ESCENARIO

Los Palmeras brillaron en el Anfiteatro como "la gran bestia pop"

Con entradas agotadas, 1.400 personas vibraron durante una hora y media con los clásicos del grupo de cumbia santafesina. Hoy repiten, con muy pocas localidades disponibles.

Lunes 08 de Febrero de 2021

Con un clima ideal para disfrutar de música en vivo al aire libre, Los Palmeras este domingo por la noche dieron un show enorme en el anfiteatro municipal. Un domingo atrapado en la calidez del verano, presentó un parque Urquiza esplendido, poblado de familias y grupos de amigos que buscaban calmar la incertidumbre y tener una situación cercana a la vida que se vivió hace apenas un año atrás.

Rigurosos protocolos en los ingresos previstos por la pandemia de coronavirus, cantidad enorme de personal dispuesto para que todo salga como se necesita en estos días, ayudan a que el público tome conciencia de que entre todos y todas se pueden organizar espectáculos de esta magnitud.

Abrió la jornada La Esencia de la Cumbia, banda local que con un lugar casi al 100%, prepara al público para el acto final. Gran nivel. Hay ansiedad, y se nota. El público al instante revela que está dispuesto a ser cómplice de los artistas. Aplausos, coros, gritos constantes. Siempre, cada persona sentada en su ubicación, apenas moviéndose en su silla y dentro de su espacio. De todo el cuerpo, son los brazos y las cabezas quienes van a protagonizar toda la noche las órdenes que dicta el corazón y la pasión que potencia la música.

Los Palmeras en el Anfiteatro de Rosario

Termina la apertura y se escucha de hija a madre: “No puedo creer que después de un año de cuarentena, estamos en un recital”. Al momento alguien grita “poné música para bailar”, aunque no se baile. Y antes de que aparezcan en escena Los Palmeras, el periodista Juan Junco oficia de presentador. Pregunta ¿cuánto hace que no ven un show en vivo? y automáticamente con un rol de entretenedor serial, le llega a la gente. Una manera acertada de ordenar el tema del protocolo, uso de barbijos, respetar la burbuja, para que salga todo bien y “hacer el aguante a todos los trabajadores”, dice.

Noche de pícnic en el parque Urquiza

Afuera, está inundado de vendedores. Estos conciertos, en estos espacios, no solo activan el universo exclusivo de la música (luces, sonido, etc) sino también las micro economías que se componen del afluente de gente que circula por la zona. Porque es cierto, la fecha estaba agotada. Pero en los alrededores, los pícnic y situaciones similares, duplicaban o aún más las almas que llenaron el anfiteatro.

Suben los músicos a escena, un leve ‘olé olé olé, Cacho Cacho’, se escucha desde el público. Sin duda, Rubén ‘Cacho Deicas’, el dueño de la voz de Los Palmeras, es quien se lleva todas las miradas. Es complejo describir lo que sucede. Porque ni él, ni el fundador de la banda, Marcos Camino, toman la palabra en algún momento del show. Ni buenas noches, ni gracias, ni chau.

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Los Palmeras no necesitan una escenografía imponente. El escenario se plantea con luces no demasiados complejas, y una pantalla que proyecta, con diseño básico, el nombre de la banda, algunos colores e imágenes de los duetos que grabaron con otros artistas hace muy poco. Los músicos no revisten movimientos ampulosos, ni comentarios alusivos a la fecha. Directamente no hablan, ni bailan. Apenas levantan las manos saludando cuando alguien les grita, y sonríen cuando se encienden las luces. Solo tocan.

El poder es de las canciones. El protagonismo que tiene Cacho Deicas, se lo debe a su voz y a las canciones. No hace nada extra para ser "el líder de la banda". Resulta curioso, en un mundo del espectáculo donde la demagogia ocupa la primera plana como elemento seductor de masas.

Un tsunami de ritmo tropical

La catarata de temas es abrumadora. Los cuerpos comienzan a recibir estímulos, el acordeón de Camino dispara melodías que levantarían cementerios enteros, sin embargo, siguen ahí, sentados. Moviéndose en su lugar, espacio y con los suyos. A pesar de ese impedimento del roce entre cuerpos deseosos de baile feroz, la gente está desaforada, disfrutando de una banda que suena impecable, y tiene un repertorio descollante.

"La Cola", "Perra", "La Chola", entre los primeros. Se adivina que no será un show de casamiento, ni de los gratuitos, o de esos que forman parte de una maratón de conciertos. Están dispuestos, y las ganas que se siente en el público, se refleja en la banda. En "El más popular" y "Olvídala", Deicas muestra sus dotes de cantor, con oficio, y una voz que no se quiebra y se mantiene intacta. Con "Aprenderás a llorar" la tribuna explota, y no iba ni un cuarto de show. Pero siguen en sus asientos.

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El locutor indeleble en la banda, José Salinas, tiene mucho que ver en esto. Constantemente cada vez que le toca animar, recuerda que hay que quedarse sentados. Se arman coreografías en las sillas, y en la próxima entrada va a decir “no sé imaginan la energía que llega”; porque era eso el anfiteatro, un polo energético al ritmo de la cumbia santafesina. Intuyendo que los estímulos eran cada vez más fuertes, anuncia: “Vamos a bailar cada uno sentadito” y lanzan "Cumbia sobre el mar".

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Luego invitan a Sofía Crespo, de grupo local Los Peñaloza, para hacer "Amor", una de Los auténticos decadentes, que no iba a ser la única banda vinculada al rock argentino que iban a versionar. También hicieron ‘Como Alí’ de Los Piojos, y por supuesto, "La bestia Pop", de los Redondos.

Un show de cumbia redondo

"El bombón asesino" tampoco hace que la gente se levante de sus asientos. "Así es que vivo yo", "Asesina", "El embrujo", también son de la partida entre otras. Es impresionante lo que se vive. Una contención total, y a la vez, un disfrute extremo. Es con "La suavecita" que los cuerpos no aguantan y se paran, pero no se salen de sus espacios, y se vuelven a sentar apenas termina. Algo similar pasa con ‘"Yo soy sabalero" y la canción final, "Doble vida". Ahora sí, mientras desarman y la gente pide otra, Cacho Deicas camina el escenario saludando al público.

Aquella gran bestia pop de la que habla la canción, dice que antes que cuente diez, dormirá. Pero esta gran bestia pop santafesina, cuenta con casi 50 años de carrera. Lejos de dormir, está bien despierta y hace feliz a mucha gente.

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