Escenario

Los periodistas celebraron con un karaoke loco en el Splendor Savoy

En el agasajo que organizó Press Group, la agencia de Paola Brussa, la flor y nata de la prensa rosarina mostró que, además de dar cuenta de la actualidad, también puede cantar. Hubo fracasos estrepitosos y éxitos inesperados: el mayor, el más sorpresivo, lo dio uno de los periodistas de Escenario de La Capital que se fue aplaudido y con un apodo: "La Voz".

Viernes 10 de Junio de 2011

Funciona como la Ley de Murphy pero a la inversa. No puede fallar. Una fiesta con karaoke es siempre un éxito. Así lo asegura el saber popular, ése que fue cimentado a lo largo de años y años y años por cantantes frustrados que, después de tomar una copa de más, cumplen el sueño de subir al escenario y cantar su tema preferido. Más que les pese al público ocasional, parientes, amigos, colegas, no importa, lo que importa es que estén tan entonados como el cantante, porque sino el sueño puede terminar en pesadilla.

Pero el saber popular no puede con la Ley de Murphy, que reza, sabiamente, que no importa de qué se trate "si puede fallar va a fallar". Y eso fue lo que pasó en el agasajo que ofreció Press Group para el Día del Periodista. La organización fue perfecta, claro están, tan perfecta como cada proyecto que pone en marcha el alma matter de la agencia, la siempre encantadora Paola Brussa, a quien, mal que le pese a sus colegas, le basta una mirada, una sonrisa, un imperceptible mohín para conseguir la cuenta más preciada.

En un animado after office en los bajos del hotel Splendor Savoy, hubo un catering generoso, que cuando los inviados son periodistas nunca es suficiente, más si entre los asistentes se cuenta Angelito Granato que, pese a los consejos médicos, sigue siendo el Rey del Canapé. El otrora movilero estrella de Canal 5 hoy conductor estrella de Cablehogar, por llegar primero a una bandeja de bruschetas de riquísimo jamón, como las que se sirivieron durante el festejo, es capaz de terminar estrellado. Contra su propia ansia.

Su andar decidido, pesado, brutal, hizo que sus más serios competidores el "audaz" Ariel Bulsicco y el crítico de espectáculos Pedro Squillaci, de pluma elegante y apetito voraz, se hicieron a un lado para dejarlo pasar. Y eso que, si fuera por ellos, se hubieran lanzado de cabeza a los bocaditos. Lo dejaron pasar, como los hubiera sorprendido en plena sabana africana una estampida de elefantes. Hasta Leo Ricciardino se sorprendió, y eso que él, a la hora de la comida no tiene reparos, ni prejuicios y mucho menos temores.

Va al frente, como Anita Martínez, que desde que se enteró que los ejecutivos de Canal 5 la quieren para que conduzca la segunda mañana, está enloquecida. Tanto que, aunque le hayan prohibido que diga una palabra, sus ojitos no pueden ocultar su felicidad. Cómo será de grande su algarabía que ni bien le propusieron sumarse al karaoke dijo sí, sin importarle quién iba a ser su partenaire ni qué iban a cantar. Pobre, debería haber preguntado antes de aferrarse al micrófono, porque no todos tienen dotes para el canto. Como ella.

Así fue que, sin resistirse ni quejarse, hizo dúo con el conductor del noticiero del mediodía del 5 para cantar “Olvídame y pega la vuelta”, de Pimpinela, con actuación incluida. Al verlos en escena, uno se da cuenta, de inmediato, porque triunfaron en la animación y no en las tablas. ¡Zapatero a tus zapatos! Claro, ellos no se dieron cuenta y arremetieron, sin que nadie se los pidiera, con el hit de Gilda "No me arrepiento de este amor". No los escuchó, si no la mítica cantante de cumbia se hubiera revuelto en la tumba.

Mientras pasaban por el improvisado escenario Florencia Coll, una maravilla cantando covers de Patricia Sosa, Pablo Czentoricky, que insiste en hacerse el gracioso cuando con ser él mismo le basta y le sobra para que la gente estalle en carcajadas, y Lalo Martínez, del portal Rosario Express, aquí, allá y en todas partes los más tímidos daba cuenta con las vituallas que incasablemente los mozos servían una y otra vez. Nadie se inmutó por los berridos que de tanto en tanto atronaban los bafles. Hasta que él, "La Voz", pidió pista.

Se sacudió el pelo, se acomodó el saco, quebró la muñeca para darle al micrófono la inclinación justa, exacta para que su voz se prodigue a gusto. Cantó "Mil horas", el clásico de Los Abuelos, y el público deliró. El aplauso intenso lo animó a dar un pasó más y arremetió con otro emblema del rock nacional, "Inconciente colectivo", de Charly García. Su interpretación precisa, delicada, dejó sin palabras hasta a su jefe en Escenario, José Cavazza, que por un momento temió perderlo. Y al final remató con su preferido, "Mariposa Tecnicolor", de Fito Páez.

Mr. Murphy tenía razón, si podía fallar iba a fallar. Y ni el karaoke pudo con el entusiasmo dePedro Squillaci, quien de ahora en más será apodado aquí, allá y en todas partes "La Voz".

 


 

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