Escenario

Los rosarinos de La Barca protagonizan un festival en Chile

El grupo con 25 años de carrera, que es un referente local del rock progresivo, será parte esta semana de un encuentro internacional

Domingo 22 de Noviembre de 2020

El sello musical de Chile Mylodon Records organiza, el 27 y 28 de noviembre, la novena edición del prestigioso festival Santiago Art Rock (SAR), dedicado puntualmente al estilo rock progresivo. En esta edición virtual, que se podrá ver gratis y con libre acceso desde el canal de YouTube del sello, participan 13 bandas entre los dos días, destacándose el carácter internacional del evento, que en esta oportunidad reunirá a agrupaciones progresivas de México, España, Perú, Argentina, Brasil y Chile. Representando a nuestro país estará la banda rosarina La Barca.

Corrían los años noventa cuando el género progresivo resistía un casi anonimato en Argentina, surfeando entre nuevos sonidos vinculados al rock argentino, destacados discos de artistas consagrados, y el rock de estadios con eje en lo que se catalogó como barrial, empezando a desarrollarse masivamente.

Sin embargo, un grupo de músicos locales decide seguir la tradición iniciada por la mítica banda Pablo El Enterrador y forman La Barca. De hecho, comparten puntos en común con la que, sin duda, es la referente del género en Rosario, y ejemplo en el mundo. El baterista y fundador Ronald Boettner le cuenta a Escenario que en los comienzos compartían sala con Pablo El Enterrador y poco después de la fundación, hasta hoy, tienen el mismo cantante: el inmaculado José María Blanc.

“Sin duda Pablo es el referente y José María Blanc es el cantante de La Barca y de Pablo. Muchos integrantes de La Barca han sido invitados a tocar con Pablo y, en los comienzos, ensayábamos en el mismo espacio”, relata Ronald. Esos comienzos a los que refiere se remontan a la zona oeste de la ciudad: “Era una casa y la sala de ensayo estaba dentro de un galpón que tenía el Turco Antún al lado de su casa. Quedaba en la cortada Marcos Paz _la cortada más larga de Rosario_ y Paraná, entre Mendoza y San Juan” detalla.

Esos caminos en común, al comienzo de La Barca, se revelan hasta hoy, cuando explica que “luego, cuando falleció Antún, pasamos a ensayar en la casa de José María, donde también ensaya Pablo, la versión actual. Es como que todo el tiempo vamos medio de la mano”, reflexiona.

El género en el que se especializan tiene una buena tradición en el rock argentino. Exponentes como Crucis, Alas o La Máquina de Hacer Pájaros, por señalar sólo algunas de las que enumera, marcaron un camino hasta hoy. Y en la ciudad de Rosario podemos mencionar también a Láquesis, La Gota y Danae, dentro de un panorama que exige lugares para tocar que no se adaptan a pequeños espacios.

“Pablo y nosotros somos lo que más tiempo hemos estado. La Gota sí es una banda que hace mucho que está, y Láquesis creo que se separaron, pero no era una banda de muchos años. Danae es otra de las que más tiempo hace que están en el escenario sinfónico progresivo. Con estilos diferentes, pero dentro de lo mismo” explica, y luego añade: “Habitualmente tocamos en teatros, además del Anfiteatro y el Monumento, lugares abiertos, ese tipo de lugares. Somos una banda de espacios grandes. Muy difícil que nos vean tocar en un barcito, primero porque no entramos. Lo que llevamos de equipos e instrumentos es muy complejo hacerlo en un lugar chico. Pero tratamos de respetar siempre la escena nuestra, eso lo mantenemos, porque tiene que ver con el tipo de música que hacemos, y el sonido que logramos en vivo”.

—A lo largo de todos estos años, ¿La Barca pasó por muchos cambios de integrantes?

—La primera vez que tocamos fue en un bar de la calle Laprida entre Córdoba y Rioja. En teclados estaba Analía Figueredo y en voz Silvana Arceo. De los originales estaban Daniel D’Andrea en guitarra y yo. Los otros se cambiaron todos en poco tiempo, y hoy de los más antiguos están José María Blanc, Jorge Urquilla y Mario Ramos, y la novedad es el bajista, Sergio Turi. Y sí, han ido cambiando integrantes en el tiempo, y siempre el objetivo fue crear, tocar, hacer cosas y seguir para adelante. Yo soy el benjamín de la banda, y tengo más de cincuenta años. Me acuerdo de Pablo Padín, el cantante de Dios Salve a la Reina. Fue uno de los tecladistas y segunda voz de la banda. Y ya había empezado con lo de Queen. Un día con un ex bajista le dijimos «dale adelante con lo de Dios Salve a la Reina que te va a ir bárbaro, lo hacen muy bien. Si querés seguir tocando con nosotros no hay problema, pero no vas a ver un mango». Porque nosotros somos la típica banda con poca difusión, que tiene que subir al escenario a convencer.

—¿Hay un circuito del género latente en todo el mundo?

 —Sí, parte de este material que nosotros mandamos a Chile también lo mandamos al festival Buenos Aires Prog, que es un festival que también se hace en noviembre, y vamos a participar. Hay un circuito, pero no somos la música que más se difunde en radios o medios en general, porque no es la música que hoy por hoy más se consume. Hay muchas bandas, de gente grande, pero también hay muchos pibes que lo empiezan a descubrir. Nosotros somos de una generación que se nutrió de bandas espectaculares: Queen, Pink Floyd, Deep Purple, Jethro Tull, Génesis y Yes, más todas las bandas nacionales como Alma y Vida, Vox Dei, La Máquina de Hacer Pájaros, Crucis y Alas. Había muchas bandas que tenían mucha difusión y mucha gente las consumía, era común. Ahora pasó a ser un nicho. Las grabadoras, al ver que no se venden CDs, ven que el negocio son shows en vivos, entonces apuestan a artistas que son de duración medio efímera, en muchos casos. Pero en los grandes shows del mundo siguen estando estas bandas. Roger Waters y tantos otros son parte de la época dorada del rock internacional y hoy siguen llenando estadios. Son todos músicos de 70 años para arriba, y siguen estando en primera línea.

—¿Y siguen saliendo bandas nuevas del estilo?

—Las bandas nuevas que hay están aggiornadas a lo actual. No son ni tan sinfónicas ni tan progresivas. Incluso nosotros mismos tratamos de ser también así, de no cerrarnos, y tratar de darle sonidos mucho más modernos, y hacerlo que sea más digerible para las generaciones más nuevas.

—¿Cuán cierto es que el material del rock progresivo argentino tiene más repercusión en el exterior que acá?

—Nosotros a los discos los vendemos a través de una empresa de Buenos Aires (Viajero Inmóvil Records) que vende afuera. Se vende, pero hoy como está todo en las plataformas, la venta no resulta tan fácil. Hay muchas bandas que venden más afuera que en Argentina. Porque hay gente que lo físico lo quiere tener. Por ahí te sorprendés. Una vez, en Buenos Aires, entré a la disquería Discovery y me dicen que recién estaban viendo un comentario de nuestro disco en Japón, y me lo muestran. Estaba todo escrito en japonés, así que no sé lo que decía (risas). Son cosas que les pasan a todas las bandas del estilo, y te sorprende, porque físicamente no salimos nunca de Rosario, ni siquiera fuimos a Buenos Aires.

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