicó por su lado Hernán.
  El bajista tiene una hija de diez años y es el único en la banda que es padre. ¿Eso cambia las perspectivas de la vida rockera? “No, es exactamente lo mismo”, responde Hernán. “Nada más que tenés que ponerte las pilas para ganar más guita”, agregó entre las risas generales. “Mi hija está orgullosa de la banda, lleva los discos a la escuela y se los muestra a los compañeritos. También opina sobre las canciones: ahora está fascinada con «Polvo estelar». Ella es el filtro real”, aseguró.
  
un movidón. Los integrantes del grupo exponen sus cortocircuitos durante la nota sin problemas, pero todos coinciden en una cosa: quieren que los Shocklenders tengan continuidad. “La diferencia entre esta banda y nuestros proyectos individuales es que yo nunca estuve en un grupo de gente como este, que fuera tan para adelante. Los cuatro estamos metidos en el proyecto”, señaló Tato. “A veces queremos hacer demasiado y chocamos por la cantidad de ganas que tenemos de hacer. No es fácil de manejar. En algunos grupos hay dos que tienen entusiasmo y otros dos que están tirando pálidas. Acá, en cambio, son cuatro caballos que van a 15 mil kilómetros por hora”, dijo contundente.
  “Con el tiempo nos fuimos dando cuenta de que estamos cada vez más manija con la banda. Y ahora estamos a full. Además nos queremos mucho”, añadió Hernán. “Somos cuatro personas que estamos dejando muchas cosas de lado para apostar a este proyecto”, remarcó Piturro. “Tenemos nuestra vida hecha, y en distintos lugares, y dejar todo para meterse en un proyecto es un orgullo. Estamos poniendo tiempo y dinero, es un movidón. Pero cualquier persona lúcida te va a decir que quiere invertir en algo que la haga feliz. Y a nosotros esto nos hace feliz”, aseguró.

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